domingo 28 de junio de 2009

Ni con tiempo

Un día nos encontraremos
en otro carnaval
tendremos suerte si aprendemos
que no hay ningún rincón
que no hay ningún atracadero
que pueda disolver
en su escondite lo que fuimos
el tiempo está después.

"El tiempo está después", rezan los carteles de una calle que se le aparece en sueños. Amarillos por el polvo de la calle, muestran las letras negras, amarronadas, gritándole el código para abrir la puerta a una vigilia feliz. El tiempo está después, el tiempo al fin es persona, se puede dejar a un lado, al fin se seca como las hojas caducas que ensucian las veredas.

Ella corre por diversos tópicos oníricos sin decidirse, con miedo al tiempo. "El tiempo dirá", "el tiempo cura todo", también tópicos, frases que se cansa de oír en recetas del conocido de turno que pretende aconsejar. A veces no hay más que decir, pero no se conforma. El tiempo al fin está después, le dice alguien, lo lee, puede verlo casi tan claro como la grieta que ya se está cerrando, que no la espera. Debe decidir, quedarse a mirar y admirar los carteles, a reconocer los trazos, las marcas de polvo, la periodicidad de las señales... o ser valiente para sacar de la grafía esas palabras y procurar vivirlas. Llevar a la vigilia la certeza de que el tiempo está después.

Duerme, aún duerme sin siquiera sospecharlo. El despertador, una mano conocida, la luz de la ventana, algo la despierta. Sufre el contacto con el día, sufre el tiempo de vuelta. De pronto tiene la certeza de no poder olvidarse jamás de aquello que fue. Ni en sueños, ni con carteles, ni con vigilia, ni con tiempo...
Ni con tiempo.


lunes 22 de junio de 2009

Cuestión de gustos

- te gustan las vegetarianas, eh?
- es que la carne es débil

sábado 13 de junio de 2009

foutaises de otoño

descubrí que me gusta:

· ver las hojas secas en la rotonda del Palacio Legislativo correr detrás de los autos.
· el olor a garrapiñada de los puestos de 18 de Julio, que el frío parece volver más dulce y tentador.
· hacer esas cuadras desde la facultad hasta la Plaza Independencia, por la vereda sin sol, solo para llegar detrás de la Puerta de la Ciudadela y preguntarnos qué ir a ver.
· cierta mesa arrinconada del Tasende, que antes me parecía lúgubre y tristísimo, desde la que se puede ver retazos de distintas partes de la ciudad y casi aislarse del resto del bar.
· caminar descalza por la casa, con unas medias gruesas y muchos pantalones uno arriba del otro.
· que sean las cinco de la tarde, llegue Green y se ponga a tocar la guitarra a mi lado para que cante con ella.
· llevar la cuenta de los precios del café en los bares de los alrededores.
· caminar por Dieciocho, hacia arriba, por la vereda del sol, cuando este ya ha bajado, y concentrarme en el frío lastimando mis mejillas, mientras escucho música y el viento me da de lleno en la cara.
· no acostarme antes de las 3 de la mañana.
· que el ómnibus desvíe y me muestre un nuevo paisaje, alejado de lo que ya era rutina.
· que alguien invente una nueva palabra (sobre todo adjetivos) y suene hermosa.
· almorzar a las 6 de la tarde, en casa, y que nadie critique mis horarios.
· saber que el "mate de los martes a la noche" que apronto con cariño, es un gesto de ternura que nos acerca sin decirnos nada.
· descubrir nuevas pequeñas pintadas o tags en los muros que siempre me muestra el recorrido del ómnibus.
· que la más pequeñita de la casa me siga sorprendiendo con palabras demasiado adultas que no sé de dónde saca.
· el olor al pan casero que me recibe un par de veces a la semana en casa.
· comprobar que aún camino por la calle y distraídamente evito pisar las líneas.


