lunes, 17 de mayo de 2010

Metacuerpo

"puedo hacer canoas de papel
y llevarte a los lagos del sur
(no es tan lejos)
y mientras espero ya sabés,
preparé tostadas otra vez
(ya son miles)
nos leímos cuentos al dormir,
fuimos inmortales,
fuimos, si"


Canoas de papel - Valentin y los volcanes






Me sorprende una canción mientras cabeceo en un ómnibus de regreso. Sonrío porque alberga mi pseudo-sueño, capricho desde hace un par de años, y pienso en las tres o cuatro personas que prometieron llevarme. Todos con motivos, excusas o intereses diferentes, yo con un sólo objetivo en mente, importándome parcialmente el tipo de compañía, pero disfrutando de todas maneras de esas promesas que nunca se concretaron.
Ya son miles, sí. Pero poco huelen a tostadas los días que mato en pos de cualquier asunto trascendente.
Dejo de cabecear y continúo prestando atención a cada palabra articulada por esa voz quebradiza (se me ocurre que tengo debilidad por las voces quebradizas). 

Pienso en mi cuerpo. Extiendo mi cuerpo desnudo en mi mente, los brazos finos, las piernas cortas, mi espalda engendrando un mar pequeño de posibilidades. Noto las venas aparecer bajo la piel sumamente blanca, esparcirse subterráneas y atentas, dictándole caminos a seguir a cualquier mano. Pienso en mi cuerpo como pienso en el frío. Pienso en mi cuerpo como pienso en un miércoles. Pienso en mi cuerpo como pienso en las promesas no cumplidas, como pienso en este viaje de vuelta que me devuelve a la cotidianidad infecta de mi cuarto.
Pienso en mi cuerpo, en haber sido inmortal durante cuatro minutos mientras cambiaba de pieles, una tras otra sobre el escenario improvisado, en un vértigo público y tambaleante. Mi cuerpo en la cuerda floja de la aprobación. Mis brazos que me desenvuelven y se extienden hacia los costados y dicen que sí, que también soy esto poco que soy, con el coraje de nunca, la ingravidez de jamás, los poros hacia afuera soportando el frío.
Proyección de luz y secciones, como cortes de carne, a, b, c, d, g, h, k, s... mi cuerpo-metacuerpo, de espalda diminuta y omóplatos silenciosos seccionado bajo la lupa. Y es algo más bajo la lupa, bajo la mirada de otros. Mi cuerpo artefacto.

La canción termina y vuelvo a sonreír. Mentalmente me reconozco cada parte del cuerpo y pienso en el sur.
Y los días se miden en si les encontramos formas a las nubes o no, vos y yo.

jueves, 13 de mayo de 2010

Noches sin sueño en otra voz

"Tenés una dualidad perfecta entre mujer y niña, entre dramática y objetiva; estás mal, pero te doy ternura. Eso a la gente normal no le pasa, sos única."


Diálogos con un hombre de metal.



«M:
Quizás el hombre de metal tenga razón, aunque eso que me contás en tu e-mail tan gracioso (por la gracia que le ponés a todo lo que hacés, aunque además tiene cierto toque de humor) te parezca algo tonto y en vano. Lo que hiciste da cuentas de esa perfecta mezcla entre mujer y niña, recorrer la ciudad cual francesita enamorada pegando carteles a  un desconocido. Ojalá alguien lo hiciera para mí.
Hay cosas que no están bien, M: la imbecilidad de la gente, la xenofobia que nos vuelve más pobres cada día, la crisis mundial, mi vecina que quema las hojas secas a las tres de la tarde, el supermercado que pasa una música horrible a todo volumen y no te deja escuchar ni tus propios pensamientos.
Pero vos estás del lado del bien, del lado de las algas cuando acarician los peces, del lado de las llamas tibias, llamas que no queman, sólo dan calor. Todos somos tan poco sabios y nos creemos tanto. Apuesto a que cualquier desconocido se escandalizó tiernamente en el contorno de tu boca, se detuvo en tu vampiresco sueño de desangrar la luna.
Es así, querida M., que te quedás en la posteridad. Porque millones de desconocidos se enamoran de cualquiera de tus gestos y vos no lo sabés. Yo estoy seguro que alguien se imaginó un diálogo entero contigo cuando te vio leyendo a Barthes en el 79, sacudida por los aceleres y frenadas en Justicia. Estoy seguro que te acomodaste los lentes y el pelo que te oscurece la espalda, mientras cruzabas el callejón de la Universidad y aquel otro sonrió porque le recordaste a alguien más. Te están escribiendo, M, te están volviendo inmortal.
Y mientras sigas cronometrando encuentros en calles y bares, dejando pistas fugaces, melodías precisas para momentos perfectos y midiendo con exactitud las palabras que conducirán al siguiente eslabón de la cadena, alguien más estará armando ese puzzle para sí mismo, pondrá esa noche algo fría en su cuaderno de notas que, de casualidad, se parecerá al tuyo.
Esto es todo. Más palabras para curar tu insomnio, querida M.»


