miércoles, 31 de diciembre de 2008

Re-su-miendo (si, en tonito sabinero)

Un verano tardío | Guazuvirá | Plazas que no me ven tan seguido | Santa Ana y sangría y tortas fritas y superbaile de club | Pastillas musicales | Superbajón traumático por abandonar cosas | Nuevas ideas y colores | Concursos | Música | Voces del otro lado del charco | Infinitas horas compartidas | Amigos nuevos | mucho James Taylor (dunno why) | Chococumple | Partyliving | 3 segundos lugares (premios al fin) | Un viaje (superviaje), un encuentro, un finde inolvidable | Dori | Tricky night | Plaza San Martín | Santelmeadas nocturnas y EL Domingo mañanero | Hombres que les cantan a otras mujeres | Esas charlas salvadoras de a tres | Persuasión de los días (cómo te amo, Oliverio) | Feria del libro | Muchos libros | Enes | Juntadas de viernes | Working | Grupo de lectura | Planes | Bloggeritos fantásticos (y más planes) | Casualidades con música y plazas | Infaltable plaza de los bomberos y banco de siempre | Vino en plástico (soy demasiado consentida) | Más planes...

Faltan cosas, el año fue, se va, se termina. 'C' siempre me recuerda que fue un año casi perfecto para mí. CASI. No sé si tanto, pero fue un lindo año. Si el que viene fuera mejor, estaría en la gloria.
Que lo sea para ustedes!!

sábado, 27 de diciembre de 2008

regalitos



Acá van regalitos personales para quienes más se pasan por Connotaciones o lo hacen desde más tiempo y se ha generado cierta relación blog a blog. No están todos, quizás, pero ya habrá tiempo para compartir más cosas con quienes se acercan desde hace poquito tiempo.
Los mejores deseos para todos.
Es muy sencilllo lo que les dejo, disculpen que algunos no quedaron tan lindos como otros, pero no era la intención (tampoco hay un orden específico, están alfabéticamente al revés)
Hagan lo que quieran con ellos, cuélguenlos en su blog, guárdenlos o simplemente déjenlos por acá y los miran cuando quieren.
(y no dejen de comentar la entrada anterior que realmene me gusta y me gustaría conocer sus opiniones al respecto)
Gracias por hacer ustedes también Connotaciones, no sería lo mismo sin sus comentarios y sus presencias.
Buen 2009!

martes, 23 de diciembre de 2008

Foto mental

"tengo una foto mental /que no quiero ver, que no quiero ver"

Quiso averiguar qué se sentía al ver la calle desde adentro, tener el pelo revuelto por el viento de la rambla, los pies fríos y entumecidos por una caminata, las palabras saliendo calentitas y casi espontáneas de un par de bocas.
Repartió los sorbos de café en un tiempo bastante largo, para dejar escurrirse las horas, mientras alentaba a sus sentidos a ponerse a trabajar como equipo.
El ruido de la cucharita, el olor de la canela, la espuma del café, el calor de la taza y finalmente el sabor a la bebida, loca excusa de una tarde.
Ahí se quedó, mirando la azul extravagancia del ambiente, mientras los temas de conversación iban y venían, andaban montados en bicicleta, emparentados con la risa, sobre los hombros de las confesiones, rozándose las manos con los futuros planes.
Vos no sabías demasiado, ni siquiera estabas seguro de cómo al final habían quedado en verse, después de encontrarse en el centro unas mañanas atrás. Ibas perdido en cualquier cavilación y ella, con el mismo apurado paso de siempre, su bolsito de turno y su pelo agitándose, te había mirado con los ojos muy abiertos y gritado tu nombre, pero no tanto como para llamar tu atención sino como un grito para sí misma, involuntaria reacción por la sorpresa.
La miraste y sonreíste, no la abrazaste con desesperación ni le dijiste ninguna palabra efusiva, simplemente te brillaron los ojos como nunca y mientras ella acometía con toda clase de preguntas, frases de admiración por la casualidad del destino e incalculables gestos con las manos y la cara, iba reconociendo en el brillo de tus ojos, lo que sabía no ibas a decirle pero estaba ahí.
Así que preguntó, aceptaste, suspiró con alivio, aunque no se alivió del todo. Si habías sido capaz de dejar colgado a alguien durante quince minutos en un teléfono sin decir nada, perfectamente podrías pasar por alto la cita. Ella igual confiaba, seguía confiando, buscando rastros de esperanza donde quizás otros ya habían bajado los brazos hacía tiempo.
Ahora miraba hacia la calle, un poco perdida. Sonrió amargamente por lo estúpido de imaginarse una conversación con todo lo que ello implicaba, cuando en realidad ella siempre monologaba y vos asentías o le decías frases sacadas cada vez más de un mundo al que quizás en un tiempo pudo acceder, pero ahora no.
Y ella lo sentía, comprobaba a cada minuto que le estaba finalmente vedado el paso hacia la comprensión. Pero no era tu culpa, tampoco.
Sus charlas le seguían pareciendo un esfuerzo físico y mental enorme, pero en el fondo, más allá de la frustración, el cansancio, la tristeza por verte tan lejano, le alegraba lidiar con el personaje que te habitaba, que le servía de consuelo cuando pensaba en aquellos meses en que dejaba la adolescencia y te veía festejando sus versos, recordando citas sobre cerebros y ratones, pianos que sueltan las más hermosas canciones y el invierno compartido a la intemperie en bancos sin nombre.
Entonces sonreíste y sacaste de un bolsillo un sobre pequeño y alargado. Se puso seria de pronto, estiró tímidamente una mano y abrió el sobre, sabiendo lo que había de antemano.
Vio todo un rollo de negativos en blanco y negro, las fotos que nunca habían sido ampliadas pero quedaban como única certeza de quiénes habían sido. Estas solo guardaban un par de poemas retratados por toda la ciudad, puertas, eclipses, flores, cintas y huellas que recreaban su mundo de hace unos años. Sonrió al fin, recordando, además de todo aquello, la última vez que le mostraste los negativos y la foto que le había arrancado un poema del pecho, los dos cielos.
Pero vos tomaste delicadamente los negativos de sus manos, pagaste la cuenta y saliste sin darle tiempo a hablar, derritiendo la película con las yemas encendidas de los dedos.

viernes, 19 de diciembre de 2008

Cobarde

no sé qué rezan las espaldas cuando se van, yo miro al piso, fijamente al piso, hasta que son un punto pequeñito en la llovizna viscosa de las despedidas.
no sé que dicen las arrugas de las camisas, los lunares, las blusas bajas, los hombros huesudos o bonceados, las nucas ocultas o las detalladas por un corte perfecto.
ni idea.
sé que las palabras no son lo último que se dice en una despedida, pero me pierdo el último mensaje y me acuerdo cuando ya es tarde.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Quisiera...

...tirarme al sol, recostada contra un pecho que respire.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Casualidad no es posibilidad

"Otro jueves de esos que no se dejan besar"

Las pesadillas salieron de la cárcel, va a haber que andarse con más cuidado, que cerrar por fin los postigos a la noche. La vereda me sonríe sin dientes, me muestra las encías alcohólicas que me invitan una copa, pero claro que no, me les niego, es día de semana. Quién lo diría, rechazando ofertas de olvidos circunstanciales.
Es corto el verano, recién amaga a empezar pero pienso en los besos de bronceador y sal que no voy a tener y es como si volviera el invierno. Quizás haya alguna nariz alunada por ahí para besar, pero las resacas de niños lindos hoy en día necesitan demasiadas señales. Demasiadas.
Llegan los bondis, paran, suspiran, tragan conversaciones inútiles y se despiden con los gases de los cuarentaycincominutos del viaje. No me invitan una copa. Esta vez no la rechazaría. Como tantas otras, procuraría el equilibrio sobre el asiento y atinar la parada anterior a arrimarme a los escalones obscenos que miran bajo mi pollera.
No tengo la excusa del frío. Estar aterida es nomás un estado que se perpetua muy a pesar de la voluntad de domingos, del calor de un recinto que albergue una mínima esperanza.
La vida me tira las casualidades como el hueso a un perro. Las mastico ansiosamente pero saben a demasiado poco.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Fin de (LA) semana

Calles que no pisaba desde hacía meses. Demasiados meses. Nuevas fachadas, rejas que cercan las viejas baldosas, las mismas baldosas que han extrañado mis pies.
Viejos amigos y nuevas certezas me derriten las ideas, las frases armadas losfelicescumpleaños prefabricados las anchas verdades que no necesitamos ya respirar.
Está fresco, un lindo fresco de diciembre se acomoda a mi esqueleto siempre igual, luchando por ser un escarbadientes decente más, a falta de algo mejor, parado y frágil en el viento de las cosas.
Tenía tantas ganas de escuchar ciertas voces y oler ciertos rincones y vaciar mi boca de nuevas promesas, de nuevas anécdotas y al fin todo se hace a la vez real e imposible.
Llega a término una porción de día, de vida, losfelicesdias-cumpleaños-etcéteras-misviajes se acaban, el viaje de regreso se parece mucho a volver de clases dos años atrás, cargada de dolor de piernas y amigos nuevos, guitarras y bostezos con dulce sabor a vino.
Luego vienen mis pasos interrumpiendo la siesta de un barrio ajeno. Intrusa, camino dos cuadras bajo la mirada atenta de las sillas plegables y las pelotas de los niños, espabilando el fresco que se respira en la vereda. Tengo una casa vacía en el pecho.
Y vuelvo a las grullas, a mi costumbre de hacer una grulla en cada bar, de parir en papel lo que no me atrevo a decir con palabras.
Y el día termina una semana agitada y confusa, que promete, promete pero no se atreve a cumplir.

martes, 2 de diciembre de 2008

Otra cosa

cada tanto vuelven las guirnaldas
que decoran el despacho de la burla
llegan piedras recogidas, semiformes,
inundadas de paz, descoloridas.

honran cardos en mi nombre
les plantan frías tardes en las alas
y visten las espinas con latidos
de senos hirviendo y lentos corazones.

riegan con tumultos la sed de las calles
las tardes que abortan un sol en la palma
de la mano verde que tiembla en un sueño
y ya no festejan sus pies minerales.

porque de mi sueño he hecho otra cosa
y cada tanto el ciego me encasilla y cada tanto
caigo en la brevedad de un párpado
que me apresa cual serpiente en un canasto.

y salgo, casi salgo pero no, las hebras
que me dan luz racionada, de a capítulos
se hinchan y me apretan las escamas
mi cuerpo anillos lucha pero muere.

y cada tanto llueve y en mi ausencia
se escriben solas las gotas en palabras
pizarras lentas abren las ventanas
el día es otra cosa, pero llueve.

