jueves, 24 de julio de 2008

El tipo que canta

"Hoy tocan Jazz en aquel bar
donde no pude soportar
la quemadura que en mi boca hizo una verdad"

- La primera vez que lo vi sonreír, me pareció que tenía la sonrisa de un tipo difícil, sabés a lo que me refiero, de esos tipos complicados con los que después tenés más dolores de cabeza que navidades. Pero bueno, aún así la sonrisa era divina, cautivadora, ya sabés cuánto me atrajeron siempre los complicados.
La otra la mira sobre el borde del vaso, lo apoya sobre la mesa y se acomoda en la silla sin decir palabra, esperando el resto del relato que prometía ser, como siempre en esos casos, una descripción minuciosa y enérgica.
- Y esa voz... cantaba, canta, tan bien, lástima no pude quedarme después para decirle algo... aunque no hubiera sabido qué decirle. Esa manía de imitar los vientos con la voz... ah, me enloquecía, y los movimientos compulsos cuando sigue el ritmo de la música. No miraba nunca un lugar fijo, ni siquiera a alguna persona de las que allí estaban; cada tanto algún comentario a algún conocido, un guiño de ojo a la banda, pero nada más, pura concentración de ojos cerrados. Unos ojos casi sin pestañas, que abiertos eran dos puntitos negros brillando bajo la luz tenue del sótano. Cerrados, las pestañas cortitas dibujaban una línea casi recta al final de los párpados, que en varias canciones se mantenían cerrados por largo rato.
- Pero no me digas que todo esto lo sacaste de verlo el otro día en el toque...
- ¡Claro! ¿cuándo más? No te voy a decir que me enamoré pero...
- Pero sí, conociéndote...
Sin ánimos de retrucar tal afirmación, toma un sorbo de su bebida y continúa lo que parece ser un interminable relato de todas sus observaciones.
- Y esa barba de algunos días... en principio parecía nomás una suciedad en la cara, pero a contraluz... ¡ay! a contraluz era más un detalle sexy, cautivador, que invitaba a una caricia a pesar de las alergias y las cosquillas.
Su amiga pone los ojos en blanco y sonríe, resignada al hecho de que su interlocutora seguirá con las descripciones febriles.
- Qué más decirte, que esa pequeña porción de noche en este sótano fue solo eso, yo mirando al tipo que canta, imaginándolo en cualquier otro lado menos rodeado de paredes de piedra y minitas cool.
- Pero ¿era de esa onda...?
- No. Incluso creo que está casado, al menos luce sin vergüenza un anillo, por lo que pude ver...
- Como si el resto fuera poco...
Callan. El sótano esa noche espera música tranqui y ellas están nomás de paso para tomar algo.
- Yo no sé por qué me seguís dando pelota y esuchando estas cosas.
- Porque soy tu amiga, capaz.
- Sí, pero no lo hacés como una obligación, es como si lo disfrutaras a pesar de que siempre es lo mismo.
La otra la mira con algo de vergüenza, como si hubiera sido descubierta.
- Capaz porque está bueno lo que contás, no sé, historias que nunca son pero que vos vivís como lo más carnal y apasionado del mundo.
- No me queda otra...
- Tenés un amor en cada bar.
- Y vos uno en cada puerto, no te podés quejar...

domingo, 20 de julio de 2008

Retrato de un inmortal (parte I)