(y hay más... este otoño hice racconto de algunas foutaises o insignificancias. abajo, el video de donde saqué la palabra para titular el post y que en parte lo inspiró)


viernes 5 de junio de 2009

Llenar los espacios

Ahora es solo niebla sacada a tientas de un cajón.
Niebla cristalina que busco materializar desde un sonido, desde esta espera en vano que con los años se fue quedando en otras cosas: el amor a Pink Floyd, cada foto en blanco y negro que pudo ser captada por su obturador, esos versos Dada que siempre tienen su olor y sus síntomas, la boca de un hombre casual que tenía demasiado de la suya, su nombre tan vulgar que se repite devolviéndome rostros muy distintos... y todo lo dispar entre el recuerdo y la construcción, el hecho de que constantemente se confundan.
Muchos han sospechado una relación más allá de la amistad, por mi parte, con El Loco. Nunca lo fue ni lo será, aunque podría reconocerse algo de obsesión. Una obsesión que va más por el personaje que creé para llenar los espacios y las cosas que nunca pude explicar, que por lo que fue El Loco persona en aquellos tiempos de meriendas y huidas, en aquellos tiempos de despojo de una adolescencia malograda.
Cada tanto vuelven las preguntas acerca de su paradero. Ya no encuentro a nadie interesado en darme o seguir sus pistas. De nuevo me cuestiono qué parte de todo realmente fue, qué parte la hicimos, qué parte de todo aquello fui yo.
Hoy releí la primera entrada de este blog. Entrada para El Loco, sobre El Loco, desde la perspectiva de un personaje sobre el que tenía privilegios, que me dejaba, como a nadie, entrar de a poco en su universo de excentricidades y hacía notorio su cariño exponiéndose de a poco, demostrando que costaba, pero que las ganas... y que le importaba un carajo el resto.
Y nunca, nunca pude entender nada. Y quizás por eso me obsesioné. Y quizás por eso la obsesión fue mutando en construcción, fue difuminando los límites de lo real y lo ficticio, lo que hubiera querido, lo que imaginé, lo que completé de los blancos.
Cada tanto algo me devuelve a los meses de El Loco. Y ya no puedo hacer promesas de que será la última vez.

(y sí... yo alguna vez la rulée con el pelo largo y otros lentes. la costumbre de salir patética en las fotos no la he perdido)

domingo 31 de mayo de 2009

Una vuelta de tuerca más...

(o El tipo que canta IV)

"tener de amigos a mis hermanos

tener de hermanos a mis amigos"


Todo tiende al desencanto, a los malhumores obesos que acompañan los cumpleaños en este corazón que poco sabe de días especiales y tardes solitarias. Todo tiende al desencanto, a las cebras borradas que amenazan con que un auto nos pase por encima, a las noches de regalos tímidos y sorpresas muy a medias. Todo tendía a la amargura de algo que debería ser especialísimo y nunca lo es.
Pero para algunas cosas existe el día después, el mañana que llega tarde y desinhibido, ardiendo en felicescumpleaños atrasados y verdades que se respiran entre cafés de antojos y consultas académicas a toda prisa.
Y hay un nuevo tipo que canta esperando en el antiguo cine, en esa sala antes visitada en la tranqulidad de Zulma y la Canción para dormir a un snake venenoso.
Hay niños y niñas con flequillos perezosos, anacronismos estúpidos, un público demasiado no-a-lugar y señales de locura por todas partes.
La noche de este tipo que canta es descontrol y adrenalina, es reconocerme tibia y fresca al mismo tiempo, yo con los ojos enmarcados, con el miedo a los golpes, yo con la timidez bajita y enrulada.
Es tiempo de puntas de pies, de olvidarse de las pantorrillas y los codos ajenos, de las culpas, de la garganta; tiempo de olvidarse del miedo. Es tiempo de un tipo que canta agradecido y nuevo en este lado del río, gesticulando sus chamuyos de rock con piel y a quemarropa, oxidando este otoño que no sabe de guiños en calles frías de algún barrio parecido a Ciudad Vieja.
Canta, el tipo canta y reconozco esa voz que parece que no llega pero se las ingenia para entrar en los pechos y volar cabezas, el tipo canta y pone caritas sin timidez y baila, y la gente sube a dejar sus saludos y su voz, y la gente se mueve y salta cantando con alegría.
El tipo canta y todo es una fiesta. No faltan los globos, la espuma, el papel picado... la vida es una fiesta en este encuentro de sudor, locura y realidad. Y yo, la chica bajita de lentes, la que espera el disparo de largada para todo, olvido mis miedos y me olvido por un rato de que todo tiende al desencanto... quizás solo sea cuestión de practicar: efímero para mí lo que para otro un sueño...