Noviembre, 2008


(sigo sacando cosas acumuladas, ya escribiré algo más elaborada y retomaré el ritmo de antes, aunque probablemente sea luego de entregas y demás etcéteras)

jueves, 27 de noviembre de 2008

Aliteraciones

Y de cicatriz solo sabía su nombre
solo sabía las pocas
cuatro letras
de sus dedos
las pocas cuatro cosas que sabía
sin sostener más miradas al espejo
sin saborear mis cilindros
celestes.
Saberlo
significaba
ser un síntoma más en la noche
sopesar las pérdidas
y acaso
sanar la enfermedad de dos orillas
que abren una sucursal para el destino.
Sintió que era paciencia
lo que faltaba
y me echó
desconsolada
de su nombre.
De cicatrices mostraba las palabras
las cuatro letras de su nombre
las cuatro verdades de viernes
con la luz de las seis de la mañana.

lunes, 24 de noviembre de 2008

A la sombra

Me quedaría allí
donde la parra
da su sombra exacta
su paciencia.

Donde la infancia verde
de su toldo
augura una delicia, una suerte
de tabú redondo
y se esfuerza por ganar
la caricia del suelo.

Bajo la parra
en la mansedad esquiva de sus troncos
donde una luz es parte
del tapiz del patio
y el espiral de los tallitos
quiere enredarse en mi pelo.

Donde crece
la terquedad de la siesta
el calendario vacío

miércoles, 19 de noviembre de 2008

So this is your maverick



doblando y desdoblando una vida en mil pedazos. atardeciéndome de ganas, trasnochando en frases sin canciones, mudas, que se enroscan en el olor extrañamente familiar de un cuello.
doblando y desdoblando la vida en mil pedazos.
un corazón de papel que entrego, como autorretrato, como una frágil parte de mí, a la nada




Discover The Fray!





Esta canción me lleva un par de años atrás, me recuerda a Bonnie, una amiga perdida por redes invisibles de este mundo virtual... siempre que la escucho me llena de paz, de esa nostalgia patológica por lo ajeno. Siempre me parece efectiva, justa, necesaria. Una canción de papel para volar como grulla.

There's really no way to reach me....

lunes, 17 de noviembre de 2008

Resbalo

Por aquel entonces tenía las uñas cortas y el corazón dormido. Así que no tuve demasiadas posibilidades de aferrarme a algo.
Resbalé por la noche, una noche perfecta, resbalé, resbaslé, resbalé... -esa palabra me parece exacta- hasta morir de soledad, desnuda, en una orilla.
A veces se me da por pensar que una noche llena de risas, amigos, canciones y besos, vale más que mil palabras.

Aún hoy pienso en aquella noche como la exacta conjunción de los astros (y conste que no creo en eso) para regalarme una perfección inimaginable.
La ciudad ladraba obscenidades; sin saberlo yo, me advertía del peligro, me repetía que aquello no duraría para siempre, ni siquiera trascendería el humo artificial de las estrellas.
Hoy leo más palabras justas, más frases que me acercan a la perfección de sus silencios, de su carácter de desconocido, de sus preguntas tópicas.

"Soledad, aquí están tus credenciales"



Qué mal me hace pero qué bien... no sé qué pedir, si anular el dolor de no poder volver o la ternura del recuerdo.
Y resbalo, resbalo, resbalo por la claridad imaginada de este silencio que ya nunca volverá a romperse entre nosotros.

viernes, 14 de noviembre de 2008

Tópicos

Hay que ponerle títulos a las excusas:
ya no me encuentro a mí mismo/a
necesito un tiempo para mí
yo por ahora no sé lo que quiero
y el best seller: no sos vos, soy yo.

martes, 11 de noviembre de 2008

Clac

Tengo el vicio incontrolable de sonarme los dedos. Cuando lo hago en el ómnibus, siento que todo el mundo me mira porque paso rato sonándome cada articulación de la mano.
Pero lo mejor es cuando voy con los auriculares. Solo siento el placer de la urgencia satisfecha y las miradas son meras anécdotas que hasta pueden hacerme el día.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Últimamente...

...amo a demasiados hombres por la forma que tienen de amar a otras mujeres

viernes, 31 de octubre de 2008

Infecciones [ haberes II ]

Hay un vacío infectado en la extirpación de la euforia.
Un anagrama sin uñas con qué despellejarse,
sin dientes para sacarse las espinas,
totalmente indefenso y caduco y blando, deforme, solitario.


Hay un vacío infectado con mis ojos, con mis lagañas de alcohol,
con las palabras que se escapan por mis poros, que se transforman en agua
veneno, salobre oscuro y caprichoso.
Hay un vacío con canciones podridas, canciones que evitarán
de ahora en más
los oídos,
recuerdos manchados con sangre dormida,
vacíos llenos, llenos de todo lo que fue mío
y perdí.


Hay una luz infectada por mis huesos,
inservible, maculada, espesa.
Detrás de la luz, una garganta,
supurando euforias en invierno,
transpirando las pelusas de los plátanos, las palabras enganchadas en un hilo.


Vacíos secuestrando insomnios
señalando, con los dedos infectos, la sangre que todavía
pasadas las horas como muchas cosas juntas
como hermanas desnudas en cola para el baño,
sigue omitiendo apariciones
serenatas voraces.
Vacíos que te llenan los pulmones,
que escriben con el frío
en los cajones.

lunes, 27 de octubre de 2008

Acumulados

cositas acumuladas en las semanas pasadas.

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El amor de la azafata es diferente al placer del marinero, me dice.

En la ducha, él pensará en cuándo podrá bajar nuevamente del barco.
Ella llorará procurando olvidar al amor de turno y preparará su corazón para el siguiente.

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Buenos Aires me sonaba a rock, casi como Montevideo podría sonarme a Jaime o La Vela.
Pero ahora escucho una zamba y pienso en vos, en tu amistad de colores y en Buenos Aires...

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"olisquearte
olisquearnos
dulcemente, tanteando
con la nariz
los abismos del aroma."

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Ya no puedo darme el lujo de necesitar que agiten mis rulos. Si la dulzura ocre de una mirada no viene a buscarme, es que tengo planes, en realidad es que tengo mucha suerte.

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Hace noche, las puertas de las casas se cierran igual sin mí, se acaban los tickets para pernoctar, las ganas de regresar también. Una queda en el medio. A medio camino de la salida y la llegada. Pienso en veinte mil canciones, alguien me contagia esa manía de vivir cada situación con música. Y pienso, elijo, descuido el recetario de una vez por todas, descuido las opciones, las listas que debo corroborar. No es demasiado, aprendí que nunca es demasiado.
Las selvas frías me amparan los tobillos. Esos que te dejé en un poema, que te expliqué antes de que siguieras adelante con los trucos que todos, ingenuamente, siguen al pie de la letra.
No se dan cuenta de que nos damos cuenta. Y parecer inocentes es sólo parte de nuestros ases bajo las mangas, que jamás llegan a descifrar.

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Me gustan las casualidades. La gente se empeña en cambiar el orden a las letras (caUSalidad) para dejar moralejas. Me gusta ese misterio de que nos junte el destino. Y que pueda leer esas palabras y por mero azar escucharlas de una voz finita al mismo tiempo, con el universo de mi parte. Y que pueda sentir gotas de lluvia imaginarias bautizando mis pecas.
Me gustan las casualidades. No quiero que me expliques, no quiero saber por qué pasan esas coincidencias. Me basta con que sucedan y yo pueda asombrarme como una niña que descubre que el cuchillo tiene serrucho.

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Esta semana te perdiste mis uñas nuevas. Como nunca. Mis uñas oscuras. Besando la claridad azul de mis falanges.

_________


"(...)Y estar cansados sin haber hecho nada
como solo se puede estar en Montevideo
en tu piecita de veinte por veinte
de parquet levantado
y manchas de humedad que juegan
a darnos formas
e inventarnos caras."

(fragmento rescatado de un poema con meses de olvido)

lunes, 20 de octubre de 2008

Memoria de pez [ haberes I ]

Hay demasiada necesidad
de registrar los volúmenes, los líquidos, los orificios
de empeñar los olores, las espinas que la calle hunde
sin piedad
en la piel usada.
Hay demasiada espuma de secretos
demasiada necesidad
de registrar vacíos
primaveras que no llegan
o acaso manos esculpidas en arena.
Hay demasiado valor para perderse
entre las piernas de la tarde
demasiada vanidad en los cajones
esperando que otros se devoren sus virutas.
Hay demasiada historia no contada
que no importa en las fiestas, que no importa
en la playa que las lenguas zigzaguean llenas de espuma
de sal de olas.
Y hay como una luz voyeur que nos despierta
que nos arranca los imanes
que censura.
Hay la paradoja del firme recuerdo
de un hombre con memoria de pez.

lunes, 13 de octubre de 2008

je danse

No solo no he tenido segundos para arrepentirme, he tenido mucho más, tengo ahora miles, infinitas palabras que me sonríen, prontas para ser transformadas en poemas.
Nada del viaje puede pagarse. Nada de este viaje puede decirse con palabras.
Entre esa ambigüedad que se me clava en el costado está la maravilla de unos ojos acostumbrados a calles iguales, angostas, amarronadas.
El infierno baja en formas arabescas, el cielo como una libélula, el purgatorio se apiada de mí y me da más de una oportunidad para desbordar el Leteo a costas de Silvio, Ismael, Sabina o zambas desconocidas.
Je, Astride, danse; aprovechando los últimos minutos y un escenario improvisado, con espectadores ocasionales, con risas, abrazos, qué bien que lo hayan pasado rico.
Tanta música y tantas sonrisas y tantas alitas de libélula que llenan el corazón. Por allá me acuerdo de un par de frasecitas de "Quién sabe" que calzan perfecto, sonrío, me acuerdo luego de 'C' emocionada porque pudiera vivir una canción.
Gracias por ser cobarde y por ser valiente, querida ciudad. Una noche te quise por no animarte, otra noche te quise por animarte demasiado. Estás tan borracha y hermosa.
Y en una de esas, Buenos Aires, me mirás con una locura que asusta y me decís (cobardemente): boluda, sos tan cuidable.
Y Solís tiene una reja con las manchas de mi espalda.