Miranda no tiene sueño y escribe cartas

domingo, 9 de mayo de 2010

Testigo

Voló voló mi destino
duró mi vida un instante
el cruce de los caminos
y tu dulzura distante.

Dulzura distante - Fernando Cabrera


- Me caso
- ¿Eh?
- ¡Sí! ¡Que me caso! ¡Y quiero que estés ahí!

Y a mí que me carcomen las ganas de ver a esos ojitos celestes decirle que sí al hombre que conocimos el mismo día que nos vimos nosotras por primera vez. ¿Va a llevar un vestido de boda verde? me preguntó alguien más, con una euforia susanística. Yo confío en que sí. Nos reímos, de puro nervio, nomás.

Ella ahí, con su felicidad contagiándolo todo, iluminando esa ciudad prestada con su danza de algas. Yo de este lado, haciendo planes, valijas, contando los días y las horas, imaginándome el sonido del puerto al recibir mi cuerpo.

Trazo una línea mental desde un octubre de 2008 a junio de 2010. Amarro los extremos de ese hilo invisible a mi euforia contenida, a aquellas dos noches de bar, separadas por un año de diferencia, en que lo vi a él con una mirada especial.

Ella es feliz. Va a serlo mucho más. Me percato de la íntima importancia de mi presencia en esa historia que vi nacer un jueves cualquiera, gracias a un error de cálculos, a ser tres mujeres extranjeras perdidas en una ciudad, a nuestras ganas de bar, a nuestro alboroto foráneo. Una cámara de fotos y al cabo tres hombres que nos invitaban cervezas. Una historia. Una amistad llena de fronteras.

Hay un río con unas ganas terribles de ser mar, una ciudad que me espera, un montón de abrazos que quieren enredarse en mi cuerpo pequeño, desafiar mi fragilidad, abrigarme por un fin de semana. Amigos que compiten por pasar ratos a la sombra de mis lentes, por probar nuevamente mis mates tan distintos y ricos, por grabar de nuevo en sus retinas las formas locas de mi pelo corto, por si las dudas, hasta una nueva visita.

Y hay fantasmas oscuros esperándome en las dársenas, por Colectora, en la General Paz, en San Telmo, en la esquina de Solís y Belgrano, en calles cuyo nombre no conozco.

Ella ahí, con la sonrisa de la primera vez y de siempre, con sus abrazos llenos de alma. Yo de este lado, con mi niñez a cuestas, con mis miserias en andas, con la felicidad ajena como un bálsamo para los días futuros. Esperame, esperame que antes de irte por quién sabe cuánto tiempo de territorio austral voy a ir y llenarte de abrazos, de risas sofocadas, de chistes que nos hacen bien, del calor que te envía toda mi familia, de noches de resaca que recordamos entre bromas.

Y vos, dolor en las esquinas, pasta de espectros y rencores viejos, esperame también, porque voy a ignorarte, voy a seducir a tus amigos y me voy a quedar bailando sola en la fiesta. Bailando, bailando con mi pollera inmensa... bailando.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Like a riot, oh!