El Negro pasa el mate, amarguísimo, con espumita, delicioso, como siempre que se ocupa de la ronda. Tiene los dedos un poco ásperos por el trabajo pero la sonrisa firme y atenta al definir las vueltas, las cebadas pacientes que procuran conservar la compostura del brebaje.
El Negro solía ser algo tímido. Digo solía porque todos debemos saber de alguien que nos parecía tímido pero al conocerlo mejor nos damos cuenta de que solo era apariencia. Y las apariencias con él se han ido sorteando con los años.
Hace una pausa, apoya el mate en el termo y escucha atento a quien tiene la palabra en la ronda. Vuelve a su humilde rol de cebador.
El Negro es de esas personas amables y compañeras, que siempre están pensando en detalles que a otros pueden pasarles desapercibidos. Siempre se ofrece para dar una mano, siempre de voluntario para algo, siempre promete hasta lo que duda en poder cumplir, mientras sea para ayudar a otro.
Y se manda macanas, como todos, se desubica con sus expresiones de barrio, sus comentarios de calle, sus malas palabras. Queda pegado, no pierde ocasión de quedar pegado.
Y ahora, mientras me pasa otra vez el mate y le sonrío en vez de decir gracias (si se dice 'gracias' significa que ya no querés tomar más), lo veo con sus manos sacrificadas, su boca ancha y sus cejas extrañamente pobladas, lo veo casi a través del tiempo, comprendiendo con cada sorbo exquisitamente amargo del mate, cayendo en la cuenta de esa era de inmortalidad que hemos tenido hace unos años; todos nosotros.
Y aunque esa especie de escudo contra el mundo pasó de largo y nos dejó nada más que rutina, días y horarios apretados y poco tiempo para lo que verdaderamente importa, queda una estela del ser inmortales en el mate del Negro, en los ojos de cada persona en la ronda que espera su turno para hablar, que comparte codazos y risitas sofocadas y miradas que dicen más que cualquier palabra.
Quizás después de todo seamos algo inmortales todavía.

martes, 15 de julio de 2008

Mutis por el foro

No hay hombres a los que hacerle poemas. No importa. No hay ciudad que me acueste en sus letras. No importa. No hay canciones ya que me calmen, ni teléfonos sonando, ni gramitos de memoria para nimiedades cotidianas. ¿No importa?
Esta tregua que nos da el invierno sirve para que todo huela más a vacaciones, unas vacaciones que no tengo. Aún así, respiro el sol que entibia mi ropa las pocas horas que puedo alejarme de casa rumbo al sur, para que, durante el viaje, me deshabite la culpa y la radio me ocupe los rincones. Pero una radio llena de música y extravagancias. No tengo noticias del mundo.
No importa.
Y como estoy aislada, estresada, dolida, shockeada, conmovida, perdida, anestesiada, enloquecida, confundida.... y muchos etcéteras, no tengo mucho para escribir.
Por ahora me salvan esos viajes que planeamos, las huidas caprichosas con desconocidos y los futuros encuentros.




si quieren, pasen por acá

sábado, 5 de julio de 2008

Como vos...

.


¿Puedo usar tus pinturitas? Porque yo quiero ser artista como vos...

Sabrina (4 años)


miércoles, 2 de julio de 2008

Anónima

El invierno se llena de pronósticos. Es la estación donde una voz a la mañana puede alegrarnos o arruinarnos el día. Pero en estos días me parece que los pronósticos no solo fueran importantes para el estado del tiempo, para acordarme de llevar paraguas por si llueve o decidir entre un ligero abrigo y campera-gorro-bufanda.
Hay que andarse con cuidado, no sé decidir si los pronósticos determinarán en algo o no mi vida. Ese es el gran dilema. Puede que los pronósticos ayuden en las decisiones, pero no sé si en verdad solo hacen eso o determinan el día o los días sucesivos. Cuesta saberlo.
Pronóstico de estas noches: Invariablemente sola con inestabilidades, mejorando hacia las 4 que es cuando pica el sueño.
Pronóstico para cuando hablo con ellas: Soleado, cielo despejado, desmejorando hacia la despedida.
Pronóstico de fin de semana: Tormentoso, con precipitaciones, desmejorando considerablemente hacia el domingo. Temperaturas bajas y viento huracanado.
Pronóstico para el futuro: Densamente nublado.
Y esa certeza de estar siempre "como esperando abril", aunque caminar por Montevideo se parezca más a dar vueltas en círculos que a pasear por la ciudad. Me salvan esta vez las tazas de café y la lectura, que he retomado con un entusiasmo bipolar.
Pero la certeza se disuelve por ríos de cordura, de sentido común, se apiña en las venas de la realidad y me devuelve una imagen distorsionada de mis planes.
La certeza de ser hoy y por siempre anónima.