sábado, 4 de octubre de 2008

Ni un segundo de qué arrepentirme

Es lindo hacer el bolso para partir y regresar.
Hay una emoción y un par de certezas impagables, pero más que nada está la incógnita de la aventura, esa que nosotros mismos elegimos vivir, esa que procuramos y armamos con cada paso y a cada segundo, más allá de los planes y los itinerarios.
Armar el bolso es, de alguna forma, agradecer, poner intenciones, cargar pilas, planificar un poco, soñar. Es ese cosquilleo en la panza, el miedito por los posibles olvidos, el vértigo de las futuras citas y los parques ajenos que nos revolverán el pelo con su viento. Es consultar frenéticamente los pronósticos, cruzar los dedos por suerte y al fin, al dar la última vuelta al cierre, abandonarse a la paz o resignación del destino.
Me voy. Cuento los días, miro impaciente los relojes (empeñados en girar hacia la derecha) y sufro como nunca las horas que parecen atarme.
Armar el bolso es poner peso a algo que luego no pesará.
Me encantaría que este pequeñísimo viaje me llevara a ver más rostros amigos, a cumplir más sueños, a llevar parte de lo que soy más allá de las fronteras de un papel en mis cajones. Pero es imposible. Y no puedo quejarme.
Quiero no tener ni un segundo de qué arrepentirme, ni un minuto desperdiciado en vano. Mientras escribo me acuerdo de un cuento que hablaba de la gente de un pueblo que anotaba los buenos momentos de la vida y en sus lápidas ponían solo los años, días, horas y minutos que realmente habían vivido, tomando el vivir como un disfrute a pleno del tiempo que les había tocado.
Espero que estos cuatro días se sumen, con todas sus horas, minutos y segundos, a mi lista.
Llevaré poemas, versos y canciones de regalo. Capaz me da la loca y los suelto por alguna plaza.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Descalza por la casa

*
Solté, tiré el hilo
y diste a parar, rodando,
hasta la puerta contraria
la que te empuñaba el alma como aguja para colchón
penetrando una seda.

**
Anocheció la noche inmóvil
anochecida te acurrucaste sin suspiros
ahorrando aire de copas de vino
anocheciendo cabizbajo
te dormiste
desbordando tu vientre de noches con sangre.

***
“No quiero que tengas una forma, que seas
precisamente lo que viene detrás de tu mano,”
sino una paz de orígenes
un ojo por el que miro y no que mira
una promesa de papel
lanzada a la verdad resbalosa
del chorrito de agua bajo el cordón.

****
Luego cuento las formas de tus manos
una esquina repetida
y un lápiz ausente.
Luego callo la forma de tus manos.
Y luego cuento.

*****
Si hubiese dormido ladrillos
sumas
gaviotas volviendo
si hubiese probado las espinas de esta fiebre
si hubiese dolido…

******
Ahora puedo elegirme entre las góndolas
comprarme, almacenarme
hasta próximo uso.
Ahora puedo destaparme, cerrarme, rasgarme con ansiedad, desecharme.
Ahora puedo probarme entera
no compartirme.

*******
Un día más acaba en que tengo que elegir:
ladridos o bostezos.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Lazos

Mensaje desde muy lejos, cientos de momentos que se agolpan en la mente con solo un mensaje de texto.
La desconocida Italia me manda saludos emigrantes con su verano que se acaba.
Y caigo una vez más en la cuenta de la suerte de tener dos mamás.
Nosotras cuatro vamos a ser siempre "las nenas", así pasemos los veinte, los treinta...
Seremos "las nenas" para todo aquel adulto que nos haya conocido de pequeñas y nos quiera de una forma especial. Seremos "las nenas" para todo adulto que nos vea como ese grupo compacto unido por la sangre y algo más.
Seremos "las nenas", tendremos dos o más mamás y lloraremos cada día las distancias.
Creo que siempre lo supe, pero hoy la certeza me golpeó aún más fuerte: los lazos de sangre son relativos.
Mensaje desde muy lejos, mi segunda mamá que me dice que me extraña y que cada día le cuenta a alguien alguna historia de "las nenas" de "allá de Uruguay"

lunes, 8 de septiembre de 2008

Handwriting4

viernes, 29 de agosto de 2008

¿Qué nos pasa, muchachas?

¿Por qué será que está lleno de blogs de hombres que atraen a las minas como moscas, y escasos blogs de mujeres con seguidores hombres?

¿qué nos pasa, muchachas?

A mi me da igual que me comenten hombres o mujeres, porque nunca tuve intención de atraer gente a mis comentarios, pero este fenómeno que veo por ahí me inquieta.

¿qué nos pasa, muchachas?

¿Somos fáciles de persuadir, de enloquecer con unas pocas palabras?

Quisiera creer que nuestras entradas superan las capacidades de alguna gente y que por eso no se aparecen en los comentarios.

Pensar que aún hoy hay minas que se derriten ante los versos de Gustavo Adolfo y, si no me equivoco, el pobre era un desdichado, insatisfecho al que ninguna le dio bola.

¿qué nos pasa, muchachas?

Pasa también que a veces nos subimos a la calecita sin medir de antemano las consecuencias y después nos sentimos culpables al vernos formar parte de toda esa masa de muejres como moscas atraídas a un plato con azúcar.

¿qué nos pasa, muchachas?

viernes, 22 de agosto de 2008

Si tuviera que odiar a mi tía... sería por mirar 'El Show del Mediodía'

Tras el cantito típico del "qué será será / la vida te lo dirá", prosigue el circo del juego.
- ¿Quiere lo que hay en la puerta número 1, número 2, número 3 o número 4?
Piensa cuidadosamente frente a un Cacho de la Cruz que hace caras a la cámara o bromea con algún chiste viejo y maloliente.
Decide, aún dudando y dice: la número 1.
- ¡Pero bueeeno! veamos qué te perdiste por no elegir la puerta númerooo... ¡cuatro!
Se pierde al morocho demasiado paternal con la alemana de dieciséis que vive al lado.
Le imagina las posturitas, los abrazos con segundas y esas incipientes entradas que pronto serán prematura calvicie.
Sonríe pero intenta no parecer contenta, se dispone a pensar nuevamente.
- Y ahora.... ¿se queda con la puerta número 1... o prefiere cambiarla por lo que hay en la puerta número 3?
El 3 siempre fue su número favorito, pero no cede.
- ¿Y por la puerta número 2?
Le da lástima Cacho, su necesidad de hacer el ridículo y el triste hecho de mantenerse en ese programa en el que lo han visto pasar cientos de generaciones. El inmortal y odianiños Cacho de la Cruz.
Esta vez cede.
- Ok - dice sin ganas. - Me quedo con la 2.
- Veamos qué se perdió tras la puerta núuumero uuuuunooooooo... ¡Opalalá!
Se pierde al pendejo que le manda mensajes de texto que la hacen caer de la silla, ese que le pone temitas cursis para que escuche y después le sopla el cuello como solo él sabe.
Sonríe molesta, incómoda. Pone cara de resignación. De todas formas no le sirve.
Queda una sola chance y ya tiene que volver a elegir. Esta vez se deja convencer de una y apuesta firme a la puerta número 3, diciéndose a sí misma que confiará en sus instintos.
Tras un nuevo cantito del "qué será será" de parte del público y más tonterías propias del show... se abre, rodeado de todo el misterio hipócrita posible, la nueva puerta, la 2, dejando ver lo que se pierde.
Se pierde al rubiecito más lindo y más complicado del planeta, la persona que uno ama odiar pero odia amar, aunque le es imposible. Ahora ríe, sintiéndose presa de una ironía de la vida o de ese juego estúpido.
- ¿Sabés qué, Cacho? Ni abras la 3, me quedo con el chancho.


[post muy uruguayo. 'el show del mediodía' es un programa que dieron por siglos y duraba eternamente todos los domingos. un programa 'para toda la familia', con un conductor desagradable y caduco. el juego de las puertas es lo más típico del show. los premios generalmente oscilaban entre electrodomésticos de regulares a buenos y un chancho. el misterio se alimentaba con un ruido de chancho de fondo.
perdón la falta de inspiración, esta idea prometía un mejor post pero se quedó por el camino.
por ahora me salvan los tréboles de cuatro hojas regalados con un: 'cuando menos lo esperes, tu corazón va a sanar']

domingo, 10 de agosto de 2008

Señales

Quién me manda a mí a darme cuenta de que, en menos de una semana, todas las cosas hablen de 'el Loco'. Será que hay algo en el aire que me trae esos días de regreso... Ni idea.
Ayer me leí 'El perseguidor' de Córtazar. No me gusta putear en el blog... pero bien se merecería esta entrada una puteada comparable a lo que sentí mientras devoraba las hojas chiquitas del libro.
Con mucho menos talento (apenas toca el piano decorosamente) y otras pequeñas diferencias, el Loco es otro del que conocemos, conocimos... tal como en la descripción que a veces se hace de Johnny Carter en el libro.
Lo peor es que las alucinaciones eran sin droga, sin absolutamente ninguna droga... y en vez de ponerse verborrágico vivía en silencio, ese silencio que no podía ser otra cosa que sus más interesantes discursos pero que nunca pude descifrar. Igual entablábamos muchas conversaciones en silencio, intercalados por frases sueltas, invitaciones absurdas y su empecinada memoria para los detalles que tanto me conmovía.
Leí ese libro y fue en lo único que pensé de principio a fin.

"(...)Me ha empezado a inquietar la cara de Johnny, su excitación. Cada vez resulta más difícil hacerlo hablar de jazz, de sus recuerdos, de sus planes, traerlo a la realidad. (A la realidad: apenas lo escribo me da asco. Johnny tiene razón, la realidad no puede ser esto (...) Pero al mismo tiempo a Johnny no se le puede seguir así la corriente porque vamos a acabar todos locos.)
(...) Otra vez me doy cuenta de lo difícil que resulta saber qué es lo que está haciendo Johnny. (...) Uno está mucho más fuera de Johnny que de cualquier otro amigo."

"(...)En cambio la diferencia de Johnny es secreta, irritante por lo misteriosa, porque no tiene ninguna explicación."

