Iván no va a explicarle, por enésima vez, que se tiene que dejar ayudar si realmente quiere mejorar en algo. No va a repetírselo y, aunque sea lo único que está dispuesto a decirle cuando al fin alcanza la puerta y toca el timbre, sabe que no lo hará.
Abren. ¿Quién abre? alguien abre, saluda, lo conoce. Se conocen. Intercambian las palabras de siempre.
-Pasá, pasá.
Y traga, en silencio, pero con tristeza. En el trago se le van las fuerzas y las ganas de repetir las explicaciones.
Sube, está oscuro. ¿A quién busca? Fugazmente se le cruza esa pregunta y se ríe con amargura. No lo sabe. No lo sabés, Iván, es cierto, no sabés con quién te encontrarás hoy detrás de la puerta amarilla. Pero lo reciben con el pelo mojado cayendo en la cara y unos acordes de guitarra harto conocidos.
Está algo oscuro todavía, pero alguien detiene al otro antes que encienda el velador. Está bien así, no importa.
Para qué luz, si no hay luz adentro.
- ¿Para qué luz, si no hay luz adentro?
Le leyó la mente. No importa. El silencio hace las veces de respuesta y cada uno parece gesticular o asentir, como si verdaderamente se tratara de una conversación telepática. Pero de telepatía no hay nada. Demasiado ruido.
Y ella está ahí, tarareando sin ganas las melodías de siempre. ¿Por qué no te aprendés una nueva? Y porque no tiene ganas, le dice, no sabe para qué lo llamó, que le hable de cualquier cosa, le dice, que no tiene ganas de pensar, le dice, que no le venga con la perorata de siempre, le dice. Le dice, le dice, le dice, casi como premiándolo con las palabras. Él quiere esas palabras en la lengua, en su lengua. Iván quiere que le pase las palabras como un caramelo o un beso, que le diga, le diga, pero en la oscuridad y sin sonidos.
Hace mucho tienen un juego. Nadie nunca explicitó las reglas, todo se maneja sobre un tablero tácito y en una nube de supuestos. Ambos saben que juegan, pero ninguno puede, en realidad, decir nada sobre el juego, porque en eso está su naturaleza.
En algún momento ella va al baño. Él sabe que sobre su escritorio, siempre, siempre reposa una libreta marrón de hojas finas con márgenes rojos. Las primeras veces fueron tentación, aún no había comenzado el juego. Ella una vez lo notó, no lo sorprendió nunca leyéndola, pero se dio cuenta, de alguna forma, que Iván la leía. Y empezó el juego. Él también notó, en algún punto, que estaban jugando y que no era simplemente un descuido, se necesitaba su participación, tenía que leerla, tenía que enterarse, tenía que jugar para que ella aprendiera a callar, para que fuera más fácil decir sin decir.
Las cosas mutaban según los caprichos de turno. A ella se le antojaba demorar menos en el baño un día, se le antojaba que Iván tuviera una producción descomunal de adrenalina para no ser descubierto, acaso hacía mucho ruido al salir, acaso demoraba uno o dos pasos más de lo esperado. Las reglas principales se mantenían pero había ciertas variantes.
Miradas con sobreentendidos, sonrisas a medias, labios mordidos por no poder poner en palabras lo que ambos sabían.
Era todo silencio, ritual de ir al baño, ritual de leer, tirarse en la cama, tomar algo y a las cuerdas les salía sangre de escuchar siempre los mismos temas, ¿pero para qué quiero más?. Y cómo te fue en clases, che, todo bien, todo tranquilo. Las cosas de siempre, se decían, mientras callaban tanto que detrás de los ojos se acumulaba la pelusa de los meses. Y para qué lo había llamado.
Ese día no. Este día no, Iván, no vas a dejar que cierre la puerta amarilla. Se dijo que no, que esa noche no, que tenía que pedir ayuda. ¿Para qué? ¿para quién? Si todo era un gran absurdo de conversaciones acerca de fútbol con el viejo, asentir con la cabeza ante las noticias barriales de la vieja, sonrisas premeditadas en cada intervalo. Si llegar y ser allí se parecía mucho al cariño desparramado, casi como al descuido, que lo sorprendió una tarde y al que tuvo que resignarse, entre mates y pan con grasa, que ella separaba obsesivamente de la bolsa de bizcochos.
El tiempo pasa, la guitarra sigue gimiendo seguridades, la libreta parece descansar de una larga batalla en el borde del escritorio. Iván vuelve a pensar en esas palabras que estaba dispuesto a decirle ni bien colgó el teléfono aquella noche y se dirigió a su casa. Y también vuelve a sentir que algo se lo impide, que al fin le parece más cómodo escuchar por enésima vez su acotado repertorio en las seis cuerdas, que hablar. Iván no va a decirle por enésima vez lo que tanto debería decirle esta noche. El silencio, único protagonista de todos los juegos y todos los encuentros y todas sus historias, se impone en la habitación de la puerta amarilla.