sábado, 28 de junio de 2008

Olorcito

Inspirado por Jor

Pasás, la mayoría de las veces con la guardia baja, y, quién sabe cuándo, te sorprende ese olorcito. Llega lejano al principio, te da tiempo a pensar que te lo estás imaginando, que es otro de esos recuerdos que te asaltan cuando menos lo esperás, pero no, después se empieza a sentir más cerca y buscás apresurada de dónde proviene.
Capaz te das cuenta de que sale del cuello del que va adelante, sin rumbo en particular, sin más apuro que vos.
No es olor a perfume, es el olor del abrazo, el olor rico de buena gente o, en el peor de los casos, de otro hombre.
Y girás la cabeza, procurás huir, sobrepasarlo, pero la masa informe de gente que tapia la avenida te lo impide y suspirás suspirás suspirás, mirás hacia arriba, más que siempre. Suspirás un suspiro que no pensabas que tenías.

"Mujeres que quizás / hoy no puedas pagar / cuestionan con sus labios la verdad / de que aún seguimos vivos"

Y no hay otra. El dueño del olor sin perfume se te borra de la cabeza pero el aroma queda prendido, como cuando le das ese abrazo al tipo que te arranca el sueño y él suspira frente a tu reloj de arena.

miércoles, 25 de junio de 2008

Estas tardes de frío.

Agujereo gritos que pintan llagas en mi boca. Porque el tiempo duele cuando pasa de una mano fría a otra, cuando se entrevera entre los pelos sucios de esas niñas en edad escolar que no van a la escuela.
Pero así y todo hay que seguir levantándose a una hora decorosa, hacer los mandados, ordenar lo ordenable, cumplir con exigencias domésticas e irse uno mismo domesticando, que de eso se trata la vida, cumplir horarios de clases y dejar tiempo para que luego no nos reclamen los amigos. Hay que hacer un par de llamados telefónicos al mes, revisar el gallito, evaluar las consecuencias de las peleas, las reconciliaciones y la lista de gente a quienes ignorar. Hay que escribr, escribir, tratar de anotar cada idea que viene porque así de frágil se va y se pierde y quién sabe si no la encuentra alguien por ahí y comete malapraxis. Hay que fotografiar cada viaje en ómnibus, cada clase monótona, cada caminata de punta a punta de dieciocho, cada viejito sentado en la plaza, cada paloma y cada bichicome.
Pero de todas formas el viento volará los cartones, despeinará lo indespeinable, matará de hambre y frío a los pobladores de debajo de los puentes.
Cada calle rumiará para sus adentros su mayor o menor desdicha, pero todas serán testigos de una vida encartonada y sola.
Pero así y todo hay que seguir escuchando absurdas propuestas en la tele, sabelotodos en las radios. A veces pienso que me salvan los balcones dentro de los que imagino mi vida a mi manera. Y a veces nada más me dan ganas de acompañarlas hasta la puerta de la escuela.

martes, 17 de junio de 2008

Manías

En clase las mesas son grandes y con una superficie blanca con tramas originalísimas de rayas, producto de los sucesivos cortes con trincheta que propician los alumnos sobre ellas.
Siempre me han parecido un lugar sumamente cómodo para trabajar y piezas codiciadas para mi inventario personal.
A través de estos tres años, he descubierto una manía que tengo con respecto a las mesas de clase. Siempre hago un despliegue excepcional de objetos, independientemente del uso que pueda darles para la asignatura concreta.
Hoy me detuve a pensarlo y contemplé a mi alrededor. En mi correspondiente "sector" de la mesa -en esa clase la compartíamos entre tres personas- estaban: mi pequeño bolso, abierto y un poco gastado, compañero y cómplice de idas y venidas, de glamour, lluvia y encuentros soñados; una enorme cartuchera, un tanto infantil, que quienes me conocen saben reconocer como mía; la agenda, objeto que alberga más manías (las listas de cosas pendientes, las crónicas de diversos sucesos); mi infaltable y casera libretita ovejanegra; dos revistas freeway, primero de estos objetos que tenía que ver con la clase; "Cartas a mi madre", de Sylvia Plath, libro que leo actualmente con estupor y entusiasmo; un gorrito de pana y unas cuantas impresiones de trabajos para otra clase.
Miro todos los objetos y sonrío. ¡Sufro tanto en las clases teóricas con bancos pequeñísimos!
Eso ahí en la mesa soy yo hoy, eso allí es mi estado de ánimo, mi pequeño mundo, mi historia, mi vida, de cierta forma.
Alguna persona observadora sería capaz de aprender y saber muchas cosas sobre mí estudiando esta maniática costumbre de desparramar mi ser en las mesas de la universidad. Imagino a alguno de los que me conoce sonriendo al figurarse que esto es fácilmente comprobable.