No podría haberlo descrito mejor. Nunca.
Ahora que he encontrado alguien más que puede poner en palabras esa realación extraña con 'un loco', ese personaje que, único a su modo, tiene su par por algún sitio, puedo quedarme más tranquila.
Y prefiero entonces pensar en las cosas buenas, en la tardecita aquella en el patio, tirados al sol entre nuestras cosas en que les leí el primer poema de mi nueva etapa, aunque ahora me parezca una cosa adolescente, insignificante y descartable. El Loco lo celebró abriendo sus ojos y murmurando palabras ininteligibles, quizás citando alguna cosa para enmudecer luego ante mis preguntas.
Recuerdo sus maravillosos escritos sin sentido, los estúpidos intentando encontrar mensajes subliminales y su cara de ternero degollado esperando paciente la hora de marchar, acaso mirándome cómplicemente sabiendo que aunque no entendía, comprendía.
Me quedo también en la tarde de martes en que con un entusiasmo nuevo me acercó "The dark side of the moon" diciéndome que me habían hecho una canción a mí, con mi nombre elegido. Y luego la sorpresa de encontrar allí mismo la canción hecha para él ("Brain damage", sin exagerar).
Y cómo todo se celebraba/agradecía/concluía con mi manía de la merienda a las 4.
Y su último halago, casi lo último que le oí decirme.
Y la casa con recovecos y el extraño jarrón del baño.
Y la madrugada roja con intravenosas de Tiersen en su piano, lo ojos desde la penumbra que me dicen: esta es para vos, mientras deja a Tiersen y se desangra con "Hello" y yo canto gritando hacia adentro... "don't try to fix me I'm not broken / hello, I'm the lie / living for you so you can hide".
Y pienso, cada vez, que algunas anécdotas las decoro o las invento (ya ni sé, me preocupa) porque todo se me empieza a hacer borroso, como si él mismo quisiera ser olvidado o la memoria me jugara una mala pasada y quisiera acercarme más a su condición, haciéndome creer que recuerdo a alguien que nunca existió.
Quizás las señales digan que es hora de cerrar este capítulo.
No prometo nada, por las dudas.

viernes, 1 de agosto de 2008

Desajustes

Estoy hecha un desastre, desajustada. Paso 28 horas sin dormir, me acuesto a las cuatro de la tarde, duermo hasta las diez, me levanto, como, me vuelvo a acostar a las cinco de la mañana y me levanto a las cinco de la tarde... de ahí en más es como un... elija usted mismo a qué hora acostarse, que puede ser una hora totalmente disparatada. Y las horas regulares, normales para irse a la cama, suenan también como disparatadas. Estoy de vacaciones.
Y salgo, disfruto el "no hacer nada" casi con culpa, exigiéndome a mí misma sucesos dignos de grandes relatos, pero nada. No puedo comparar al gordito que me vende el carnet para los boletos con "el tipo que canta", ni la concurrencia de la mediahoradecola frente al local, como los asistentes a una función cautivadora. Las vacaciones me banalizan.
Resulta que dejo de buscarle la quinta pata al gato, suspendo las lecturas (aún más, porque antes leía entrecortadamente debido a las obligaciones) y casi únicamente dedico mis días a dormir. Y esto, en mí, se debe tomar al pie de la letra: duermo mucho.
A la noche me desvelo, pienso en todas las cosas que podría haber hecho, pero resulta que parezco ser la única persona libre en todo mi círculo social. No tengo quién me acompañe a las huidas que planeo.
Pero qué diablos. ¡Estoy de vacaciones! Y eso me da un poquito de paz entre todo el desánimo y la náusea fatal del deterioro. Miro para atrás y descubro que no he parado ni por un segundo desde marzo. Agosto me recibe con un guiño, con una sonrisa casi perversa, como susurrándome... te tengo solo para mí por dos semanas, y acaso le sonrío y asiento, porque no tengo nadie más que me lo diga.
No me voy a ningún lado. Son de esas vacaciones para quedarse en casa mirando el fuego difícil de la estufa, sentada en el sillón en penumbras, acaso leyendo algún libro que aún no he adquirido. Me merezco las vacaciones, de eso estoy segura. Aunque los resultados no digan lo mismo, trabajé muchísimo este semestre... definitivamente me las merezco.
Y a las noches... James Taylor, el señor que me bautizó con su segunda canción del disco Greatest Hits de 1976. El disco pasa tres veces sus doce canciones antes de que el insomnio sucumba...

Acepto recomendaciones literarias... y les dejo algo que he hecho y me ha costado la vida (bueno, muchas muchas horas) pero que me ha gustado bastante: este video
(esperar que abra la ventanita y cargue bien)

jueves, 24 de julio de 2008

El tipo que canta

"Hoy tocan Jazz en aquel bar
donde no pude soportar
la quemadura que en mi boca hizo una verdad"

- La primera vez que lo vi sonreír, me pareció que tenía la sonrisa de un tipo difícil, sabés a lo que me refiero, de esos tipos complicados con los que después tenés más dolores de cabeza que navidades. Pero bueno, aún así la sonrisa era divina, cautivadora, ya sabés cuánto me atrajeron siempre los complicados.
La otra la mira sobre el borde del vaso, lo apoya sobre la mesa y se acomoda en la silla sin decir palabra, esperando el resto del relato que prometía ser, como siempre en esos casos, una descripción minuciosa y enérgica.
- Y esa voz... cantaba, canta, tan bien, lástima no pude quedarme después para decirle algo... aunque no hubiera sabido qué decirle. Esa manía de imitar los vientos con la voz... ah, me enloquecía, y los movimientos compulsos cuando sigue el ritmo de la música. No miraba nunca un lugar fijo, ni siquiera a alguna persona de las que allí estaban; cada tanto algún comentario a algún conocido, un guiño de ojo a la banda, pero nada más, pura concentración de ojos cerrados. Unos ojos casi sin pestañas, que abiertos eran dos puntitos negros brillando bajo la luz tenue del sótano. Cerrados, las pestañas cortitas dibujaban una línea casi recta al final de los párpados, que en varias canciones se mantenían cerrados por largo rato.
- Pero no me digas que todo esto lo sacaste de verlo el otro día en el toque...
- ¡Claro! ¿cuándo más? No te voy a decir que me enamoré pero...
- Pero sí, conociéndote...
Sin ánimos de retrucar tal afirmación, toma un sorbo de su bebida y continúa lo que parece ser un interminable relato de todas sus observaciones.
- Y esa barba de algunos días... en principio parecía nomás una suciedad en la cara, pero a contraluz... ¡ay! a contraluz era más un detalle sexy, cautivador, que invitaba a una caricia a pesar de las alergias y las cosquillas.
Su amiga pone los ojos en blanco y sonríe, resignada al hecho de que su interlocutora seguirá con las descripciones febriles.
- Qué más decirte, que esa pequeña porción de noche en este sótano fue solo eso, yo mirando al tipo que canta, imaginándolo en cualquier otro lado menos rodeado de paredes de piedra y minitas cool.
- Pero ¿era de esa onda...?
- No. Incluso creo que está casado, al menos luce sin vergüenza un anillo, por lo que pude ver...
- Como si el resto fuera poco...
Callan. El sótano esa noche espera música tranqui y ellas están nomás de paso para tomar algo.
- Yo no sé por qué me seguís dando pelota y esuchando estas cosas.
- Porque soy tu amiga, capaz.
- Sí, pero no lo hacés como una obligación, es como si lo disfrutaras a pesar de que siempre es lo mismo.
La otra la mira con algo de vergüenza, como si hubiera sido descubierta.
- Capaz porque está bueno lo que contás, no sé, historias que nunca son pero que vos vivís como lo más carnal y apasionado del mundo.
- No me queda otra...
- Tenés un amor en cada bar.
- Y vos uno en cada puerto, no te podés quejar...

domingo, 20 de julio de 2008

Retrato de un inmortal (parte I)

El Negro pasa el mate, amarguísimo, con espumita, delicioso, como siempre que se ocupa de la ronda. Tiene los dedos un poco ásperos por el trabajo pero la sonrisa firme y atenta al definir las vueltas, las cebadas pacientes que procuran conservar la compostura del brebaje.
El Negro solía ser algo tímido. Digo solía porque todos debemos saber de alguien que nos parecía tímido pero al conocerlo mejor nos damos cuenta de que solo era apariencia. Y las apariencias con él se han ido sorteando con los años.
Hace una pausa, apoya el mate en el termo y escucha atento a quien tiene la palabra en la ronda. Vuelve a su humilde rol de cebador.
El Negro es de esas personas amables y compañeras, que siempre están pensando en detalles que a otros pueden pasarles desapercibidos. Siempre se ofrece para dar una mano, siempre de voluntario para algo, siempre promete hasta lo que duda en poder cumplir, mientras sea para ayudar a otro.
Y se manda macanas, como todos, se desubica con sus expresiones de barrio, sus comentarios de calle, sus malas palabras. Queda pegado, no pierde ocasión de quedar pegado.
Y ahora, mientras me pasa otra vez el mate y le sonrío en vez de decir gracias (si se dice 'gracias' significa que ya no querés tomar más), lo veo con sus manos sacrificadas, su boca ancha y sus cejas extrañamente pobladas, lo veo casi a través del tiempo, comprendiendo con cada sorbo exquisitamente amargo del mate, cayendo en la cuenta de esa era de inmortalidad que hemos tenido hace unos años; todos nosotros.
Y aunque esa especie de escudo contra el mundo pasó de largo y nos dejó nada más que rutina, días y horarios apretados y poco tiempo para lo que verdaderamente importa, queda una estela del ser inmortales en el mate del Negro, en los ojos de cada persona en la ronda que espera su turno para hablar, que comparte codazos y risitas sofocadas y miradas que dicen más que cualquier palabra.
Quizás después de todo seamos algo inmortales todavía.

martes, 15 de julio de 2008

Mutis por el foro

No hay hombres a los que hacerle poemas. No importa. No hay ciudad que me acueste en sus letras. No importa. No hay canciones ya que me calmen, ni teléfonos sonando, ni gramitos de memoria para nimiedades cotidianas. ¿No importa?
Esta tregua que nos da el invierno sirve para que todo huela más a vacaciones, unas vacaciones que no tengo. Aún así, respiro el sol que entibia mi ropa las pocas horas que puedo alejarme de casa rumbo al sur, para que, durante el viaje, me deshabite la culpa y la radio me ocupe los rincones. Pero una radio llena de música y extravagancias. No tengo noticias del mundo.
No importa.
Y como estoy aislada, estresada, dolida, shockeada, conmovida, perdida, anestesiada, enloquecida, confundida.... y muchos etcéteras, no tengo mucho para escribir.
Por ahora me salvan esos viajes que planeamos, las huidas caprichosas con desconocidos y los futuros encuentros.




si quieren, pasen por acá

sábado, 5 de julio de 2008

Como vos...