nota: nuevo tipo que canta, ahora ya los agrupé bajo una etiqueta, así que el resto anda por ahí.

lunes 25 de mayo de 2009

Yumager

Hoy vi a "Yumager". Conozco la historia desde hace tiempo, un tanto inverosímil, un tanto cómica, un tanto triste.
Hoy justamente pensaba en demasiadas cosas relacionadas con ver al otro, con recuperar cierta sensibilidad que creo he perdido o al menos se ha atenuado en mí y que no quiero perder.
"Yumager" estaba en la parada de Gral. Flores y Propios (sí, aunque esa calle en verdad se llame José Battle y Ordóñez), hablaba al vacío y luego con alguien que se cruzó en su camino.
Con su remera de todos los días y su pelo lleno de canas frágiles, "Yumager" ha adquirido su apodo (y lo escribo mal a propósito) por estar siempre, siempre, con un volante de algún auto quién sabe de qué año y pretendiendo manejar un auto, corriendo o caminando, según el caso, haciendo los ruidos pertinentes y conversando acerca de las cualidades de su vehículo imaginario.
"Yumager" es gracioso y melancólico. Es un tipo inofensivo, ya conocido en el barrio, hasta querido, pero en cierta forma distante...
Su "locura" interpela a conocidos y desconocidos, siempre genera algo en el otro, nunca la pasividad, nunca la asimilación como algo normal y corriente. Aún aquellos acostumbrados a verlo cada día en distintos lugares de la zona, con una nueva sonrisa, siempre con sus ruidos de vehículo y su soliloquio, no pueden evitar sentir ¿compasión? ¿lástima? ¿diversión? frente a la figura constante de "Yumager".
Y es lo que tiene, su constancia, su presencia casi impasible frente a las condiciones climáticas o a los humores tan cambiantes de los cuerdos.
Y a mí la tristeza que me produjo "Yumager" vino de más adentro, de otra cosa... vino de esa sonrisa con que celebra lo que para nosotros puede ser hasta un juego infantil, viene de esa felicidad de convencerse de su tarea, de creerse lo que hace, de estar en coherencia con su mundo y ser tan otro para los de afuera.
Él, en su condición de minoría, no nos juzga, no nos ve como anormales, comparte su formidable máquina y sus triunfos deportivos con una sonrisa.
No dudo que si le pidiéramos una vuelta, nos pasee por todo el Cerrito de la Victoria o quizás nos haga un tour por Montevideo, con la mejor voluntad y siempre, siempre, con una sonrisa al volante.

viernes 15 de mayo de 2009

episodios inconexos(?)

En una noche de bar conocimos un checo. Humildemente nos pidió para sentarse a nuestro lado en esa mesa pública que ponen en la vereda, al mejor estilo "tablón y caballetes" de un pic-nic familiar. Llevaba una cerveza en la mano y ni reparé en que estaba solo, en que su acento era extranjero ni en su exótica fisonomía, ensarzada en una conversación como creo estaba. Segundos después fuimos presentados todos y se sucedieron horas de una charla animada, curiosa, llena de risas, promesas y buena onda. Terminamos acompañándolo al hostel y fijando encuentro para ir dos días más tarde a la Feria de Tristán Narvaja.
Los episodios del fin de semana me hicieron caer en la cuenta de cuán ignorante soy, de cuánto me falta aprender, saber, conocer, descubrir. Y más allá de la frustración que genera esta certeza, también me hace sentir un poco viva, un poco con ganas de ir más allá de todo lo que me rodea, de tomar el primer tren a cualquier lado, de tener claro que aún falta mucho por hacer y la vida podría depararme cosas geniales.
Y ahora no paro de sonreír ante muchas cosas que me dejó la visita, el intercambio cultural y los chistes internos que se generaron en tan poco.

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Van a paso lento, zarandeados por las ruedas imperfectas en contacto con la calle aún más imperfecta. Van al sol, en un equilibrio inverosímil, arreados por el caballo desnutrido y frágil, primaveral en sus raídos adornos, resignado, mascota y herramienta de trabajo, con nombre y anónimo, inútil, necesario. Y va ella al margen de las riendas, al margen de su marido que dirige al animal, que ayudó a sostener las bolsas a los costados, la carga de todo el carro. Va ella en su universo de cumbia villera, en sus melódicas cumbias ensalzando palabras obscenas. Va ella, la mirada perdida, ajena al tráfico, ajena al mundo, escuchando al barrio en su brand new mp3.