Escribe y borra. Escribe. No lo va a enviar. Pero lo envía, convenciéndose de que apretó mal la tecla, que fue por error, que nada. Se consuela porque sabe que es un mensaje al vacío, quiere borrarlo definitivamente, pero no puede.
Todavía no vi la película de Mozart que me regalaste. La otra sí, la vimos con Babilonia una noche de marzo, mientras tomábamos té acurrucadas en un sillón. Una parte de mí dice que no la vi porque está guardada en un cajón y cada vez que quiero ver películas me da menos pereza ver las que tengo en la computadora o en Internet. Otra parte de mí sabe que no la veo porque es larga, dolorosa, llena de una música hermosa que me trae recuerdos que prefiero no destapar. Amadeus se ríe cuando se acuerda de mí caminando sola por esas calles oscuras del Barrio Sur, sintiendo un poco de frío y mucha pero mucha sed, antes del ómnibus, antes de la llamada telefónica, antes de todo. Se ríe de mi cara al descubrir la película en mi bolso, tiempo después. Yo creo que sí, se ríe desde el cajón repleto de cosas. A mí en verdad no me importa demasiado todo esto, mientras siga ahí. En verdad no la veo porque no tengo ganas. Porque sí. O porque no, más bien.


••
- Todos tenían madres doctoras
- Eso es una señal
- ¿Señal de qué?
- De que no eran ellos los que iban a salvarte.

•••
"Me desperté de madrugada con la sensación de estar en otro lugar. ¿Nunca te pasó que creías que estabas en otro lugar y te levantás, por ejemplo, por el lado de la cama que nunca lo hacés? Me levanté y fui al baño. Me miré al espejo y descubrí que era yo. No me sentía cansado, creía haber dormido muchas horas pero apenas hacía un par que me había ido a dormir luego de una noche de reunión y cena con amigos. Al final nunca te los presenté, nunca terminamos de intercambiar nada. De hecho, absolutamente nada. Rato después descubrí que tenía migraña y me acordé de vos."


••••
- ¿Por qué no te vas a dormir de una vez?
- Tengo que mirar unos videos
- ¿Para qué?
- No sé. Para nada en especial. Para entender, quizás...


•••••

sábado, 1 de mayo de 2010

De cuando se podía curar el frío recordando el sol

tuvimos fiestas
cantos rodados
y el armazón de una noche estrellada
dibujada por las gotas en el vidrio
mientras decíamos que quererse era eso
un papelón que ocultamos enmudeciendo
y unas pocas horas de sueño robadas a la mañana.

mientras nos adheríamos a esa ciudad prestada
nos crecía el musgo en los labios
un sonar de espectros
queriendo arrancarnos el calor de enero.

tuvimos lemas intranquilos
flojeras y sahumerios
con olor a viento.
tanto mar herido
disfrazándose de calma
y tanta nostalgia pegada en las ampollas
que dejó la cruz del sur en otro puerto.

un abril frío y soleado de 2010

miércoles, 28 de abril de 2010

Un mundo


"Esse é o nosso mundo
O que é demais
Nunca é o bastante
E a primeira vez
É sempre a última chance
Ninguém vê onde chegamos
Os assassinos estão livres"

Teatro dos Vampiros - Legião Urbana

Subimos al techo. Los árboles demasiado altos, la casa demasiado hundida en la ciudad. No tenemos panorámica; el barrio, el rincón extraño de esas casas todas iguales nos ofrece un paisaje de soledad, de alfombras verdes, una fábrica, cables que cuelgan a uno y otro lado. Me río de la iniciativa y me siento en el suelo-techo, fantaseando con la idea de la reversibilidad de esa superficie.
Casi no hablamos. La tarde se muere ahí arriba pero ignoramos si pasa lo mismo allá abajo.
Subimos al techo y hablamos de nombres, de calles, de ciudades, sin ver ni un auto pasar; demasiado bajos, demasiado tranquilos, demasiado domingo.
Bajamos sorteando obstáculos y nos olvidamos que era invierno, porque el sol nos había dado una tregua.

E a cada hora que passa
Envelhecemos dez semanas...