.


¿Puedo usar tus pinturitas? Porque yo quiero ser artista como vos...

Sabrina (4 años)


miércoles, 2 de julio de 2008

Anónima

El invierno se llena de pronósticos. Es la estación donde una voz a la mañana puede alegrarnos o arruinarnos el día. Pero en estos días me parece que los pronósticos no solo fueran importantes para el estado del tiempo, para acordarme de llevar paraguas por si llueve o decidir entre un ligero abrigo y campera-gorro-bufanda.
Hay que andarse con cuidado, no sé decidir si los pronósticos determinarán en algo o no mi vida. Ese es el gran dilema. Puede que los pronósticos ayuden en las decisiones, pero no sé si en verdad solo hacen eso o determinan el día o los días sucesivos. Cuesta saberlo.
Pronóstico de estas noches: Invariablemente sola con inestabilidades, mejorando hacia las 4 que es cuando pica el sueño.
Pronóstico para cuando hablo con ellas: Soleado, cielo despejado, desmejorando hacia la despedida.
Pronóstico de fin de semana: Tormentoso, con precipitaciones, desmejorando considerablemente hacia el domingo. Temperaturas bajas y viento huracanado.
Pronóstico para el futuro: Densamente nublado.
Y esa certeza de estar siempre "como esperando abril", aunque caminar por Montevideo se parezca más a dar vueltas en círculos que a pasear por la ciudad. Me salvan esta vez las tazas de café y la lectura, que he retomado con un entusiasmo bipolar.
Pero la certeza se disuelve por ríos de cordura, de sentido común, se apiña en las venas de la realidad y me devuelve una imagen distorsionada de mis planes.
La certeza de ser hoy y por siempre anónima.

sábado, 28 de junio de 2008

Olorcito

Inspirado por Jor

Pasás, la mayoría de las veces con la guardia baja, y, quién sabe cuándo, te sorprende ese olorcito. Llega lejano al principio, te da tiempo a pensar que te lo estás imaginando, que es otro de esos recuerdos que te asaltan cuando menos lo esperás, pero no, después se empieza a sentir más cerca y buscás apresurada de dónde proviene.
Capaz te das cuenta de que sale del cuello del que va adelante, sin rumbo en particular, sin más apuro que vos.
No es olor a perfume, es el olor del abrazo, el olor rico de buena gente o, en el peor de los casos, de otro hombre.
Y girás la cabeza, procurás huir, sobrepasarlo, pero la masa informe de gente que tapia la avenida te lo impide y suspirás suspirás suspirás, mirás hacia arriba, más que siempre. Suspirás un suspiro que no pensabas que tenías.

"Mujeres que quizás / hoy no puedas pagar / cuestionan con sus labios la verdad / de que aún seguimos vivos"

Y no hay otra. El dueño del olor sin perfume se te borra de la cabeza pero el aroma queda prendido, como cuando le das ese abrazo al tipo que te arranca el sueño y él suspira frente a tu reloj de arena.

miércoles, 25 de junio de 2008

Estas tardes de frío.

Agujereo gritos que pintan llagas en mi boca. Porque el tiempo duele cuando pasa de una mano fría a otra, cuando se entrevera entre los pelos sucios de esas niñas en edad escolar que no van a la escuela.
Pero así y todo hay que seguir levantándose a una hora decorosa, hacer los mandados, ordenar lo ordenable, cumplir con exigencias domésticas e irse uno mismo domesticando, que de eso se trata la vida, cumplir horarios de clases y dejar tiempo para que luego no nos reclamen los amigos. Hay que hacer un par de llamados telefónicos al mes, revisar el gallito, evaluar las consecuencias de las peleas, las reconciliaciones y la lista de gente a quienes ignorar. Hay que escribr, escribir, tratar de anotar cada idea que viene porque así de frágil se va y se pierde y quién sabe si no la encuentra alguien por ahí y comete malapraxis. Hay que fotografiar cada viaje en ómnibus, cada clase monótona, cada caminata de punta a punta de dieciocho, cada viejito sentado en la plaza, cada paloma y cada bichicome.
Pero de todas formas el viento volará los cartones, despeinará lo indespeinable, matará de hambre y frío a los pobladores de debajo de los puentes.
Cada calle rumiará para sus adentros su mayor o menor desdicha, pero todas serán testigos de una vida encartonada y sola.
Pero así y todo hay que seguir escuchando absurdas propuestas en la tele, sabelotodos en las radios. A veces pienso que me salvan los balcones dentro de los que imagino mi vida a mi manera. Y a veces nada más me dan ganas de acompañarlas hasta la puerta de la escuela.

martes, 17 de junio de 2008

Manías

En clase las mesas son grandes y con una superficie blanca con tramas originalísimas de rayas, producto de los sucesivos cortes con trincheta que propician los alumnos sobre ellas.
Siempre me han parecido un lugar sumamente cómodo para trabajar y piezas codiciadas para mi inventario personal.
A través de estos tres años, he descubierto una manía que tengo con respecto a las mesas de clase. Siempre hago un despliegue excepcional de objetos, independientemente del uso que pueda darles para la asignatura concreta.
Hoy me detuve a pensarlo y contemplé a mi alrededor. En mi correspondiente "sector" de la mesa -en esa clase la compartíamos entre tres personas- estaban: mi pequeño bolso, abierto y un poco gastado, compañero y cómplice de idas y venidas, de glamour, lluvia y encuentros soñados; una enorme cartuchera, un tanto infantil, que quienes me conocen saben reconocer como mía; la agenda, objeto que alberga más manías (las listas de cosas pendientes, las crónicas de diversos sucesos); mi infaltable y casera libretita ovejanegra; dos revistas freeway, primero de estos objetos que tenía que ver con la clase; "Cartas a mi madre", de Sylvia Plath, libro que leo actualmente con estupor y entusiasmo; un gorrito de pana y unas cuantas impresiones de trabajos para otra clase.
Miro todos los objetos y sonrío. ¡Sufro tanto en las clases teóricas con bancos pequeñísimos!
Eso ahí en la mesa soy yo hoy, eso allí es mi estado de ánimo, mi pequeño mundo, mi historia, mi vida, de cierta forma.
Alguna persona observadora sería capaz de aprender y saber muchas cosas sobre mí estudiando esta maniática costumbre de desparramar mi ser en las mesas de la universidad. Imagino a alguno de los que me conoce sonriendo al figurarse que esto es fácilmente comprobable.

martes, 10 de junio de 2008

En la escuela

En la escuela
él era gordo
y yo fea.

Los piratas de la luz
esconden las alfombras
bajo las que uno siempre
barre
el polvo.

Los piratas de la luz
hacen un poco de ruido
por la mañana
a falta de gallo
y despertadores.

Esa costumbre de desván
me desolla los ojos.
Las fotos blanquísimas
las caras las túnicas los portones el camino los padres el kiosco.
Los barcos de los piratas
de la luz
me quieren lanzar por la borda.

Tengo una vida
tal vez no es mucho
no se parece
como debiera
a los dibujitos con crayola
pero aunque me falta
un perro fiel
y quisiera más horas
es mía.

Por las noches pongo trampas
para atrapar a los piratas
de la luz
a los fantasmas
de los roperos.
Los busco con ojos prestados
y propios
mientras los hombres saltan
de alma en alma.

Nunca consigo
atraparlos
(¡si supieran de mis buenas intenciones!)

En la escuela
él era gordo
y yo fea.

Mayo 2008

viernes, 6 de junio de 2008

sucesos y recuerdos

Cuando fui más grande, empecé a llegar tarde sola.
Un tarde que en realidad era temprano.
No había cosa más linda que caminar al amanecer por esa calle que de noche me aterraba tanto. No había cosa más linda que sentir el frío de la mañana recién consumada, sabiendo que pronto estaría en la cama, durmiendo al son de los primeros pajaritos.
Y los tacos, los ruidos de mis tacos retumbando en todo el barrio, reproduciendo el sonido de la libertad y el secreto de mi llegada.
Esas mañanas eran las más disfrutables. Eso de empezar la mañana sabiendo que esperaba el sueño me daba un placer irrevocable y de cuento.

"...tengo veinte años incumpliéndose en la esquina
la madrugada fría
acorralando el trote del desvelo..."

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Fue como la película 'Amelie'. De a ratos me partía de la risa, de a ratos lloraba como una tarada y al segundo siguiente volvía a descostillarme. Pero lloré, sí, como una tonta, con la intruducción a 'Recuerdo' y durante toda la canción. Me contuve en 'A las madres de mayo', 'Zamba del emigrante' y tantas otras, solo porque quería cantar.
Y lo tenía ahí, casi para tocarlo.
Es bueno saber que aún quedan quienes le canten a todas esas cosas que una quiere, con las que sueña o que tal vez le sucedieron. Es bueno saber que alguien desde detalles simples puede hacerte el día, hacer que te sientas la persona más afortunada del mundo.
La música me envuelve, lloro, río, amèlie, ismael, lloro, recuerdo, río, un muerto encierras, río más, javier bergia, reflejos perdidos, lloro un poco, caperucita, ismael que ríe, canta, sueña con nosotros, la cigarra, otra, otra, otra...
Y el vértigo que cierra la noche en que me es casi imposible pegar un ojo.

Gracias señores Ismael y Rodolfo Serrano, por creer que otro mundo es posible, por regalarle a esta insignificante muchacha un poco de vida en estas tardes muertas.

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Nuevo blog: La vida en un cassette.
Lado A y Lado B estarán hablando desde diferentes lados de la vida.

lunes, 2 de junio de 2008

Ya sé que no, pero...

Es raro cuando me emociona una canción o un poema sobre una pasión que nunca he sentido. Es un milagro que merece mi humilde reverencia, como dice 'C'.
Hoy escuché 'El tipo de la radio', de Tabaré Cardozo, hacía mil que no la escuchaba y me despertó las mismas sensaciones de la primera vez que la escuché. No me gusta el fútbol y sin embargo esta canción me eriza la piel.