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Mi destino es ser La Mejor Amiga. Y hacerme amiga también de todas las ellas que otros puedan tener. Hacerlo de buena fe, con todo mi cariño y espontaneidad. Sin segundas, sin interés maligno y, por encima de todo, sin salirme de mi etiqueta de la-amiga-que-nunca-será-algo-más


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Anduvo dando vueltas por la casa, incompleta, oscura, entregada al vaivén inocuo de sus dos piernas. Dando vueltas hasta que al fin dejó caer su cuerpo como un pesado objeto y me miró sin gracia. Había encendido el televisor y nada de lo que alrededor ocurriera iba a interrumpirle sus minutos de desconexión voluntaria. Incluso dije que me iba, incluso amenacé con las valijas, metí a prepo todo lo que cabía, delante de sus ojos. Le mostré las cosas más preciadas y cómo las empacaba para obligarle a prestar atención a mi supuesta partida. Cuando no hubo más que demostrar, nada más que hacer, anda más que guardar... seguía con la luz azul del televisor incendiando sus pestañas. Y yo, con todo en las valijas, no tuve más remedio que irme.


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Levanto un libro de Jacques Prevert, usado, hermoso, en español. A los segundos alguien acerca su cara a la mía y comienza a recitármelo en francés.

sábado 9 de mayo de 2009

Hay un cuerpo tirado en la calle

(o El tipo que canta III)

La noche es un sótano rojo y verde, luces, un puñado de olor a encierro, cables, el aire limpio de cafetería de arriba, la cerveza algo apurada entre libros y risas. La noche, los escalones que me sumergen, ahora ya sabiéndolo de antemano, en un capítulo más de estos tipos que cantan y retrato desde la sencillez de unas palabras anónimas.
Espero la noche con una nueva pollera, invernal esta vez, la plaza y sus nuevos habitantes, el día con remiendos de poesía en dosis de sobriedad que no esperaba.
La noche es temprano, es el recinto vacío que nos recibe con cierta frialdad y esas imágenes que miramos desde la crítica, desde el compendio de las más recientes anécdotas y ese aire de que todo va a estar bien (narana narana naaa).
Y aún tras el cansancio, la pereza o lo que fuera que flotara entre los ladrillos y la gente cual postales de otros reinos, hay lugares libres, hay la hospitalidad de esas canciones tan llenas de simpleza cómplice, tan llenas de la vida de todos los que esperamos ver salir de esa voz de papagayito frágil, las cosas que no nos atreveríamos jamás a calificar de bobas porque son lo que quisimos decir alguna vez y el tipo que canta nos ganó de mano al ponerles música.
Entonces te dejabas caer a ver si alguien iba a sostenerte, a ver si por esas cuestiones de la noche una voz llena de cosas que no entendés te susurraba: 'estoy adivinando lo que pensás'. Y sí, pensás en cada domingo de esos que aparecen tan repetidos en las canciones, en los que se nos permite estar feliz a pesar del día gris, en los que quisiéramos que alguien esté cerca, en el fin de semana.
La noche es noche pero de nuevo se anima, casi como si fueran las tres de la tarde, como cuando tenés una pesadilla y luego despertás feliz, con el absurdo trocado por constelaciones de magma que florecen en los centros, en todos los centros; en la ambigüedad de los nombres, de querer saltar desde un avión y las ganas de cantar tantas canciones, casi una para cada día del mes.
Hay un cuerpo tirado en la calle. Hay un alma rodando en la madrugada. Hay un par de bostezos que nos expulsan de la fascinación de la música hasta la vereda hostil donde el ruido y la gente y los desconocidos nos dan el veneno de la realidad.
Hay un cuerpo tirado en la calle, una foto mental. Y hay preguntas. Y hay tanto miedo, tanta paranoia.
Dando discursos que basé en un libro que leí y asintiendo que es estúpido pensar que alguien tiene dueño, no entiendo cómo las personas se dejan de saludar.
Hay extranjeros que vuelven absurda la palabra xenofobia y se toman una cerveza con los cuerpos, con la calle, con el final de la noche.