Nos quedamos con miradas ancianas pensando en una tarde, en que "ese es nuestro mundo, lo que es demasiado, nunca es suficiente." Y vacilamos ante ese futuro de infusiones y recorridas por los tejados.

jueves, 22 de abril de 2010

Para dónde va la noche mucho menos sé

"No me importa si el viento va al oeste 
O para atrás, donde sea voy a ir 
Voy a cortar las guirnaldas de esta peste 
A remontar que no quede ni una sola más 

Si queda sola se siente sola 
Si acompañada está busca la libertad"

Va al Oeste - Onda vaga

Primero esperó un ómnibus y al día siguiente un colectivo. En alguno de ellos, no recuerda bien cuál, había una señora con un bolso marrón a su lado. Lo miró como increpándolo, oliéndole de lejos con extrañeza. Ahora creía acordarse que había sido un ómnibus, porque allí se le sentía ese olor a extranjero.

Subió con las instrucciones precisas. Ella le dio un beso fugaz y dijo rápidamente, porque ya casi se olvidaba de darle las señas: cientoveintiúno, te bajás en la plaza independencia, lo demás ya lo sabés. Y antes de subirse a su ómnibus y dejarlo solo, sonrió de una manera en que no iba a verla sonreír nunca más. Esperó breves instantes y allí la mujer con el bolso que lo llenaba de curiosidad. Él tampoco sonreiría casi, ya no más en su presencia, a menos que ella frunciera un par de veces el ceño y se lo pidiera específicamente. Entonces ensayaba algo cargado de melancolía y cosas que no iba a decirle.

Ahora, mientras la acariciaba y furtivamente metía su mano entre la tela de esa pollera violeta, pensaba en el ómnibus, en la señora de bolso enorme, lentes gruesos y cara extenuantemente seria; llevaba cierta circunspección en el semblante y lo miraba como acusándolo de algo, quizás de esa felicidad desbordante que se le salía del pecho y le creaba un aura alrededor de la piel llena de sudor y arena.

Palpó el calor de eso otro que le hablaba entre tela violeta y quejidos de cansancio, eso que le esperaba para reclamarle mucho más que sonrisas, y recordó la acusación de la mujer. Retiró la mano. Y los intentos más tarde. Y el rechazo y el silencio y un adiós apurado entre las flemas de una escalera mecánica. Sin saberlo había ensayado, desde el primer momento en que cruzó la plaza, todo el después.

martes, 20 de abril de 2010

Olor a mandarinas

Y vas a oscuras 
buscas a tientas el olor a mandarinas 
y respiras y nos gusta aunque no me lo digas 
que luego hacerlo no nos cuesta nada.


Olor a mandarinas - Zahara


Siempre buscó a tientas con sus ojos claros. Un sapito, quizás, para hacer como en el poema, convertirlo en mano y no pedir mucho, no pedir casi nada, casi que así de poquito que con dos dedos te hacés toda una idea de lo que pide.

En el pelo siempre llevó olor a mandarinas dulces, esas cosas que creyó decir con inocencia una tarde en que octubre se devoraba sus ganas de no-ser y aprendía. Aprendía cosas nuevas, primeras veces de olvido, de sábanas con tos, de múltiplos, de abrazos que se regalan en la calle y que sin saberlo se transforman en tarjetas de visita.

Visitaba y dolía. Costaba. Te ponías tan serio antes y después. Una mecánica de trenes, de espiar las vías porque el trayecto era largo. Y tan tímidas las mañanas, tan temprano las partidas. Pero pelaba las mandarinas con los ojos claros y un buenos días dicho sin despertar a su lado, anteponiendo méritos triviales a las horas de sueño no compartidas. Y qué decirle. La ruedita del reloj giró, sonaron las campanas. ¡Ay! cómo sonaba ese reloj en las en punto. Pero no había más canciones a un click de distancia, solo fideos sin sal para aflojar los músculos en el después, que tampoco implicaba dormir.