martes, 10 de junio de 2008

En la escuela

En la escuela
él era gordo
y yo fea.

Los piratas de la luz
esconden las alfombras
bajo las que uno siempre
barre
el polvo.

Los piratas de la luz
hacen un poco de ruido
por la mañana
a falta de gallo
y despertadores.

Esa costumbre de desván
me desolla los ojos.
Las fotos blanquísimas
las caras las túnicas los portones el camino los padres el kiosco.
Los barcos de los piratas
de la luz
me quieren lanzar por la borda.

Tengo una vida
tal vez no es mucho
no se parece
como debiera
a los dibujitos con crayola
pero aunque me falta
un perro fiel
y quisiera más horas
es mía.

Por las noches pongo trampas
para atrapar a los piratas
de la luz
a los fantasmas
de los roperos.
Los busco con ojos prestados
y propios
mientras los hombres saltan
de alma en alma.

Nunca consigo
atraparlos
(¡si supieran de mis buenas intenciones!)

En la escuela
él era gordo
y yo fea.

Mayo 2008

viernes, 6 de junio de 2008

sucesos y recuerdos

Cuando fui más grande, empecé a llegar tarde sola.
Un tarde que en realidad era temprano.
No había cosa más linda que caminar al amanecer por esa calle que de noche me aterraba tanto. No había cosa más linda que sentir el frío de la mañana recién consumada, sabiendo que pronto estaría en la cama, durmiendo al son de los primeros pajaritos.
Y los tacos, los ruidos de mis tacos retumbando en todo el barrio, reproduciendo el sonido de la libertad y el secreto de mi llegada.
Esas mañanas eran las más disfrutables. Eso de empezar la mañana sabiendo que esperaba el sueño me daba un placer irrevocable y de cuento.

"...tengo veinte años incumpliéndose en la esquina
la madrugada fría
acorralando el trote del desvelo..."

---------------------------------------------------------

Fue como la película 'Amelie'. De a ratos me partía de la risa, de a ratos lloraba como una tarada y al segundo siguiente volvía a descostillarme. Pero lloré, sí, como una tonta, con la intruducción a 'Recuerdo' y durante toda la canción. Me contuve en 'A las madres de mayo', 'Zamba del emigrante' y tantas otras, solo porque quería cantar.
Y lo tenía ahí, casi para tocarlo.
Es bueno saber que aún quedan quienes le canten a todas esas cosas que una quiere, con las que sueña o que tal vez le sucedieron. Es bueno saber que alguien desde detalles simples puede hacerte el día, hacer que te sientas la persona más afortunada del mundo.
La música me envuelve, lloro, río, amèlie, ismael, lloro, recuerdo, río, un muerto encierras, río más, javier bergia, reflejos perdidos, lloro un poco, caperucita, ismael que ríe, canta, sueña con nosotros, la cigarra, otra, otra, otra...
Y el vértigo que cierra la noche en que me es casi imposible pegar un ojo.

Gracias señores Ismael y Rodolfo Serrano, por creer que otro mundo es posible, por regalarle a esta insignificante muchacha un poco de vida en estas tardes muertas.