nota: El tipo que canta II = El tipo que canta III ≠ El tipo que canta I

miércoles 6 de mayo de 2009

Cita

quedaron de encontrarse en el quinto peldaño de la escalera. el detalle excéntrico ya no importa. ha llegado tarde a la cita.

jueves 30 de abril de 2009

Entredichos

Iván no va a explicarle, por enésima vez, que se tiene que dejar ayudar si realmente quiere mejorar en algo. No va a repetírselo y, aunque sea lo único que está dispuesto a decirle cuando al fin alcanza la puerta y toca el timbre, sabe que no lo hará.
Abren. ¿Quién abre? alguien abre, saluda, lo conoce. Se conocen. Intercambian las palabras de siempre.
-Pasá, pasá.
Y traga, en silencio, pero con tristeza. En el trago se le van las fuerzas y las ganas de repetir las explicaciones.
Sube, está oscuro. ¿A quién busca? Fugazmente se le cruza esa pregunta y se ríe con amargura. No lo sabe. No lo sabés, Iván, es cierto, no sabés con quién te encontrarás hoy detrás de la puerta amarilla. Pero lo reciben con el pelo mojado cayendo en la cara y unos acordes de guitarra harto conocidos.
Está algo oscuro todavía, pero alguien detiene al otro antes que encienda el velador. Está bien así, no importa.
Para qué luz, si no hay luz adentro.
- ¿Para qué luz, si no hay luz adentro?
Le leyó la mente. No importa. El silencio hace las veces de respuesta y cada uno parece gesticular o asentir, como si verdaderamente se tratara de una conversación telepática. Pero de telepatía no hay nada. Demasiado ruido.
Y ella está ahí, tarareando sin ganas las melodías de siempre. ¿Por qué no te aprendés una nueva? Y porque no tiene ganas, le dice, no sabe para qué lo llamó, que le hable de cualquier cosa, le dice, que no tiene ganas de pensar, le dice, que no le venga con la perorata de siempre, le dice. Le dice, le dice, le dice, casi como premiándolo con las palabras. Él quiere esas palabras en la lengua, en su lengua. Iván quiere que le pase las palabras como un caramelo o un beso, que le diga, le diga, pero en la oscuridad y sin sonidos.
Hace mucho tienen un juego. Nadie nunca explicitó las reglas, todo se maneja sobre un tablero tácito y en una nube de supuestos. Ambos saben que juegan, pero ninguno puede, en realidad, decir nada sobre el juego, porque en eso está su naturaleza.
En algún momento ella va al baño. Él sabe que sobre su escritorio, siempre, siempre reposa una libreta marrón de hojas finas con márgenes rojos. Las primeras veces fueron tentación, aún no había comenzado el juego. Ella una vez lo notó, no lo sorprendió nunca leyéndola, pero se dio cuenta, de alguna forma, que Iván la leía. Y empezó el juego. Él también notó, en algún punto, que estaban jugando y que no era simplemente un descuido, se necesitaba su participación, tenía que leerla, tenía que enterarse, tenía que jugar para que ella aprendiera a callar, para que fuera más fácil decir sin decir.
Las cosas mutaban según los caprichos de turno. A ella se le antojaba demorar menos en el baño un día, se le antojaba que Iván tuviera una producción descomunal de adrenalina para no ser descubierto, acaso hacía mucho ruido al salir, acaso demoraba uno o dos pasos más de lo esperado. Las reglas principales se mantenían pero había ciertas variantes.
Miradas con sobreentendidos, sonrisas a medias, labios mordidos por no poder poner en palabras lo que ambos sabían.
Era todo silencio, ritual de ir al baño, ritual de leer, tirarse en la cama, tomar algo y a las cuerdas les salía sangre de escuchar siempre los mismos temas, ¿pero para qué quiero más?. Y cómo te fue en clases, che, todo bien, todo tranquilo. Las cosas de siempre, se decían, mientras callaban tanto que detrás de los ojos se acumulaba la pelusa de los meses. Y para qué lo había llamado.
Ese día no. Este día no, Iván, no vas a dejar que cierre la puerta amarilla. Se dijo que no, que esa noche no, que tenía que pedir ayuda. ¿Para qué? ¿para quién? Si todo era un gran absurdo de conversaciones acerca de fútbol con el viejo, asentir con la cabeza ante las noticias barriales de la vieja, sonrisas premeditadas en cada intervalo. Si llegar y ser allí se parecía mucho al cariño desparramado, casi como al descuido, que lo sorprendió una tarde y al que tuvo que resignarse, entre mates y pan con grasa, que ella separaba obsesivamente de la bolsa de bizcochos.
El tiempo pasa, la guitarra sigue gimiendo seguridades, la libreta parece descansar de una larga batalla en el borde del escritorio. Iván vuelve a pensar en esas palabras que estaba dispuesto a decirle ni bien colgó el teléfono aquella noche y se dirigió a su casa. Y también vuelve a sentir que algo se lo impide, que al fin le parece más cómodo escuchar por enésima vez su acotado repertorio en las seis cuerdas, que hablar. Iván no va a decirle por enésima vez lo que tanto debería decirle esta noche. El silencio, único protagonista de todos los juegos y todos los encuentros y todas sus historias, se impone en la habitación de la puerta amarilla.
Interrumpís el paso, Iván, permitile levantarse de la cama y completar el ritual de ir al baño. Ella te sonríe, te acaricia la cara y le da la mano al silencio, que te mira antes de acompañarla y cerrar tras de sí la puerta.
El baño por última vez. La libreta también mira a Iván y exhala.