Interrumpís el paso, Iván, permitile levantarse de la cama y completar el ritual de ir al baño. Ella te sonríe, te acaricia la cara y le da la mano al silencio, que te mira antes de acompañarla y cerrar tras de sí la puerta.
El baño por última vez. La libreta también mira a Iván y exhala.
jueves, 30 de abril de 2009
martes, 28 de abril de 2009
3ella3
1. tiene ganas de bailar una chacarera. pero más ganas siente de tener una pollera larga y pesada y bailar algún paso doble en una habitación bien grande. sentir solo los rasguidos de las guitarras entre su piel, volver a ser esa que fue en un tiempo, cuando todo se apagaba fuera de sí al instante en que comenzaba a mover las manos o los pies. y zapatear bien fuerte. y fruncir el ceño mientras sus manos se mueven solas.
2. recién amarillean las cosas, pero todo le parece tan invierno. cuando, en las madrugadas de los sábados o los domingos, vuelve a casa, mira hacia atrás, paranoica, para descubrir que simplemente la siguen las hojas secas que el viento hace zapatear sobre la calle. amarillea la vida mientras el sueño entra en pantuflas y la muerte se baja de un taxi en una casa cualquiera.
3. extraña no extrañar nada. todo está enfundado en cajas herméticas, en cajones sin espacio. extraña no añorar nada, no sentir impulsos incontenibles para abrir una grieta. tal vez sí extraña pero sabe que las grietas no tienen vuelta atrás. lo extraña. y va a poner como señuelo una taza de café.
2. recién amarillean las cosas, pero todo le parece tan invierno. cuando, en las madrugadas de los sábados o los domingos, vuelve a casa, mira hacia atrás, paranoica, para descubrir que simplemente la siguen las hojas secas que el viento hace zapatear sobre la calle. amarillea la vida mientras el sueño entra en pantuflas y la muerte se baja de un taxi en una casa cualquiera.
3. extraña no extrañar nada. todo está enfundado en cajas herméticas, en cajones sin espacio. extraña no añorar nada, no sentir impulsos incontenibles para abrir una grieta. tal vez sí extraña pero sabe que las grietas no tienen vuelta atrás. lo extraña. y va a poner como señuelo una taza de café.
jueves, 23 de abril de 2009
Tiempo de desintoxicación
No es producto de la fiebre de estos días, pero después que pasó todo (con droga potente de por medio) , hay cosas que comenzaron a aclararse.
Si hace unos días, decía que era tiempo de trincheras, me puse un poco (solo un poco) más valiente y ahora es tiempo de desintoxicación.
Así es. Desintoxicación.
Me paro entre la multitud, tímidamente, miro al piso y digo mi nombre. Todos me saludan a coro, benevolentes, ansiosos, procurando dibujar en sus caras algún gesto de comprensión para animarme a hablar.
Eso, que necesito comenzar a desintoxicarme de relaciones que no me hacen bien. Aunque suene radical y feo. Sí, es desde un punto de vista egoísta, pero al fin decido escuchar los consejos que les doy a los demás y aplicarlos a mí misma.
Hay algún fulano en la vuelta, claro está, pero no tiene que ver solo con eso (hasta quizás me lea, quién sabe). Estoy cansada, sí, hasta físicamente, mis defensas están bajas (nunca me enfermo y apenas ha empezado el frío este año y ya me agarré gripe) y creo que mucho se debe a esfuerzos por sostener castillos de naipes, por sonreír cuando en realidad me dan ganas de mandar todo al carajo, por decir lo que realmente pienso pero siempre y cuando sea solo con fines constructivos y no para descargarme y, sobre todo, por callar mucho.
Luego viene la gente y me dice: ay, qué tierna que sos. Y aunque no lo considere cierto, yo agradezco este cumplido, que creo nada merecido, pero mi 'ternura' tiene menos valor en estos tiempos que un patacón.
Es tiempo de desintoxicación, de afrontar los períodos de abstinencia, de aprender a decir NO, de ahorrar en mensajes de texto, de dejar de buscar para esperar ser encontrada.
Estoy cansada de procurar ser vista, de ser buena amiga, de 'parecer' inteligente, de ser responsable, de dar 'buenos consejos', de servir de apoyo moral, de poner a un lado mis satisfacciones inmediatas en pos de un futuro que no llega.
Asumir los períodos de abstinencia.
Desintoxicarme.
