martes, 25 de mayo de 2010

"- Decime una cosa, una sola cosa que sea verdad.
- Yo a vos, y todo lo mío con vos, lo uso sólo para escribir."


Diálogos con un hombre de metal


«M,
¿Ni un té de valeriana de ayuda a dormir? Apenas empiezo mi jornada, bostezo, pienso en que ya es hora de afeitarme, en que olvidé por completo un montón de trámites que tenía que hacer ayer y se van acumulando como pendientes en mis listas (sí, ya sé, a vos te encantan las listas, yo las evito), pero las dejo reposar un rato más. Ahora vengo aquí, cuando tu noche es noche cerrada, madrugada pero aún oscuridad.
No hay como sostener alegrías ajenas, disfrutarlas como propias, encandilarse de fiestas que otros preparan para sí mismos. Tu sensibilidad va a impedir que dejes de hacerlo, M, por más herida que salgas, sé que siempre vas a estar ahí cuando las personas solas necesiten compartir una alegría o una pena con vos.
¿Qué hay de los que pasan un rato y se van?  me preguntás con una voz que adivino entrecortada por algún dolor nuevo, aunque sospecho es reciclado desde que tenés memoria.
Pues bueno, no deberían preocuparte. Hay quienes tienen una naturaleza de paraguas, están ahí para protegernos de un chaparrón y nada más. Incluso algunos son una simple parada de ómnibus, un techo austero que nos resguarda unos minutos y a veces nos mojamos igual con la lluvia. Pero vos, querida M, vos tenés naturaleza de hogar, un lugar donde quedarse, puertas que se abren y encienden las estufas y el fuego permanece y toda distancia se acorta.
Pero también hay gente nómade, que no quiere una casa, que no necesita una casa. Gente que va de hopedaje en hospedaje para guarecerse de temporales concretos. Luego se marchan.
Diste todo, pero todo lo que das regresa, dice esa canción que tanto te gusta. Todos esos hombres y mujeres que se quedaron por un tiempo en tu naturaleza de casa (casa con fuertes cimientos aunque la apariencia indique lo contrario) supieron encontrar lo justo y necesario durante un tiempo. Está bien, se olvidaron que la casa necesita mantenimiento y que no basta volver una vez por mes para sacudir las cortinas o barrer el patio, pero en esa casa se llenaron de risas y de grillos alegres, de veranos festejados gritando goles aunque odies el fútbol, leyendo libros, haciendo chistes interminables, adivinándose mutuamente los pensamientos, llamándose durante recitales, soportándose en los silencios. Hombres y mujeres se entibiaron con tu costumbre de talones, con tu capacidad increíble para dar el regalo justo en el momento correcto.
Se fueron y se olvidaron que tienen un lugar al que volver. O en verdad no, justamente, saben muy bien que siempre pueden volver, pero lo harán a su conveniencia. Y no podés evitar eso, M, por más doloroso que sea.
M, eme, eme... recorro las astas de esa letra ancha y zigzagueante con la mirada. Sos una casa con estufa a leña y una buhardilla donde guardás tus mejores libros. Y tenés una manta para cada ocasión, té de menta para convidar a las visitas. Una casa de aspecto frágil pero llena de habitaciones y puertas y ventanas.
Una casa luminosa con vista a todos los mares y a todos los bosques, a cada paisaje que uno elija.
Haceme caso, probá con valeriana y después me contás.»

Miranda no tiene sueño y escribe cartas

7 comentarios:

eMiLiA dijo...

Cuando no alcanza el amor que ofrecés...

Reza otra canción.

Me gustó eso de los paragüas. Primero pensé en los paragüas que pasaron por mi vida - la mayoría - y después caí en la cuenta que quizás es a la inversa y yo soy una gran protección para esporádicos chaparrones.

Un abrazo!

El mozo literario dijo...

Me cae muy bien M.
Gracias por pasarte por mi espacio: yo ya te estoy siguiendo.
También me alegra que hayan sido atinadas mis comparaciones. Ya tomé nota de los libros que me mencionaste y espero que así como "hay buenos aires en montevideo", puedas comprobar lo contrario cuando cruces.

saludos!

El mozo literario (Leandro Diego) dijo...

"En Montevideo hay poetas, poetas, poetas..."
Entiendo lo del libro, igual trataré de buscarlo por ciertos parques (me parece que me puede gustar bastante: sus títulos ya me provocaron cierta risa).
Me tomé el atrevimiento de agregarla a FB (espero que no le moleste).
Avise cuando cruce el charco, muchacha.

eMiLiA dijo...

Síiii, lo supe.

Nunca los ví en vivo pero tengo muchas ganas!!

Y Lisandro?!? Anda dando vueltas por estos lados todavía!

Beso!

Anna O. dijo...

ay eme , eme? ...yo creo que todos somos un poco de todos , aunque a veces un poco más de unos que de otros (según la conveniencia , también , claro) ...y eso no nos hace mejores ni peores. eso nos hace sobrevivir.


elige tu propia ficción.

Jules dijo...

extraño es cómo uno se mide con palabras ajenas y siempre -siempre, o cada vez, parece- son tan precisas.
dale, seguí escribiendo
que soy como un vampiro.
(no vampiresa, vampiro, eh)

[ah, y yo -que no sé nada- quiero que me digas qué es Diálogos con un hombre de metal]
beso,

Scarlett DuBois dijo...

Me encantó este. Me lleno de una tristeza inefable, quizás porque vi tanto de mí misma en ella.