martes 28 de abril de 2009

3ella3

1. tiene ganas de bailar una chacarera. pero más ganas siente de tener una pollera larga y pesada y bailar algún paso doble en una habitación bien grande. sentir solo los rasguidos de las guitarras entre su piel, volver a ser esa que fue en un tiempo, cuando todo se apagaba fuera de sí al instante en que comenzaba a mover las manos o los pies. y zapatear bien fuerte. y fruncir el ceño mientras sus manos se mueven solas.

2. recién amarillean las cosas, pero todo le parece tan invierno. cuando, en las madrugadas de los sábados o los domingos, vuelve a casa, mira hacia atrás, paranoica, para descubrir que simplemente la siguen las hojas secas que el viento hace zapatear sobre la calle. amarillea la vida mientras el sueño entra en pantuflas y la muerte se baja de un taxi en una casa cualquiera.

3. extraña no extrañar nada. todo está enfundado en cajas herméticas, en cajones sin espacio. extraña no añorar nada, no sentir impulsos incontenibles para abrir una grieta. tal vez sí extraña pero sabe que las grietas no tienen vuelta atrás. lo extraña. y va a poner como señuelo una taza de café.

jueves 23 de abril de 2009

Tiempo de desintoxicación

No es producto de la fiebre de estos días, pero después que pasó todo (con droga potente de por medio) , hay cosas que comenzaron a aclararse.
Si hace unos días, decía que era tiempo de trincheras, me puse un poco (solo un poco) más valiente y ahora es tiempo de desintoxicación.
Así es. Desintoxicación.
Me paro entre la multitud, tímidamente, miro al piso y digo mi nombre. Todos me saludan a coro, benevolentes, ansiosos, procurando dibujar en sus caras algún gesto de comprensión para animarme a hablar.
Eso, que necesito comenzar a desintoxicarme de relaciones que no me hacen bien. Aunque suene radical y feo. Sí, es desde un punto de vista egoísta, pero al fin decido escuchar los consejos que les doy a los demás y aplicarlos a mí misma.
Hay algún fulano en la vuelta, claro está, pero no tiene que ver solo con eso (hasta quizás me lea, quién sabe). Estoy cansada, sí, hasta físicamente, mis defensas están bajas (nunca me enfermo y apenas ha empezado el frío este año y ya me agarré gripe) y creo que mucho se debe a esfuerzos por sostener castillos de naipes, por sonreír cuando en realidad me dan ganas de mandar todo al carajo, por decir lo que realmente pienso pero siempre y cuando sea solo con fines constructivos y no para descargarme y, sobre todo, por callar mucho.
Luego viene la gente y me dice: ay, qué tierna que sos. Y aunque no lo considere cierto, yo agradezco este cumplido, que creo nada merecido, pero mi 'ternura' tiene menos valor en estos tiempos que un patacón.
Es tiempo de desintoxicación, de afrontar los períodos de abstinencia, de aprender a decir NO, de ahorrar en mensajes de texto, de dejar de buscar para esperar ser encontrada.
Estoy cansada de procurar ser vista, de ser buena amiga, de 'parecer' inteligente, de ser responsable, de dar 'buenos consejos', de servir de apoyo moral, de poner a un lado mis satisfacciones inmediatas en pos de un futuro que no llega.
Asumir los períodos de abstinencia.
Desintoxicarme.
Quizás hasta pueda sacarme de la sangre esa suerte de compuesto químico que parece repeler a la gente normal...