---------------------------------------------------------

Nuevo blog: La vida en un cassette.
Lado A y Lado B estarán hablando desde diferentes lados de la vida.

lunes, 2 de junio de 2008

Ya sé que no, pero...

Es raro cuando me emociona una canción o un poema sobre una pasión que nunca he sentido. Es un milagro que merece mi humilde reverencia, como dice 'C'.
Hoy escuché 'El tipo de la radio', de Tabaré Cardozo, hacía mil que no la escuchaba y me despertó las mismas sensaciones de la primera vez que la escuché. No me gusta el fútbol y sin embargo esta canción me eriza la piel.

"Estoy ahí
Ya se que no pero yo estoy ahí
Si el tipo de la radio me lo cuenta
Remonto en cada gol una cometa
Ya se que no pero yo estoy ahí..."
completa

Me pasó también hoy (no sé si será el día o qué) con 'La Niebla', el cuplé de Agarrate Catalina. Pero eso creo que le eriza la piel a cualquiera que tenga algún viejito querido cerca, así no sufra ninguna demencia senil, así goce de buena salud... simpre está latente el miedo al olvido y a perderlos en la niebla.

jueves, 29 de mayo de 2008

Hace frío

Ya no quedan tardes de bancos enfrentados ni libros sobre los que bajar la cabeza en los días de lluvia. Extraño esos paseos por 18, sola, con frío, mucho frío besándome la cara a falta de otros besos.
Extraño la calavera del tiempo pulverizada por el verano, las promesas de volver, esas escapadas a aquí y allá, siempre con el bolso en mano y las ganas puestas en la playa, las olas a la derecha, las noches cayendo entre planes, tortas fritas y alguna que otra excursión improvisada.
Extraño las dos o tres llamadas madrugadoras, la poesía venida desde lejos y las reseñas de bares de otros lados hechas para mí, de esas personas hiriendo la calle mientras me desangro en esta ciudad verde agrisada.
Por estos días gélidos pasa que me dan ganas de estar ahí, hablando o en silencio, como más te guste, pero estar ahí sin las náuseas y sin esa cosa de sapo de otro pozo que me da siempre, sin sentirme el centro pero tampoco la rara. A veces, sí, a veces nada más me gustaría ser una más, pero alguien especial contigo...
Quizás por eso no tengo más nada que decir y escribo estas cuestiones sin interés alguno. Pero pasa que no puedo dejar de verme en el pasado, paradita, frágil, al borde del abismo de estos días que vienen.
Y también pasa que hace frío.

martes, 27 de mayo de 2008

tres pájaros de un tiro

Esta es la entrada número 100.
Y aproveché para hacerla justo el día de mi cumpleaños nº 20.
También aproveché para hacerle una lavada de cara al blog.
Espero que les guste. Gracias a los que se pasan siempre por hacer que me den ganas de llegar, al menos, a este punto.
Mis historias, mis desengaños, mis miserias, mi imaginación con cara de niña y de vieja se han jugado todo en este rincón de significados.
Gracias al que se la juega desde su pequeño espacio, desde los comentarios, gracias por colaborar a que cada vez más gente crea que otro mundo es posible.
:)

domingo, 25 de mayo de 2008

Aún hay cuerdas

Los resabios de una náusea adolescente se estrellan contra esta marea inservible de recuerdos. Tengo en las manos nada más que un manojo de posibilidades, casi formulitas de acción para esas situaciones boludas que cada tanto se presentan.
Arriba de aquel bondi interdepartamental no sentí náuseas, pero ahora que revivo las escenas me da algo más que eso. Y ni siquiera era tan adolescente.
Ahora, como entonces, hago listas y listas y listas y me gusta tachar lo hecho, garabatar lo anulado, subrayar lo pendiente. Hago listas.
Con eso me conformo; no salgo a la calle a buscar nuevas aventuras, nada más los puñaditos de letras unas debajo de las otras, esperando ser constatadas, tachadas, borradas, subrayadas.
Capaz en la calle me espera el príncipe, algún amigo de otros tiempos, las voces de los que perdí, fui dejando en el camino, las tardes de bancos de plaza, de confesiones estúpidas, de niños que no eran míos. Pero toda esta infancia que me arde en la cara, toda esta ironía cruel de la inundación me devuelve a aquella cita a ciegas y me quedo sin saber qué me depararía salir.
Todavía hay algo que me ata a esta niebla de inseguridad y frío.
La náusea misándrica viene ahora, recién ahora, cuando es demasiado tarde.