Quizás hasta pueda sacarme de la sangre esa suerte de compuesto químico que parece repeler a la gente normal...
post un tanto confesional, como nunca. dejo una canción que me gusta cantar bien fuerte cuando tengo ganas de putear...
Si hace unos días, decía que era tiempo de trincheras, me puse un poco (solo un poco) más valiente y ahora es tiempo de desintoxicación.
Así es. Desintoxicación.
Me paro entre la multitud, tímidamente, miro al piso y digo mi nombre. Todos me saludan a coro, benevolentes, ansiosos, procurando dibujar en sus caras algún gesto de comprensión para animarme a hablar.
Eso, que necesito comenzar a desintoxicarme de relaciones que no me hacen bien. Aunque suene radical y feo. Sí, es desde un punto de vista egoísta, pero al fin decido escuchar los consejos que les doy a los demás y aplicarlos a mí misma.
Hay algún fulano en la vuelta, claro está, pero no tiene que ver solo con eso (hasta quizás me lea, quién sabe). Estoy cansada, sí, hasta físicamente, mis defensas están bajas (nunca me enfermo y apenas ha empezado el frío este año y ya me agarré gripe) y creo que mucho se debe a esfuerzos por sostener castillos de naipes, por sonreír cuando en realidad me dan ganas de mandar todo al carajo, por decir lo que realmente pienso pero siempre y cuando sea solo con fines constructivos y no para descargarme y, sobre todo, por callar mucho.
Luego viene la gente y me dice: ay, qué tierna que sos. Y aunque no lo considere cierto, yo agradezco este cumplido, que creo nada merecido, pero mi 'ternura' tiene menos valor en estos tiempos que un patacón.
Es tiempo de desintoxicación, de afrontar los períodos de abstinencia, de aprender a decir NO, de ahorrar en mensajes de texto, de dejar de buscar para esperar ser encontrada.
Estoy cansada de procurar ser vista, de ser buena amiga, de 'parecer' inteligente, de ser responsable, de dar 'buenos consejos', de servir de apoyo moral, de poner a un lado mis satisfacciones inmediatas en pos de un futuro que no llega.
Asumir los períodos de abstinencia.
Desintoxicarme.
Quizás hasta pueda sacarme de la sangre esa suerte de compuesto químico que parece repeler a la gente normal...
post un tanto confesional, como nunca. dejo una canción que me gusta cantar bien fuerte cuando tengo ganas de putear...
Varios...
Pequeña entrada para dejar constancia de dos cosas:
1- cambio de look del blog. abandonó ese toque naif que tenía y pasó a algo... igual de personal, pero más duro. no me convence del todo, hay algo que no termina de encajar, pero bueno, al menos quedará provisorio.
2- la gente que me conoce sabe que mi cabeza siempre está maquinando proyectos. aunque a veces suelo ser un tanto vaga para concretarlos, la creatividad, cada tanto, puede más, escapa, y me lleva a generar nuevas cosas.
ahora me agarró por crear otro blog (sí, otro, como si ya no tuviera tantos, dirán).
se llama "Recolectando aire", inspirado en la cita que mi amigo G. puso ayer en su blog. allí hay más info sobre de qué va todo eso...
vuelvo pronto con los posts regulares.
saludos.
1- cambio de look del blog. abandonó ese toque naif que tenía y pasó a algo... igual de personal, pero más duro. no me convence del todo, hay algo que no termina de encajar, pero bueno, al menos quedará provisorio.
2- la gente que me conoce sabe que mi cabeza siempre está maquinando proyectos. aunque a veces suelo ser un tanto vaga para concretarlos, la creatividad, cada tanto, puede más, escapa, y me lleva a generar nuevas cosas.
ahora me agarró por crear otro blog (sí, otro, como si ya no tuviera tantos, dirán).
se llama "Recolectando aire", inspirado en la cita que mi amigo G. puso ayer en su blog. allí hay más info sobre de qué va todo eso...
vuelvo pronto con los posts regulares.
saludos.
lunes, 20 de abril de 2009
Agorafobia II
Un ensayito de este poema que fue publicado en el blog acá y que ahora traigo recitado.
Espero les guste...
(aclaración: el poema tiene dos títulos diferentes. en un principio se llamó 'agorafobia' y luego también se llamó 'permuta')
sábado, 18 de abril de 2009
lunes, 13 de abril de 2009
Humor en la escuela I

Ufff, por dónde empezar... Hace mucho que quiero poner algo de esto y por una cosa o por otra lo venía retrasando. Mangacha Pertini era un personaje que aparecía en un sketch en Plop! un programa nacional que daban hace muchos años por Canal 12. Yo era muy chica pero recuerdo con nitidez varios de estos programas. Y Mangacha era algo que me fascinaba. Hoy, de grande, logro comprender muchas más cosas y veo mejor esta parodia, a la genialidad con que representaba un personaje existente en nuestra sociedad (el niño de escuela pública) y cómo con él abarcaba muchos aspectos de la idiosincracia uruguaya.Laura Sánchez en la piel de Mangacha y la grandiosa Imilce Viñas como la maestra, sumamente estereotipada pero no por esto poco fiel a la realidad (creo que al contrario).