"Estoy ahí
Ya se que no pero yo estoy ahí
Si el tipo de la radio me lo cuenta
Remonto en cada gol una cometa
Ya se que no pero yo estoy ahí..."
completa

Me pasó también hoy (no sé si será el día o qué) con 'La Niebla', el cuplé de Agarrate Catalina. Pero eso creo que le eriza la piel a cualquiera que tenga algún viejito querido cerca, así no sufra ninguna demencia senil, así goce de buena salud... simpre está latente el miedo al olvido y a perderlos en la niebla.

jueves, 29 de mayo de 2008

Hace frío

Ya no quedan tardes de bancos enfrentados ni libros sobre los que bajar la cabeza en los días de lluvia. Extraño esos paseos por 18, sola, con frío, mucho frío besándome la cara a falta de otros besos.
Extraño la calavera del tiempo pulverizada por el verano, las promesas de volver, esas escapadas a aquí y allá, siempre con el bolso en mano y las ganas puestas en la playa, las olas a la derecha, las noches cayendo entre planes, tortas fritas y alguna que otra excursión improvisada.
Extraño las dos o tres llamadas madrugadoras, la poesía venida desde lejos y las reseñas de bares de otros lados hechas para mí, de esas personas hiriendo la calle mientras me desangro en esta ciudad verde agrisada.
Por estos días gélidos pasa que me dan ganas de estar ahí, hablando o en silencio, como más te guste, pero estar ahí sin las náuseas y sin esa cosa de sapo de otro pozo que me da siempre, sin sentirme el centro pero tampoco la rara. A veces, sí, a veces nada más me gustaría ser una más, pero alguien especial contigo...
Quizás por eso no tengo más nada que decir y escribo estas cuestiones sin interés alguno. Pero pasa que no puedo dejar de verme en el pasado, paradita, frágil, al borde del abismo de estos días que vienen.
Y también pasa que hace frío.

martes, 27 de mayo de 2008

tres pájaros de un tiro

Esta es la entrada número 100.
Y aproveché para hacerla justo el día de mi cumpleaños nº 20.
También aproveché para hacerle una lavada de cara al blog.
Espero que les guste. Gracias a los que se pasan siempre por hacer que me den ganas de llegar, al menos, a este punto.
Mis historias, mis desengaños, mis miserias, mi imaginación con cara de niña y de vieja se han jugado todo en este rincón de significados.
Gracias al que se la juega desde su pequeño espacio, desde los comentarios, gracias por colaborar a que cada vez más gente crea que otro mundo es posible.
:)

domingo, 25 de mayo de 2008

Aún hay cuerdas

Los resabios de una náusea adolescente se estrellan contra esta marea inservible de recuerdos. Tengo en las manos nada más que un manojo de posibilidades, casi formulitas de acción para esas situaciones boludas que cada tanto se presentan.
Arriba de aquel bondi interdepartamental no sentí náuseas, pero ahora que revivo las escenas me da algo más que eso. Y ni siquiera era tan adolescente.
Ahora, como entonces, hago listas y listas y listas y me gusta tachar lo hecho, garabatar lo anulado, subrayar lo pendiente. Hago listas.
Con eso me conformo; no salgo a la calle a buscar nuevas aventuras, nada más los puñaditos de letras unas debajo de las otras, esperando ser constatadas, tachadas, borradas, subrayadas.
Capaz en la calle me espera el príncipe, algún amigo de otros tiempos, las voces de los que perdí, fui dejando en el camino, las tardes de bancos de plaza, de confesiones estúpidas, de niños que no eran míos. Pero toda esta infancia que me arde en la cara, toda esta ironía cruel de la inundación me devuelve a aquella cita a ciegas y me quedo sin saber qué me depararía salir.
Todavía hay algo que me ata a esta niebla de inseguridad y frío.
La náusea misándrica viene ahora, recién ahora, cuando es demasiado tarde.

miércoles, 21 de mayo de 2008

Microrrelatos2

Los últimos dedos, los anulares y los meñiques de sus respectivas manos dejaron de tocarse. La despedida.
(17 palabras)

Los perros ladraban la señal de aquella noche. La lluvia removía el escondite.
(13 palabras)

Tuvo tres horas para despedirse. En el último minuto recién dijo 'te quiero'. Ella dijo: yo no.
(17 palabras)

Ella llegaba una hora tarde y él tenía una lista de insultos que propiciarle.
-Perdón, ¿hace mucho que esperás?
- No, recién llegué.
(22 palabras)

El marcapginas cayó al suelo, donde años después abrirían esa página de su vida.
(14 palabras)

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Peores microrrelatos que la última vez, creo que porque no estuvieron bajo el efecto del té de durazno. Me gustaría que alguno dejara el propio, o aportes para mejorar estas absurdas líneas.

jueves, 15 de mayo de 2008

las tres manzanas.

Interrumpió su larga charla aquel saquito de huesos que se acercaba a ellos cruzando la plaza. Brotó entonces la paranoia citadina, quizás con más fuerza porque M, siempre lo dije, es un gaucho nacido equivocadamente en Montevideo y V directamente no es de acá. Volvieron sus cabezas, se hicieron los tontos, presintiendo el "mangazo" del desconocido. Pero este los sorprendió llamando a uno por su nombre: ¡"V"! De a poco se fueron reconociendo, más bien V fue reubicando en la cara de aquel mendigo la de un viejo conocido de sus pagos.
Se saludaron un poco más efusivamente, M miraba de lejos el panorama, callado, intentando ver en ese rostro sucio y demacrado alguien que creía también concoer de algún sitio.
La vida lo había cambiado. Supuestamente, según me llegó, unas decisiones de búsqueda personal, complementadas con viajes, privaciones y delirios. La historia me hizo acordar a los ascetas con los que pasa un tiempo Siddharta en el libro de Hesse.
Hacía tres días que no dormía pero sus ojos desorbitados revelaban una excitación más digna de litros de café que de falta de sueño. Tenía una energía que contradecía su aspecto, había vivido en la calle durante un buen tiempo, siempre persiguiendo alguno que otro sueño o buscando poner en práctica sus filosofías absurdas.
Habló con ellos un buen rato. Por momentos parecía estar bajo los efectos de alguna droga, por momentos sus frases eran totalmente lúcidas y develaban interesantes cuestionamientos y propuestas existenciales.
Al cabo de un rato, sacó de su breve equipaje tres manzanas.
- ¡Justito! Tengo tres manzanas, una para mí y una para cada uno de ustedes - comprobó con admiración y regocijo, los ojos brillándole como un niño frente a un regalo.
M y V se miraron incrédulos, constatando el milagro de la casualidad y el gesto que decía más que lo que estaban viendo y oyendo.
Al cabo de más tiempo (el tiempo en la plaza transcurre distinto que unos metros más allá, en la calle) llegó a su encuentro una muchacha.
El mendigo se había ido en su viaje de búsqueda sin avisarle a su novia y hacía mucho tiempo que no la veía. La muchacha, también compañera de pagos de V, vive con él en el hogar estudiantil. Las caras de todos, al verse y reconocerse, fueron dignas de retrato. Esa puñetera certeza de sabernos en un mundo tan pequeño, lleno de casualidades, siempre nos golpea en la cara.
El mendigo y la muchacha se besaron, se abrazaron, él lloró un poco. V y M se mantuvieron algo alejados, mirándolos, cada cual con las frases del otro revoloteando en sus cabezas inquietas.
La muchacha se recompuso del encuentro y los miró a todos, todavía incrédula.
Con un gesto brusco, como disculpándose por un olvido, abrió su mochila y sacó algo.
- Miren, traje una manzana.

lunes, 5 de mayo de 2008

Poema de otro

A Francisco Benjamín

Cuando niño
aprendió
a contar
no con gemas
ni con dedos

Aprendió
a contar las
transparencias engranadas
que habitaron
desde siempre
(como la humedad)
las paredes
de su casa

Eduardo Borjas Benites

[ Publico aquí este poema de mi amigo Eduardo, de Perú, a pedido suyo y porque me pareció muy tierno. Ya tendré permiso para publicarle algunas otras cositas que tiene por ahí, realmente maravillosas.]

miércoles, 30 de abril de 2008

Pequeña apreciación sobre un sonido

Lo que realmente me molesta son sus zapatos, la forma en que taconea.
Ni yo cuando me pongo tacos hago tanto escándalo.
Parece un cruel afán por hacerse notar, de forma agresiva y sin retribuciones.
Me molestan los taconeos ¿ya lo dije? los taconeos con zapatos bajos, eso me parece lo peor.
Navegan por la casa, se hacen notar, opacan todo destello de ternura que pueda encontrarse más arriba.
Retumban, resuenan, se presienten, se intuyen desde lejos, se acercan, te espían en su sonido molesto.
Tacos, tacos, tacos de suela dura en zapatos bajos, masculinos tacos, diminutos tacos, molestos tacos.
Toc, toc, toc, toc, toc, toc.
Pares.
Su andar sin rumbo exacto con tacos por la casa.

viernes, 25 de abril de 2008

Té de durazno

- vamos que le curo todo - dijo el curandero.
- ¿también el raspón en la rodilla?
- no, eso no.
(17 palabras)

hoy soñé que te soñaba y cuando desperté me soñabas en tu sueño.
(13 palabras)

me dijeron que si me repetía iba a morir. me dijeron que si me repetía iba a morir.
(18 palabras)

el claustrofóbico no sabía que su trabajo en el circo sería de escapista.
(13 palabras)

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Microrrelatos bajo los efectos del té de durazno. En cuanto tenga más empezaré a hacer como con los unitarios. Se harán a pedido.
Aquí dejo algunos que me gustan de otros autores.

El soplo dijo sí y fue la vida. Y no hizo falta la palabra.
ALBA OMIL (Argentina): “Génesis” (15 palabras)

Es fácil juntar de nuevo a Los Beatles. Sólo se necesitan tres balazos.
ORLANDO ENRIQUE VAN BREDAM (Argentina): “Graffiti” (14 palabras)

—Rápido —dijo—, arrojad a ese río las cenizas del Fénix.
ANTONIO CABRERA (España): “Corazonada” (11 palabras)

En Sumatra, alguien quiere doctorarse de adivino. El brujo examinador le pregunta si será reprobado o si pasará. El candidato responde que será reprobado...
JORGE LUIS BORGES (Argentina): “El adivino” (26 palabras)

jueves, 24 de abril de 2008

Versos ajenos

Solía buscar una frase
apenas un descuido de otra boca
y robar los versos
para ponerles tu nombre.
Andaba mirandoté
pensando
pensandoté
un poco
nomás
buscando las puertas abiertas
que desperdiciaran un poco
del calor hospitalario de algunos bares.
Y pensandoté en la lluvia
bajo uno de esos faroles
que no existen
que el pobre se encuentra
en su repertorio de tango
y lo pinta para llorarte
fumarse un cigarro
tal vez conversar
con el espíritu de la vieja.
Pero no tuvo más remedio
que acabar
como tantas otras veces
en el círculo mojado
del fondo de un vaso.
Tatuándose en el codo las llagas de tu nombre
y el mostrador que sirve otra botella.

