jueves, 22 de abril de 2010

Para dónde va la noche mucho menos sé

"No me importa si el viento va al oeste 
O para atrás, donde sea voy a ir 
Voy a cortar las guirnaldas de esta peste 
A remontar que no quede ni una sola más 

Si queda sola se siente sola 
Si acompañada está busca la libertad"

Va al Oeste - Onda vaga

Primero esperó un ómnibus y al día siguiente un colectivo. En alguno de ellos, no recuerda bien cuál, había una señora con un bolso marrón a su lado. Lo miró como increpándolo, oliéndole de lejos con extrañeza. Ahora creía acordarse que había sido un ómnibus, porque allí se le sentía ese olor a extranjero.

Subió con las instrucciones precisas. Ella le dio un beso fugaz y dijo rápidamente, porque ya casi se olvidaba de darle las señas: cientoveintiúno, te bajás en la plaza independencia, lo demás ya lo sabés. Y antes de subirse a su ómnibus y dejarlo solo, sonrió de una manera en que no iba a verla sonreír nunca más. Esperó breves instantes y allí la mujer con el bolso que lo llenaba de curiosidad. Él tampoco sonreiría casi, ya no más en su presencia, a menos que ella frunciera un par de veces el ceño y se lo pidiera específicamente. Entonces ensayaba algo cargado de melancolía y cosas que no iba a decirle.

Ahora, mientras la acariciaba y furtivamente metía su mano entre la tela de esa pollera violeta, pensaba en el ómnibus, en la señora de bolso enorme, lentes gruesos y cara extenuantemente seria; llevaba cierta circunspección en el semblante y lo miraba como acusándolo de algo, quizás de esa felicidad desbordante que se le salía del pecho y le creaba un aura alrededor de la piel llena de sudor y arena.

Palpó el calor de eso otro que le hablaba entre tela violeta y quejidos de cansancio, eso que le esperaba para reclamarle mucho más que sonrisas, y recordó la acusación de la mujer. Retiró la mano. Y los intentos más tarde. Y el rechazo y el silencio y un adiós apurado entre las flemas de una escalera mecánica. Sin saberlo había ensayado, desde el primer momento en que cruzó la plaza, todo el después.

7 comentarios:

eMiLiA dijo...

Buena historia.

Siempre un placer leerte.

Un abrazo

Xaj dijo...

Que buenas còmplices, esas polleras que se abren al infinito.

Abraxo eclip.

Estrella dijo...

Qué curioso, hoy en el tren me llamó la atención una mujer con una linda pollera violeta.

Era muuuy linda... la pollera!

¿Sería la de tu historia?

Muy bien contada, Eclipse.

Tierras de Georgelott dijo...

Cómo leer de manerja objetiva y decirte por comentario "que buen texto", no, definitivamente quiero decirte "uff cómo no identificarme con algunas sensaciones, vivencias, etc"

BUEN BLOG, ME GUSTA EL DISEÑO EH!
saludos.

Emma dijo...

mi primera reacción fue pensar que la mujer del bolso marrón era una metida. pero antes de terminar de leerlo ya había decidido que la historia me encantaba.

Por cierto, somos "amigas" de facebook ;)

ÓNIX dijo...

La ciudad no deja de sorprendernos con todos los que transitan a diario en ella, incluso nosotros mismos, siempre misteriosos y extraños...

Saludos...

Besitos...

Maca dijo...

eclipse!
cómo va?
muy buena la historia, coincidió con mi lectura del cuento de clarice lispector, la partida del tren, gracias por la recomendación! muy bueno también.
parece que hay muchos colectivos, ómnibus y trenes, muchas historias en la vuelta...que vivir y que contar. qué suerte.
un beso grande