miércoles, 21 de mayo de 2008

Microrrelatos2

Los últimos dedos, los anulares y los meñiques de sus respectivas manos dejaron de tocarse. La despedida.
(17 palabras)

Los perros ladraban la señal de aquella noche. La lluvia removía el escondite.
(13 palabras)

Tuvo tres horas para despedirse. En el último minuto recién dijo 'te quiero'. Ella dijo: yo no.
(17 palabras)

Ella llegaba una hora tarde y él tenía una lista de insultos que propiciarle.
-Perdón, ¿hace mucho que esperás?
- No, recién llegué.
(22 palabras)

El marcapginas cayó al suelo, donde años después abrirían esa página de su vida.
(14 palabras)

---------

Peores microrrelatos que la última vez, creo que porque no estuvieron bajo el efecto del té de durazno. Me gustaría que alguno dejara el propio, o aportes para mejorar estas absurdas líneas.

jueves, 15 de mayo de 2008

las tres manzanas.

Interrumpió su larga charla aquel saquito de huesos que se acercaba a ellos cruzando la plaza. Brotó entonces la paranoia citadina, quizás con más fuerza porque M, siempre lo dije, es un gaucho nacido equivocadamente en Montevideo y V directamente no es de acá. Volvieron sus cabezas, se hicieron los tontos, presintiendo el "mangazo" del desconocido. Pero este los sorprendió llamando a uno por su nombre: ¡"V"! De a poco se fueron reconociendo, más bien V fue reubicando en la cara de aquel mendigo la de un viejo conocido de sus pagos.
Se saludaron un poco más efusivamente, M miraba de lejos el panorama, callado, intentando ver en ese rostro sucio y demacrado alguien que creía también concoer de algún sitio.
La vida lo había cambiado. Supuestamente, según me llegó, unas decisiones de búsqueda personal, complementadas con viajes, privaciones y delirios. La historia me hizo acordar a los ascetas con los que pasa un tiempo Siddharta en el libro de Hesse.
Hacía tres días que no dormía pero sus ojos desorbitados revelaban una excitación más digna de litros de café que de falta de sueño. Tenía una energía que contradecía su aspecto, había vivido en la calle durante un buen tiempo, siempre persiguiendo alguno que otro sueño o buscando poner en práctica sus filosofías absurdas.
Habló con ellos un buen rato. Por momentos parecía estar bajo los efectos de alguna droga, por momentos sus frases eran totalmente lúcidas y develaban interesantes cuestionamientos y propuestas existenciales.
Al cabo de un rato, sacó de su breve equipaje tres manzanas.
- ¡Justito! Tengo tres manzanas, una para mí y una para cada uno de ustedes - comprobó con admiración y regocijo, los ojos brillándole como un niño frente a un regalo.
M y V se miraron incrédulos, constatando el milagro de la casualidad y el gesto que decía más que lo que estaban viendo y oyendo.
Al cabo de más tiempo (el tiempo en la plaza transcurre distinto que unos metros más allá, en la calle) llegó a su encuentro una muchacha.
El mendigo se había ido en su viaje de búsqueda sin avisarle a su novia y hacía mucho tiempo que no la veía. La muchacha, también compañera de pagos de V, vive con él en el hogar estudiantil. Las caras de todos, al verse y reconocerse, fueron dignas de retrato. Esa puñetera certeza de sabernos en un mundo tan pequeño, lleno de casualidades, siempre nos golpea en la cara.
El mendigo y la muchacha se besaron, se abrazaron, él lloró un poco. V y M se mantuvieron algo alejados, mirándolos, cada cual con las frases del otro revoloteando en sus cabezas inquietas.
La muchacha se recompuso del encuentro y los miró a todos, todavía incrédula.
Con un gesto brusco, como disculpándose por un olvido, abrió su mochila y sacó algo.
- Miren, traje una manzana.