La noche estaba envuelta en una niebla fantasmal. Tardó unos segundos en besarle las manos con gusto a domingo, se apoderó de los edificios, de ese lugar en que todo dormía y parecía demasiado de otro planeta. Minutos antes, los grillos cantaban en medio de la ciudad. La madrugada contemplaba su espera en la avenida solitaria, el antes a la niebla, el germen de un sueño que luego tendría. El sueño con olor a mandarinas. Porque fijate, porque venganza y las ganas que cuelgan de un hilo y decir que no, como Ulises, como Idea, como el poema que tiene guardado en esa carpeta con nombre genérico. Porque vos viste, porque al final, cuando ya nada, cuando los ojos se le cerraban de dolor de cabeza, porque el fernet, porque los nervios. Porque ahí un mensaje tipeado al descuido. Porque ya es tarde y nadie viene. Por las dudas.

martes, 13 de abril de 2010

Cuatro

Hoy voy a empezar a construir la casa donde estaré
para toda la vida
voy a recorrer esta ciudad voy a llegar hasta el mar,
el mar me cura la herida, y voy a saltar voy a nadar hasta otro lugar
para toda la vida.

Berlin - Coque Malla

.
Había decidido despreocuparse de toda contrariedad. Buscó durante meses, hizo cálculos, se contactó con gente y dio con las personas correctas. Creía que todo lo que jamás podría pasar de la forma que le gustaría, sucedería en algún otro plano, así más no fuera que en lo intelectual. Apuró los trámites, mandó los mails correctos, los puso en contacto. Tras largas jornadas, meses de trabajo, más meses de espera, las páginas con olor a tinta, con olor a libro nuevo se deslizaban por sus dedos sudorosos.
Le habían publicado el libro, una de sus novelas, una de esas tantas cosas en que ella creyó desde un comienzo. No se sentía salvadora del mundo, no creía que su participación fuera de suma importancia. Cuando finalmente dejó el libro sobre la mesa, reposando, casi descansando por ella del trajín de más de un año desde la decisión inicial, lo miró y sonrieron. Ella sacó de la caja que tenía al lado un cigarrillo, lo encendió con el encendedor que a tiempo él le extendía y dio una primera y larga pitada, entrecerrando los ojos, como si eso fuera el después del mejor orgasmo.

..
Jugaste lo que creías había que jugar. Las cartas justas, las que al mirarlas te hicieron sonreír maliciosamente, con las que anticipaste una partida ganada. Jugaste para no perder, para ganar, quién sabe qué, más noches, más tiempo en vela, más minutos rozándose despacio contra otros mazos con futuros más prometedores.
Jugaste y ahora nomás querés irte y fabricarte la casita para estar siempre, aunque implique tu anonimato, para poder ser un border más, para dejar atrás lo que debe ser dejado atrás.
Entonces no sé por qué jugaste para ganar y te retirás como si hubieses perdido. Será que ganar una sola mano no te alcanza. Será que la casa en las montañas, solitaria para siempre, puede más.

...
Buscar las horas exactas para anclar en un tobillo sin nombre. Acatar las reglas de cualquier color de manos. Internarse como siempre en una penumbra de caricias. Para exigirnos algo. Para escaparnos de algo. Para entender muy poco.

....
No hay nada que tenga gusto a toda la vida

miércoles, 7 de abril de 2010

Valentía absurda.

No digo lo que digo,
hago lo que no hago.
Al revés, al revés porque
Ser valiente no es solo cuestión de suerte...

Valiente - Vetusta morla

A punto de dar cuerda a millones de relojes, a punto de dejar la paz de un anonimato entre las fieras. Pongo un pie en el acelerador y me confieso un poquito valiente. Apenas. Como si de un gesto se tratase, como si de pasar una mano por esa cara que nos mira, como si de dar la palabra justa que anule la distancia que nos separa a uno y otro lado de una mesa, de una cama, de un terrón de azúcar sin ganas de sumergirse.
Un poco. Y sigo tomando té por costumbre, empapándome de un vicio despreocupado y tan lleno de lluvia.
Y sigo poniéndole nombres de personas, situaciones y horarios a cada canción. Y sigo previniéndome a mí misma de futuros males.
Como si de alojarme en un nuevo silencio se tratase.
Una valentía hecha de papel, frágil y llena de grietas, porque el después casi está escrito. Apenas. Como si de tocar el sol sin quemarnos se tratase.