Abril, 2008

[a pedido de Camu, va este poema]

domingo, 20 de abril de 2008

Foto

- Cuando te saqué aquella foto no eras tan fácil.
Ella se voltea y se le ilumina apenas la cara al ver esa imagen que pareciera sacada de uno de los álbumes que guarda bajo la cama como tesoros. El mismo rostro limpio y un tanto puntiagudo, los ojos profundos, la sonrisa de costado y las cejas pobladas.
Ella nada más sonríe un poco, disimulando su sorpresa y el corazón que da pequeños saltitos.
Se saludan, se saborean apenas en un beso de viejos amigos, se escrutan en silencio, se vuelven a sonreir.
- ¿Qué andás haciendo por acá?
- Lo mismo de siempre- dice él vagamente - corriendo alguna cosa interesante para ganarme unos pesos. Ahora estoy en la prensa.
Obvia notoriamente devolverle la pregunta, pero flota dolorida en el aire.
Ella le ofrece un cigarro que fuman a medias, en silencio, nada más viéndose de reojo con un poco de vergüenza y ganas contenidas de tocarse.
Aspiran los últimos hilos de humo y se enfrentan cara a cara. Ella entrecierra los ojos y hace un gesto mientras revuelve la cartera gastada que le cuelga del hombro. Al fin saca algo doblado y manoseado que le pasa con una mueca de ternura y nostalgia.
Él ya sabe qué encontrará cuando abra el papel, pero aún así deja que la foto lo haga viajar en el tiempo y detiene sus ojos en aquella piel un poco bronceada y la sonrisa amplia pero tímida de la muchacha de la foto, que ahora tiene que buscar con bastante dificultad en la que tiene en frente.
- Qué tiempos - dice como si la frase le pesara, le doliera, le quemara la garganta. El ácido de unas lágrimas le enrojecen los ojos y procura mirar a lo lejos y luego bajar la vista para consultar el reloj.
-¿Ya te vas? - pregunta ella tranquilamente. Los años, las andanzas, las experiencias, su trabajo, todo la ha hecho una experta en retener sus emociones. No puede demostrar con su cara cansada y su cuerpo gastado que lo único que quiere es que se la lleve lejos.
- Tengo que trabajar - se disculpa, quizás como tantas veces lo había hecho antes, cuando esas pequeñas frases comenzaban a abrir el abismo que ahora los separa.
El 'yo también' de ella volvió a quedar impronunciable pero presente y pasaron unos minutos más mirándose en silencio.
- Vamos conmigo - le pide él casi sin querer.
- No, no puedo.
Y con una última mirada de mutua lástima, cada cual se va por su lado.
Él piensa que la facilidad sigue no siendo lo de ella a pesar de su trabajo.
Ella piensa que la persuasión sigue no siendo lo de él a pesar de su trabajo.

miércoles, 16 de abril de 2008

PREMIO

He recibido este premio de mi querida amiga Jor. Un honor, amiga, muchas gracias. Los que me conocen podrán adivinar que eso de "poetas del corazón" no sé si me cabe mucho, tal vez un poco cursi para mí, pero este premio lo tomé como un premio de alguien a quien quiero y respeto mucho y se lo daré a personas cuyos blogs me son indispensables y de cuyas palabras disfruto. La idea es dárselo a cinco personitas o blogs. Aquí van:

[Mismamente] - Yomismo hace que lo cotidiano, los amores a primera vista en los que nunca he creído, los viajes en ómnibus, la lejana Madrid y el roce cercano de una piel querida parezcan las únicas cosas que existen en el universo. No sé si poeta del corazón, pero se merece un gran premio de mi parte.

[Meirlauquen] - Meir y sus haikus le dan un toquecito de frescura al día, cuando me siento con mi café dulce a leer los blogs de siempre. Y siempre tiene un poema improvisado para regalar que lo dota de una voz especial.

[Sin documentos] - Irina, no es una poeta del corazón y le queda un tanto cursi este premio, pero quería darle uno por ser de los blogs que leo con más interés y del cual espero ansiosa sus palabras, sus oleadas de realidad y de visión crítica y poética de la vida.

[El blog que nadie lee] - Xaj y sus variadas palabras que cada vez me llegan más, me divierten, me empocionan o hacen que me den ganas de cruzar el charco y abrazarle o darle unas palmaditas a esa mujer para que se despierte y lo vea.

[Brindo por Nosotros] - Imposible no devolverte el premio, amiga, esa sensibilidad que te rodea es encantadora. Espero se concreten los intercambios, las visitas, las plazas y las fiestas, la gran fiesta de hacer realidad las cosas.

domingo, 6 de abril de 2008

Huesos

Cuando se dice
calar hasta el hueso
no se dice el hueso
como cosa cierta
se dice
nada más
ese preámbulo de nada
de profundidad hundida
de cadáver latente
que el dolor apremia.

Cuando el esqueleto siente
ya no hay vuelta atrás
no hay un remedio
ni siquiera palabras
que son cosas que no existen
tienden a anestesiarnos
ni las moscas
que se aprovechan del residuo
ni las lápidas que imitan
un lecho confortable
nada puede
revertirse.

Nada que acumula el polvo
de los días
y de tu engendro sabio
paciente
iluso comprador de antigüedades
de flores sin sabor a plástico
sin uñas.

Por eso digo
que el espectáculo de ese dolor
que trasciende la carne
ilumina desde el primer acto
se lleva en las venas del otoño
prendido
como el ángel de las cavilaciones
como la sequía crónica de algunas gargantas
y se deja
se deja mimar cual perrito faldero
o nos hace creer que es tiempo
de tomar las valijas e irse
pero no
o tal vez
quién sabe
tal vez la cuerda resista porque algo queda
de esa naftalina para el invierno
y los males de siempre
que anule una condena
y el esternón aguante una caída más
o infinitas
y los huesos húmeros
decía el poeta.

Abril, 2008

miércoles, 26 de marzo de 2008

Tabú

Tabú es el juego donde algunas palabras están prohibidas. Se debe intentar mantener una conversación relativamente normal pero evitando mencionar determinadas expresiones. A su vez, como ganar no basta, hay que intentar hacer perder al otro procurando que este diga las palabras tabú.
No es fácil. Requiere de una habilidad tanto para manipular el inconsciente del opuesto como para controlar el propio, evitando que otros nos hagan caer en involuntarias expresiones.
No es fácil. Menos cuando las palabras tabú constityuen nuestro vocabulario cotidiano y se dicen casi sin pensar.
No es fácil. Menos cuando en algunos casos su significado no parece ser de tanta importancia y se descubre que en el juego toma un rol importantísimo e importante es también evadirlas.
No es fácil. Menos aún cuando deja de ser un juego y es la vida misma y las palabras duelen.

lunes, 24 de marzo de 2008

a prueba de agua


Abrió WATERPROOF, mi nuevo blog.
Lo inauguré con el chaparroncito del otro día ;-)

domingo, 16 de marzo de 2008

"aquí he vivido"

Poco a poco fueron aprendiendo a medir las palabras, a contabilizarlas, a administrarlas en dosis pequeñas y efectivas para que, de alguna forma, no se perdiera la magia.
Fueron aprovechando los medios de comunicación, extendiendo redes pero cuidando cada vez más el anonimato, menguando las extensas declaraciones de idolatría el uno al otro, intoxicándose de temas predefinidos para desarrollar en sus conversaciones.
Y al final todo se convirtió cada vez más en un juego, como si no lo hubiera sido hasta entonces.
El tiempo: un cómplice más en esa tela que se iba tejiendo entre palabras, miradas a distancia, renglones con garabatos, insomnios y elegías a patrias ajenas.
La ciudad caía en el mismo letargo que esa relación cansada. Dormía de a ratos, algunas veces con un ojo medio abierto. Había que cuidarse.
No había tiempo para finales, para sentencias rotundas, para que alguien levantara la mano, pidiera la palabra y se cayeran los años del idilio en un segundo. Nada más los días, los meses, extendiéndose como chicles, desvencijando toda intención de absoluta sinceridad. Quizás la costumbre.
Y por ahí unos gramitos de culpa, de pesadez, de miedo a la traición, siempre enamorándose de versos ajenos, de desconocidos que agujereaban sus sueños con la punta del cigarro, como en aquel poema de Eliseo Diego. "Aquí he vivido"

[nota: sus hermosos comentarios los leeré en una semana. no quería irme sin dejar algo en este rincón de significados]

jueves, 6 de marzo de 2008

Violín

El camino torcía y la lluvia me obligaba a seguirlo para permanecer bajo techo. Los charcos me hacían zigzaguear y mirar hacia abajo, pero algo que llegó a mis oídos llamó mi atención y levanté la vista.
Allí sentado estaba él, con esa inconfundible ropa de desconocido, el pelo cubierto de canitas alegres y apenas una mueca invariable en su rostro. Acomodado bajo el mentón y sobre el hombro sonaba un violín, acariciaba una música extraña que invadía el espacio y que el ruido de los autos no dejaba llegar hasta la plaza.
El nombre de aquella galería calzaba perfecto en la figura del hombre solitario y pasivo, escudriñando la nada con una música particular, quizás pidiendo de la vida nada más que unas monedas, no para saciar hambres y darse lujos, sino más bien para reconciliarse con ese placer de estar en el mundo y tocar el violín.
Quién sabé cuánto tiempo habría pasado desde aquella primera vez, probablemente con manos torpes e infantiles, en que habría de tensar las cuerdas y oler la madera.
Recuerdo que pasé bastante rápido a su lado, apresurada por la lluvia y el fracaso, no reconocí la música pero los sonidos me golpearon el pecho y al fin percibí la tarde derrumbándose, como aquella pequeña gran alma junto al desconchado violín.
Y así siguió la música, marchita y solemne, acompañando el olvido de quienes al fin doblaban la esquina y se perdían entre la gente, al comienzo de la avenida.

martes, 4 de marzo de 2008

Haber sido

Empobrecimos el ruido de la lluvia
con silenciosos pasos en la arena.
El sol ausente hizo las huellas,
entretejió una noche con mis tripas
y mi cansancio y mis pequeños puentes
y mi extravío.
Sin saber qué me gusta
o qué aprendo a tolerar
o qué es mera suerte
o qué es hechizo.
Y sin saber por qué me asusta la casualidad de una mirada
o asumir muy brevemente
que soy cierta,
que anochezco desesperadamente.
Este amasijo de ganas,
de inconclusos,
de tener y no tener el vino en la garganta,
de ser defraudada por mis previsiones
y el alcohol.
Este aventón de esperar lo muerto
y lo prohibido
y lo que probablemente haya sido
sin darme cuenta
y no vuelva
ya no vuelva
a ser.

miércoles, 20 de febrero de 2008

Límites

Los segundos lugares
tienen ese olor nefasto
del fracaso.
Hay una herida pendiente,
una puerta que cubre,
con su esencia de límite,
el rincón perfecto
donde bajar la cabeza y tragar
gota a gota
el orgullo.