lunes, 5 de mayo de 2008

Poema de otro

A Francisco Benjamín

Cuando niño
aprendió
a contar
no con gemas
ni con dedos

Aprendió
a contar las
transparencias engranadas
que habitaron
desde siempre
(como la humedad)
las paredes
de su casa

Eduardo Borjas Benites

[ Publico aquí este poema de mi amigo Eduardo, de Perú, a pedido suyo y porque me pareció muy tierno. Ya tendré permiso para publicarle algunas otras cositas que tiene por ahí, realmente maravillosas.]

miércoles, 30 de abril de 2008

Pequeña apreciación sobre un sonido

Lo que realmente me molesta son sus zapatos, la forma en que taconea.
Ni yo cuando me pongo tacos hago tanto escándalo.
Parece un cruel afán por hacerse notar, de forma agresiva y sin retribuciones.
Me molestan los taconeos ¿ya lo dije? los taconeos con zapatos bajos, eso me parece lo peor.
Navegan por la casa, se hacen notar, opacan todo destello de ternura que pueda encontrarse más arriba.
Retumban, resuenan, se presienten, se intuyen desde lejos, se acercan, te espían en su sonido molesto.
Tacos, tacos, tacos de suela dura en zapatos bajos, masculinos tacos, diminutos tacos, molestos tacos.
Toc, toc, toc, toc, toc, toc.
Pares.
Su andar sin rumbo exacto con tacos por la casa.

viernes, 25 de abril de 2008

Té de durazno

- vamos que le curo todo - dijo el curandero.
- ¿también el raspón en la rodilla?
- no, eso no.
(17 palabras)

hoy soñé que te soñaba y cuando desperté me soñabas en tu sueño.
(13 palabras)

me dijeron que si me repetía iba a morir. me dijeron que si me repetía iba a morir.
(18 palabras)

el claustrofóbico no sabía que su trabajo en el circo sería de escapista.
(13 palabras)

----------

Microrrelatos bajo los efectos del té de durazno. En cuanto tenga más empezaré a hacer como con los unitarios. Se harán a pedido.
Aquí dejo algunos que me gustan de otros autores.

El soplo dijo sí y fue la vida. Y no hizo falta la palabra.
ALBA OMIL (Argentina): “Génesis” (15 palabras)

Es fácil juntar de nuevo a Los Beatles. Sólo se necesitan tres balazos.
ORLANDO ENRIQUE VAN BREDAM (Argentina): “Graffiti” (14 palabras)

—Rápido —dijo—, arrojad a ese río las cenizas del Fénix.
ANTONIO CABRERA (España): “Corazonada” (11 palabras)

En Sumatra, alguien quiere doctorarse de adivino. El brujo examinador le pregunta si será reprobado o si pasará. El candidato responde que será reprobado...
JORGE LUIS BORGES (Argentina): “El adivino” (26 palabras)

jueves, 24 de abril de 2008

Versos ajenos

Solía buscar una frase
apenas un descuido de otra boca
y robar los versos
para ponerles tu nombre.
Andaba mirandoté
pensando
pensandoté
un poco
nomás
buscando las puertas abiertas
que desperdiciaran un poco
del calor hospitalario de algunos bares.
Y pensandoté en la lluvia
bajo uno de esos faroles
que no existen
que el pobre se encuentra
en su repertorio de tango
y lo pinta para llorarte
fumarse un cigarro
tal vez conversar
con el espíritu de la vieja.
Pero no tuvo más remedio
que acabar
como tantas otras veces
en el círculo mojado
del fondo de un vaso.
Tatuándose en el codo las llagas de tu nombre
y el mostrador que sirve otra botella.

Abril, 2008

[a pedido de Camu, va este poema]