lunes, 5 de abril de 2010

El tipo que canta VIII

En tiempos de otoño premeditado, en momentos de poner el pecho y parar las balas del aburrimiento, el sedentarismo obligado; hay cada tanto alguna noche que contagia con sus gramos de elocuencia y paz a la fuerza. Hay malhumores que se curan en un viaje de cuarenta y cinco minutos, atolondrando las ganas de salirse del tablero, de recorrer kilómetros inventados para castigar impunemente a los que nos dejan de a pie.
Y existe también un rincón en la selva de almas en pena de una semana desierta, la voz que no colma todas las expectativas pero nos inunda de esa paz que solo brinda lo bueno conocido.
Babilonia estrena vestido y años, derechos legales, deseos de calor en otros centros, esa soledad que rellenamos con sonrisas y temas de conversación que no se acaban nunca. Cantamos en la calle, a orillas de una acera apenas poblada, canciones que nos dibujaron cada tanto los contornos y nos enredaron en sus lenguas ibéricas o porteñas.
Esperamos la voz conocida, el murmullo de ternura como el último complemento, la pieza del puzzle que faltaba, eso tan lleno de sutileza que no puede decirse con palabras. Como en una ronda de amigos, las piernas enrolladas y las miradas cómplices son el escenario de las canciones de nunca y de siempre, el otoño entre las cuerdas de una guitarra y la ya bautizada voz de papagayito frágil.
Y una vez más nos espera esa lengua de cemento para empinarnos hasta casa. Con las alas cansadas y el corazón revuelto. Una vez más hacia el norte, entre migas de sueño, nos espera la nostalgia del regreso.

[un paréntesis entre las recomendaciones]

miércoles, 31 de marzo de 2010

Una sola vida

[y aquí termina la segunda serie de recomendaciones, ya cumplí con G. y con Lluvia canina]

"Encontrar
Poder encontrar
Todas as coisas que eu não soube dar
Saber amar
Perdoar
Saber perdoar
Há tanto tempo que eu queria mudar
Queria voltar
Aceitar
Deixar que o tempo te faça voltar
Saber esperar"


A casa - Adriana Calcanhoto


...Pero yo no sé esperar. Alguna vez te dije eso mientras nos consumían las ganas de concretar todos los planes que forjamos a las apuradas, de manera casi suicida, mientras un vértigo exquisito nos empapaba el alma.
Ahora que leo ciertas cosas, recuerdo lo que decía tiempo atrás y quiero meterme en todas esas historias que no me pertenecen, porque es cierto, yo no sé esperar.

A veces creo que pido mucho, a veces... demasiado poco: que te acuerdes de la dedicatoria de un libro, que sepas que adoro las palabras esdrújulas, el té de menta y los pic nics. Que sea siempre domingo, madrugada lluviosa y que en la oscuridad de una habitación templada artificialmente, pueda cambiar mi respuesta.

Cada vez más, los días se convierten en un constante "qué hubiera pasado sí..."
Pero "es una sola vida", como dice el personaje de Darín en El secreto de sus ojos. Pasado, presente y futuro son parte de lo mismo. Y yo que no sé esperar...

lunes, 29 de marzo de 2010

Sobrerreaccionando

"Enfim,
De tudo o que
Há na terra
Não há nada em lugar
Nenhum!
Que vá crescer
Sem você chegar
Longe de ti
Tudo parou
Ninguém sabe
O que eu sofri..."

Oceano - Djavan





Trágica, tan trágica. Tan viendo sangre entre las nubes, tan viendo muerte porque crecen las flores. Tan trágica, porque sí.
Cualquier día se parece al final de una escalera mecánica en el puerto, los ojos presintiendo últimas miradas y la huida para siempre de ventanas que parpadeen al entrar en escena.
Cualquier día de estos se parece a un parlante arrancándome del calor de un auto, de pedidos de disculpas. "Hasta entonces nunca / me habían aterrado de esta forma..." Pensé en esa canción. Cualquier día de estos es perfecto para esa canción. O para la de más arriba. O para las que todavía no puedo volver a escuchar.
Trágica, tan trágica, con el malhumor de un vientito cargado de sal que no puedo palpar con la lengua. Con la frustración incendiando las pocas pestañas que adornan vanamente mis ojos. Entreviendo algún océano. Tan trágica, sobrerreaccionando, queriendo cambiar todo por una tarde de mandarinas, al sol.