post un tanto confesional, como nunca. dejo una canción que me gusta cantar bien fuerte cuando tengo ganas de putear...

Varios...

Pequeña entrada para dejar constancia de dos cosas:

1- cambio de look del blog. abandonó ese toque naif que tenía y pasó a algo... igual de personal, pero más duro. no me convence del todo, hay algo que no termina de encajar, pero bueno, al menos quedará provisorio.

2- la gente que me conoce sabe que mi cabeza siempre está maquinando proyectos. aunque a veces suelo ser un tanto vaga para concretarlos, la creatividad, cada tanto, puede más, escapa, y me lleva a generar nuevas cosas.
ahora me agarró por crear otro blog (sí, otro, como si ya no tuviera tantos, dirán).
se llama "Recolectando aire", inspirado en la cita que mi amigo G. puso ayer en su blog. allí hay más info sobre de qué va todo eso...

vuelvo pronto con los posts regulares.
saludos.

lunes 20 de abril de 2009

Agorafobia II



Un ensayito de este poema que fue publicado en el blog acá y que ahora traigo recitado.
Espero les guste...

(aclaración: el poema tiene dos títulos diferentes. en un principio se llamó 'agorafobia' y luego también se llamó 'permuta')

sábado 18 de abril de 2009

The best friend

lunes 13 de abril de 2009

Humor en la escuela I


Ufff, por dónde empezar... Hace mucho que quiero poner algo de esto y por una cosa o por otra lo venía retrasando. Mangacha Pertini era un personaje que aparecía en un sketch en Plop! un programa nacional que daban hace muchos años por Canal 12. Yo era muy chica pero recuerdo con nitidez varios de estos programas. Y Mangacha era algo que me fascinaba. Hoy, de grande, logro comprender muchas más cosas y veo mejor esta parodia, a la genialidad con que representaba un personaje existente en nuestra sociedad (el niño de escuela pública) y cómo con él abarcaba muchos aspectos de la idiosincracia uruguaya.
Laura Sánchez en la piel de Mangacha y la grandiosa Imilce Viñas como la maestra, sumamente estereotipada pero no por esto poco fiel a la realidad (creo que al contrario).

Al final de cada sketch, Mangacha pedía para recitar un poema de su autoría. Sacaba un papel arrugado de su túnica y se disponía a leer sus creaciones literarias, plagadas de humor, inocencia y guiños al público.
El responsable de guiones y poemas era Andrés Tulipano, quien no me parece genial, pero sí correcto, ayudado por las geniales interpretaciones de las actrices antes mencionadas.
Resulta que por aquellas épocas me compraron el libro con los poemas de Mangacha Pertini. Lleno de humor, desde la introducción hasta el sumario (en el que aparecen, con caligrafía de niña, varias sumas al mejor estilo tarea escolar), recuerdo haberlo devorado en ese entonces (yo tendría unos 6 o 7 años) y hace poco mi mamá lo rescató de quién sabe dónde y desde ahí lo atesoro entre mis cosas.
El poema que elegí es uno de los que más me gustan. Me gustaba antes, cuando era pequeña y todavía es el que más me hace sonreír con complicidad por bromas sutiles y por las obvias.
Será el primero de unos cuantos... cuando el blog necesite algo de humor, pasada esta aburrida explicación para quienes no tenían idea de qué se trataba, aquí estará Mangacha con el humor de la escuela.

