domingo, 9 de mayo de 2010

Testigo

Voló voló mi destino
duró mi vida un instante
el cruce de los caminos
y tu dulzura distante.

Dulzura distante - Fernando Cabrera


- Me caso
- ¿Eh?
- ¡Sí! ¡Que me caso! ¡Y quiero que estés ahí!

Y a mí que me carcomen las ganas de ver a esos ojitos celestes decirle que sí al hombre que conocimos el mismo día que nos vimos nosotras por primera vez. ¿Va a llevar un vestido de boda verde? me preguntó alguien más, con una euforia susanística. Yo confío en que sí. Nos reímos, de puro nervio, nomás.

Ella ahí, con su felicidad contagiándolo todo, iluminando esa ciudad prestada con su danza de algas. Yo de este lado, haciendo planes, valijas, contando los días y las horas, imaginándome el sonido del puerto al recibir mi cuerpo.

Trazo una línea mental desde un octubre de 2008 a junio de 2010. Amarro los extremos de ese hilo invisible a mi euforia contenida, a aquellas dos noches de bar, separadas por un año de diferencia, en que lo vi a él con una mirada especial.

Ella es feliz. Va a serlo mucho más. Me percato de la íntima importancia de mi presencia en esa historia que vi nacer un jueves cualquiera, gracias a un error de cálculos, a ser tres mujeres extranjeras perdidas en una ciudad, a nuestras ganas de bar, a nuestro alboroto foráneo. Una cámara de fotos y al cabo tres hombres que nos invitaban cervezas. Una historia. Una amistad llena de fronteras.

Hay un río con unas ganas terribles de ser mar, una ciudad que me espera, un montón de abrazos que quieren enredarse en mi cuerpo pequeño, desafiar mi fragilidad, abrigarme por un fin de semana. Amigos que compiten por pasar ratos a la sombra de mis lentes, por probar nuevamente mis mates tan distintos y ricos, por grabar de nuevo en sus retinas las formas locas de mi pelo corto, por si las dudas, hasta una nueva visita.

Y hay fantasmas oscuros esperándome en las dársenas, por Colectora, en la General Paz, en San Telmo, en la esquina de Solís y Belgrano, en calles cuyo nombre no conozco.

Ella ahí, con la sonrisa de la primera vez y de siempre, con sus abrazos llenos de alma. Yo de este lado, con mi niñez a cuestas, con mis miserias en andas, con la felicidad ajena como un bálsamo para los días futuros. Esperame, esperame que antes de irte por quién sabe cuánto tiempo de territorio austral voy a ir y llenarte de abrazos, de risas sofocadas, de chistes que nos hacen bien, del calor que te envía toda mi familia, de noches de resaca que recordamos entre bromas.

Y vos, dolor en las esquinas, pasta de espectros y rencores viejos, esperame también, porque voy a ignorarte, voy a seducir a tus amigos y me voy a quedar bailando sola en la fiesta. Bailando, bailando con mi pollera inmensa... bailando.

5 comentarios:

Estrella dijo...

¡IMPRESIONANTE!
No digo más.

eMiLiA dijo...

Viajes. Encuentros. Despedidas. Coincidencias. Separaciones.

Cuántas cosas nos trae la vida!!

Hermosa historia.

Me gustó mucho el final, me sentí identificada.

Un abrazo!

Tierras de Georgelott dijo...

wuaw!
que historia...

anhelos de mujer! sin duda

"Y vos, dolor en las esquinas, pasta de espectros y rencores viejos, esperame también, porque voy a ignorarte, voy a seducir a tus amigos y me voy a quedar bailando sola en la fiesta. Bailando, bailando con mi pollera inmensa... bailando."

;)

saludos!

Gonzinko dijo...

Bueno , un posible final para "la boda de mi mejor amigo" la pelicula. Que termina en algo parecido, pero cuando elfestejo de la boda recien comienza. Saludos

Emma dijo...

Felicitaciones por ella.

El último párrafo me encantó. Empaticé totalmente con esa danza solitaria.