jueves, 25 de marzo de 2010

Miedo

[y seguimos con las recomendaciones, llegó el turno de Lenine]



"O medo é uma sombra que o temor não desvia
O medo é uma armadilha que pegou o amor
O medo é uma chave, que apagou a vida
O medo é uma brecha que fez crescer a dor

(...)

Medo que dá medo do medo que dá"

Lenine - Miedo


Bien sabía que unas cuadras no harían nada al vaivén de sus huesos. Caminar erguida, fiel a su condición. Y nada más. Sin respirar el aire común de una noche cualquiera, sin envidiar a las parejas en las plazas, sin enterrar la cabeza bajo la almohada una y otra vez.
Al fin la figurada calma en las antípodas de un sueño que nunca fue.
A otros les gustaba llamarle resignación, pero las palabras son simples contenedores de imágenes, recipientes, cajoncitos con cuentas de vidrio.
Bien sabía que unos gramos de amnesia para nada afectaban sus manos de niña crecida a la fuerza. Dos o tres disgustos en el pelo lleno de rulos, tres miradas invisibles entre las alas que guardaba para ocasiones especiales.
Y el miedo, que se tomaba vacaciones, como cualquier domingo.

[a quien corresponde: me encantaron las recomendaciones de música brasilera]

martes, 23 de marzo de 2010

Visita

"cabelo embaraça
bate no portão
espalha a fumaça
varre a plantação"

Arnaldo Antunes - Do vento

Me encanta su acento, su mezcla de cosas en la boca, su manera de poner énfasis en las vocales equivocadas y hablar un lunfardo ajeno.
Me encanta su risa sonora, bien fuerte, porque no puedo evitar contagiarme y llenarme de una descarga eléctrica que me hace bien.
Recuerdo cuando empezaba a hablar español, apenas la conocía y decía algo como "okí", que no tardó ni dos segundos en pegarse a mi hablar cotidiano por unos cuantos días.
Me encanta que cada vez que nos vemos... es como si hiciera un par de días que no hablamos, que cada charla tiene algo renovador y profundo, así hablemos de lo más banal que exista.
Me encanta que siempre vista de verde.
Me encanta cuando baila, cuando bailamos juntas; me gusta que todos sus movimientos sean como un baile.
Me gusta cuando me hace sentir querida, estimada, apreciada, con cada gesto que tiene... pero ella pareciera ni darse cuenta.
Me encanta porque es de una inteligencia fresca y humilde, porque siempre tiene un desenfado que es el mejor de los optimismos.
Me encanta su deseuropeización instantánea.
Cuando se emociona con algo... tiene cierto gesto con la boca y los ojos, que me da mucha gracia. Colecciono gestos de la gente. Ese es el suyo que más conservo en mi memoria.
Admiro su determinación, su independencia, su capacidad de reírse de sí misma. Me gusta reírme con ella de lo malas que somos cocinando, de nuestras abuelas, de las diferencias idiomáticas.
(y ahora está aprendiendo portugués!)
Pelo revuelto, golpea la puerta...
Y el corazón se llenó de risas por un fin de semana.

viernes, 19 de marzo de 2010

Yo no sé

[empiezo a cumplir con lo que dije sobre la entrada pasada -ver comentarios de la entrada anterior- la relación entre el tema y el poema queda a la libre interpretación, pero sería lindo ver qué le encuentran]

"And the first thing that you want
Will be the last thing you'll ever need
That's how you fight it
Just smile all the time"
- How to fight loneliness - Wilco


estoy despierta
mientras algún sapo en algún sitio de este verano
se acaba toda su reserva de insectos.
su vientre crece
una vez más.
mis ojos
enceguecen
cada vez más.
y yo no sé si mentirle a la noche
o envejecer tranquila.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Mudanza