Sólo queda
el beneficio de la duda
como una mueca perversa,
como una farsa de milagro,
como una llave para esa puerta
que eleva un abismo
entre tu dicha y la mía.

martes, 12 de febrero de 2008

Merienda

Llegó la tarde. El hambre repartido en dos o tres momentos del día hace eco en sus estómagos.
Él se incorpora, mirando tranquilamente la avenida en hora pico, con los movimientos propios de quien no espera nada.
Pasa delante de ellas hacia el montoncito de equipaje en que consisten, tal vez, todas sus pertenencias. Debajo del rollo de polyfom hay un nylon duro, doblado al medio, que protege cuidadosamente el trozo de pan, como un envoltorio sagrado. El hombre arranca cuidadosamente un pedazo de flauta y mira el que queda sobre el nylon, casi como midiendo si este coincide con el hambre que deberían atender luego.
El sol ya no calienta sus trajes grises. Un espeso viento va enfriando la tarde.
Vuelve a su lugar en el escaloncito junto a las otras dos y convida a la pequeña con la merienda.
La mujer, mientras, revuelve buscando no sé qué en una cartera gastada, como si en ello se le fuera la vida.
La tarde se va entre menúes repetidos y gente corriendo los ómnibus, desesperados por volver hacia algún sitio.
Ahora, mientras llueve, pienso en su equipaje y en las migas de la cena.

sábado, 9 de febrero de 2008

cuaderno de anotaciones IV (compilado de verano)















































He aquí un compilado de algunos dibujos del verano, durante mis vacaciones. No son ni representativos de lo que he hecho, ni nada, pero se me ocurrió compartitrlos. Los asiduos, si quieren, pueden elegir uno para un futuro regalo de mi parte. ;)
Click en las imágenes para ampliar.
También están en Imagelog

Misándrica

Aveces, simplemente, no hay expectativas. Y uno se mira al espejo con la misma cara cada día, incluso si es el último.
A veces lo mejor es entregarse a la suerte y no prepararse para esquivar futuros golpes, pero la lluvia estimula esa apatía absurda.
Lo empañado de los vidrios va mojando las pocas ganas de concretar algunos asuntos. Las horas vuelan, las manos se cansan de sostener cabezas que se pierden en el ruido de una ciudad abandonada.
Casi hace frío. El día se llena de "casis" y esquinas amenazadoras.
Y de nuevo esa sensación de que a veces, simplemente, no hay expectativas.
Se hunden los años de repente, todos estos años que acumularon fracasos y esperas. Al fin gana la apatía y se cierra el portón. Y ella escribe algunas líneas en un papelito arrugado, como firmando una carta de despedida:

Sé que en parte todo es mi culpa. Me empeño por que se acaben los recursos, me fijo minuciosamente en los requisitos, necesito que se cumplan todas mis reglas y si queda sin tachar algún punto de la lista: ya no sirve.
Quizás un día me encuentre el más imperfecto de los hombres y así rompa el hechizo que me ata a este idealismo. O puede que no. Puede que me encuentre un día tendida en una cama vacía, en medio de lo poco que he construido.
Pero sé que en parte tengo la culpa.
Creo que prefiero ignorar los motivos, creo que prefiero acallar mi razón y perderme en la incertidumbre. Al menos por esta vez.
Y así quizás dé el primer paso de mis ùltimos días, pero ahora sí, conscientemente sola.

La lluvia dicta algunas verdades al oído. La tormenta se espesa hacia el norte, donde los sapos salen a relucir sus cantos viscosos. Está tan frágil el día. Hasta los sapos apuestan al smoking verde y ligan algo esta noche.

miércoles, 6 de febrero de 2008

A primera vista

Tenía sus opiniones formadas al respecto, sostenía sus argumentos con firmeza. A pesar de eso, había algo que contradecía sus ideas: la sensación que tenía al escuchar las historias que algunos hombres contaban.
No creía en el amor a primera vista. Definitivamente le parecía algo tonto, digno de alguna canción barata, de una mentira para un piropo o simplemente una excusa para elaborar esos textos que alguna que otra vez, no podía negar, la habían cautivado.
Estaba lleno por ahí de historias de chicas y metros, de perfumes que se quedan prendidos por años, de tipos desesperados esperando volver a ver aquellos ojos, de rutinas de paseos y atentos admiradores, de calles inmortalizadas con encuentros casuales. Pero eran solo historias.
El amor a primera vista no existía para ella porque, simplemente, no podría nunca llegar a ser amor. Su cumbre de ideales le soplaba siempre al oído una infinidad de argumentos con que derribar esas farsas. Pero las historias seguían allí, seguían apareciéndosele en las noches de insomnio, seguía envidiando a aquellas mujeres que desprendían misterio, signos de interrogación tras sus rostros y que eran queridas, idolatradas por hombres que decían ser buena gente y les dedicaban canciones y aparatosos escritos. Ella bien sabía que esas cosas no pasaban.
Un buen día tropezó camino a clases con un desconocido y vio en sus ojos mucho más de lo que en años podía haber descubierto en alguna gente que la rodeaba. Entre frases torpes de disculpa y manos apuradas para no llegar tarde y a la vez enlentecer el mundo, se olvidó por un momento de las listas de refutaciones y desengaños. Supo que no podría dejar de envidiar a aquellas mujeres, destinatarias de amores en secreto, pero supo también que ahora estaba del otro lado.
El dueño de aquellos ojos apenas interpuso las típicas frases de cortesía y marchó con sus libros hacia alguna parte.
El primer síntoma no la afectó sino hasta entrada la madrugada, cuando se descubrió a sí misma imaginando qué camino habría seguido, cuál sería su rutina y tomando un pequeño papel para hacer una ilusoria declaración de amor.
Justo antes de dormirse, sonrió sintiéndose un poco patética y recordando aquella frase de Serrano sobre los amores a primera vista: "¿es que acaso hay otros?"

miércoles, 30 de enero de 2008

Umbral

No vi amor en aquel umbral. Nada más unos gestos apurados y nerviosos, una escena demasiado joven para la joven noche.
Presencié sus manos de a ratos atrevidas y sus ojos cerrados casi por regla y pensé en ellos más allá de ese momento.
Lejos, habrían otros, un mundo al que quizás poco le importara su efervescencia casual, sus ganas de explorarse, sus promesas al viento.
Todo lo que tenían era un ratito en la noche, a los ojos de la plaza amurallada y de todo aquel que pasara o esperara el ómnibus en la parada, para decirse cosas sin palabras.
Y la noche les acariciaba con su humedad sangrienta, regalándoles algo de oscuridad para anestesiar el pecado. Probablemente tuvieran algunas bajas, profesores culpables de su desdicha o quizás ella fuera la mejor de la clase y él planeara raptársela algún día y hacer que le pusiera cuernos a los números. Nada sé.
Sólo que no vi amor en aquel umbral, nada más una inocencia con hambre, unos torpes alumnos de la vida con ganas hormonales de aprender.

jueves, 24 de enero de 2008

Espera

Se sentó y, frente a la pantalla, removió con las puntas de los dedos el resto de delineador que amortiguaba su mirada. Ocupó varios segundos en esta tarea que le ayudaba a conservar la calma mientras esperaba que del otro lado aquella voz invisible la rescatara del naufragio.
Como tantas noches, releyó repetidamente algunas cartas, comprobó que todo estuviera en orden, intentó distraerse con asuntos varios y volvió al blanco en la comunicación que pretendía se prolongase por horas.
Acarició sus propios pensamientos y se dio cuenta de la falta que le hacía ese rato virtual en el que se mezclaban acentos, pieles imaginadas, algunos versos ajenos, las voces de tantos que los precedían y sus propios miedos y ansias y sueños.
El resto de su vida era una tormenta sin norte, una absurda colocación de días y momentos sucesivos. De a ratos le asaltaba la idea de huir, de meterse en cualquier barco y escapar como polizón del veneno de la ciudad, de las horas interminables de clases, de los naufragios de otros, del viento que apenas movía las cortinas, de los sabios que de tan sabios mataban la libertad.
Algunas luces parpadearon. Falsa alarma.
Colocó los pies sobre la silla, con las rodillas aplastadas contra el pecho, comprobando que cada vez era menos el resto de negro debajo de sus ojos. La madrugada imploraba respeto, delataba a quienes estaban fuera de sus camas para simplemente dejarlos morir en la negrura de la cita en vano.
Más al sur, algunos estarían comenzando el ritual urbano de divertimento popular, alguno que otro el ritual de apareamiento, mientras que los parias bailarían solos por el resto de la noche.
Allí no había ni bailes ni diversión, solo el ritual comprometido de la noche, que siempre se hacía inhóspita hasta que iniciaba la comunicación, hasta que él llegaba con algún verso de Hernández o Juarroz como recién arrancado de un campo de flores.
Pero nada pasó. La mañana la encontró con un poco de negro chorreando por las mejillas, recostada contra un escritorio cansado. Un nuevo día que atentaría contra su paciencia y su esperanza, una nueva oportunidad de llegar entera a una noche que esta vez, no prometía nada.