domingo 5 de abril de 2009

Tiempo de trincheras

para estar alerta
cada un par de días me pongo a pensar que soy tremendamente egoísta.
porque me pone mal la felicidad ajena.
cada un par de días también hay gente que me hace ver las cosas de distinta manera.
me demuestran que me pone mal la felicidad ajena cuando influye negativamente en mi felicidad.
reformulo: cada un par de días la felicidad de alguien influye negativamente en mi felicidad.
para contrarrestarlo, podría suceder que la infelicidad ajena provocara cierto regocijo en mí, pero no es así, nunca es así.
de todos modos, algo no está bien.

enumeraciones varias
a) es el colmo ser amiguita de una "ella"
b) la gente me extraña de forma rara
c) hay gente que me usa y me lo demuestra con eufemismos
d) a veces, a pesar de descubrir demasiadas diferencias, se llegan a las mismas conclusiones y no somos tan distintos al otro como creemos.
e) nadie es indispensable
f) cada día me gusta más el café
g) me conmoví al ver una hoja "Tabaré" y recordar muchas cosas. (esto va a aparecer en un futuro post)
h) aunque hay gente que se canse de decirlo e intentar demostrarlo, todavía no sé cómo mierda convertir una debilidad en una fortaleza.


me canso de sostener tanto silencio
es tiempo de trincheras... hay que resguardarse.

sábado 28 de marzo de 2009

The gift

Tenés clavado el virus del adiós. Te duele. El hola, hola de nuevo, trepa por las paredes de tu soledad y se aloja por un rato para desterrar a ese bendito monstruo que la arma. Pero a ella, que no se fue, que no vuelve, que nunca ha ido a ninguna parte, la mirás con ojos bondadosos y le regalás tu incondicionalísima... amistad.




Porque desde hace días o semanas vengo escuchando esta canción, cantándola y recordando la época en que escuchaba mucho esta música. Quizás reconcliándome con esa parte de mi vida. 'The gift' es una canción que siempre me llamó la atención y me produjo muchas cosas. Creo que va bien con el pequeño e insignificante post, que no tiene mucho más que decir.

martes 24 de marzo de 2009

Count your fingers

- Tenés los brazos tan, tan blancos.
- Convengamos que no he tomado tanto sol, nena.
-¡Pero tan blancos! - decía con una voz de ensoñación que propiciaba el calor, el aire del ventilador de techo amasijando el ambiente.
Eran a medias, tumbados sobre la cama, cabeza con cabeza, en sentidos opuestos. Todavía quedaban resabios de ternura, restos de conversaciones acerca de manías varias, frases por la mitad, interrupciones a medida.
Lo que fuera que tuvieran los encontraba así cada tanto, conversando acerca de la blancura de alguna parte del cuerpo, la canas prematuras o nuevos lunares. La calma era aquello, la seguridad de arena era aquello, cinco o seis minutos, o toda la tarde, o una mañana después de quién sabe cuántas cosas.
Las palabras se arrastraban con sonrisas y la poca trascendencia de las conversaciones era una dulzura que flotaba en el aire enclaustrado del cuarto, como un perfume relajante, como una tregua con el tedio del día que acababa de pincharles los ojos.
Así quedaban, así eran, jugando a contarse los dedos de las manos en cada silencio, mirándose cada tanto y deseando secretamente un beso. Hasta que alguno hablaba de las canas, los lunares o qué tan blanca tenía alguna parte del cuerpo.


sábado 21 de marzo de 2009

Alergia

Las náuseas a la mañana, la saliva rota que recuerda cierta música y ciertas ganas de bailar lo imbailable. Las náuseas a la mañana con un gusto a oportunidades de decir que se pierden. Náuseas, las noches se revuelven en el estómago de un día a estrenar.
La pantomima del viernes abre un hueco entre una gama de frasecitas armadas. Respuestas rápidas, los "sí" y "no", los planes y las pocas ganas de estar tan expuesta, pero aún así...
Y acaso se pregunta, con su vocecita frágil, con su pijama a cuadros, con todo el cuerpo, qué será de las futuras nostalgias, de las futuras náuseas, de todos y todos los viernes que vendrán a pedirle permiso para quedarse en su almohada.
Las náuseas a la mañana, como luz roja avisando del peligro que quizás implique equivocarse de manos, de voz, de par de ojos.
Y esas ganas de acariciar algo que duerme, siendo tan alérgica a los gatos.