"Cada parte de ti que te cortes
será feliz en el suelo"

Me mudo de canción. Necesito habitar en otra música, que deje de mantener abiertos por tiempo indefinido los cajones del recuerdo.
Vamos sopesando los enigmas, tejiendo siestas madrugadoras con el calor verde de ese verano que se nos desprende de la ropa.
Hubo una vez en que vomité tanto silencio. Pareciera que, cual boomerang, rebotara contra el filo de la nada y se lanzara hacia mí para estallar adentro, para recordarme mi boca muda a orillas de una cama, mi boca muda en la torpe mañana a las seis de la tarde, mi boca muda entre los ritos fugaces de un amor con sueño.
Necesito habitar otra histeria, otro enigma, otra frase contundente, otra rabia, otras fronteras, otros papelones, otro orgullo, otra plegaria, otras tazas de té, otro cuerpo.
Y ser humo mientras tanto, una voluta azul y sincera, enroscándose en sí misma, ascendiendo.
Necesito tararear otras cosas, mudarme definitivamente de canción.

(así que R.I.P. a muchos grandes, pero los destierro de mis playlists. se aceptan sugerencias de música naïf, despreocupada, alegre)

viernes, 12 de marzo de 2010

Sustancia

quería una sustancia
que se enredara en mi amnesia
para no tener que comer a las horas indicadas
para seguir con mi rutina de irme a dormir
sin saber
si es demasiado temprano o demasiado tarde.
una sustancia parecida a aquellos días
en que nos devoramos el mundo.

miércoles, 10 de marzo de 2010

De cuentos

.
"los gemidos de tu siesta tienen tiempo

y los fantasmas que amas tienen algo al fin
yo no tengo un solo rastro tuyo en mí"


Imagen: Emily Dunn

La arvejita del cuento se equivoca de colchón.
Una boca hermosa mastica su piel verde, su interior algodonado.
Mientras, hay té verde con jazmín para los amigos.
Todos son invitados y bienvenidos a su casita de cartón pintado. A las seis de la mañana cierra la puerta y se va a dormir.
Sabe que cada colchón, como papel de seda, se ceñirá sobre su cuerpo y ella seguirá doliendo, importunando.
Sonríe pensando en té y jazmines, en un verano cualquiera, en mañanas con olor a sol y tostadas.

viernes, 5 de marzo de 2010

Belleza inútil

"La vida se dio así. Jugá, jugá, jugá. Ama lo que hay que amar"
Beauty - Fito Paez

La vida se dio así, no hay con qué darle. Jugá porque vas a perder mil veces, pero a las cansadas, alguna vas a ganar.
Jugá, arrepentite en cada movimiento porque sabés que va a ser irreversible. Arriesgalo todo, doná hasta los órganos en pos de lo que creas conveniente.
La vida se dio así. Ama lo que hay que amar... pero primero, y eso es lo que nadie te dice, tenés que descubrirlo. Descubrir qué es lo que hay que amar.
Jugá, metete hasta las rodillas en el barro del mundo, aprontá el corazón para otras rondas, quitale el saco a ella que se ríe mientras baila, mientras gira con su pollera liviana.
Aterrizá en más brazos con olor a noche sin festejos. Aterrizá desnuda, desprolijamente linda, jugá con los tobillos, con los dedos de los pies entre las briznas de césped.
La vida se dio así, alguien te dejó esas canciones de Spinetta colgando de las pestañas, el té demorado en susurros de aroma a nuevo, algunos bancos de plaza que malgastan el silencio.
Jugá, porque alguien más te va a regalar tardes de siestas bajo un árbol gigante, lecturas en voz alta de obras de teatro, películas por la mitad, mariposas posándose en hamacas.
Jugá, jugá, jugá. Alguien más te dejó telarañas de conversaciones nocturnas a la luz de las velas, mensajes crípticos, días de euforia adolescente y vino.
Al fin jugaste tanto que lo bueno se aleja y te da oportunidad de buscar paz. El mundo conspira para que no la encuentres, pero al menos...
Jugá, vos jugá.
Porque tanta belleza inútil...