Al final de cada sketch, Mangacha pedía para recitar un poema de su autoría. Sacaba un papel arrugado de su túnica y se disponía a leer sus creaciones literarias, plagadas de humor, inocencia y guiños al público.
El responsable de guiones y poemas era Andrés Tulipano, quien no me parece genial, pero sí correcto, ayudado por las geniales interpretaciones de las actrices antes mencionadas.
Resulta que por aquellas épocas me compraron el libro con los poemas de Mangacha Pertini. Lleno de humor, desde la introducción hasta el sumario (en el que aparecen, con caligrafía de niña, varias sumas al mejor estilo tarea escolar), recuerdo haberlo devorado en ese entonces (yo tendría unos 6 o 7 años) y hace poco mi mamá lo rescató de quién sabe dónde y desde ahí lo atesoro entre mis cosas.
El poema que elegí es uno de los que más me gustan. Me gustaba antes, cuando era pequeña y todavía es el que más me hace sonreír con complicidad por bromas sutiles y por las obvias.
Será el primero de unos cuantos... cuando el blog necesite algo de humor, pasada esta aburrida explicación para quienes no tenían idea de qué se trataba, aquí estará Mangacha con el humor de la escuela.
domingo, 5 de abril de 2009
Tiempo de trincheras
para estar alerta
cada un par de días me pongo a pensar que soy tremendamente egoísta.
porque me pone mal la felicidad ajena.
cada un par de días también hay gente que me hace ver las cosas de distinta manera.
me demuestran que me pone mal la felicidad ajena cuando influye negativamente en mi felicidad.
reformulo: cada un par de días la felicidad de alguien influye negativamente en mi felicidad.
para contrarrestarlo, podría suceder que la infelicidad ajena provocara cierto regocijo en mí, pero no es así, nunca es así.
de todos modos, algo no está bien.
enumeraciones varias
a) es el colmo ser amiguita de una "ella"
b) la gente me extraña de forma rara
c) hay gente que me usa y me lo demuestra con eufemismos
d) a veces, a pesar de descubrir demasiadas diferencias, se llegan a las mismas conclusiones y no somos tan distintos al otro como creemos.
e) nadie es indispensable
f) cada día me gusta más el café
g) me conmoví al ver una hoja "Tabaré" y recordar muchas cosas. (esto va a aparecer en un futuro post)
h) aunque hay gente que se canse de decirlo e intentar demostrarlo, todavía no sé cómo mierda convertir una debilidad en una fortaleza.
me canso de sostener tanto silencio
es tiempo de trincheras... hay que resguardarse.
cada un par de días me pongo a pensar que soy tremendamente egoísta.
porque me pone mal la felicidad ajena.
cada un par de días también hay gente que me hace ver las cosas de distinta manera.
me demuestran que me pone mal la felicidad ajena cuando influye negativamente en mi felicidad.
reformulo: cada un par de días la felicidad de alguien influye negativamente en mi felicidad.
para contrarrestarlo, podría suceder que la infelicidad ajena provocara cierto regocijo en mí, pero no es así, nunca es así.
de todos modos, algo no está bien.
enumeraciones varias
a) es el colmo ser amiguita de una "ella"
b) la gente me extraña de forma rara
c) hay gente que me usa y me lo demuestra con eufemismos
d) a veces, a pesar de descubrir demasiadas diferencias, se llegan a las mismas conclusiones y no somos tan distintos al otro como creemos.
e) nadie es indispensable
f) cada día me gusta más el café
g) me conmoví al ver una hoja "Tabaré" y recordar muchas cosas. (esto va a aparecer en un futuro post)
h) aunque hay gente que se canse de decirlo e intentar demostrarlo, todavía no sé cómo mierda convertir una debilidad en una fortaleza.
me canso de sostener tanto silencio
es tiempo de trincheras... hay que resguardarse.
sábado, 28 de marzo de 2009
The gift
Tenés clavado el virus del adiós. Te duele. El hola, hola de nuevo, trepa por las paredes de tu soledad y se aloja por un rato para desterrar a ese bendito monstruo que la arma. Pero a ella, que no se fue, que no vuelve, que nunca ha ido a ninguna parte, la mirás con ojos bondadosos y le regalás tu incondicionalísima... amistad.
Porque desde hace días o semanas vengo escuchando esta canción, cantándola y recordando la época en que escuchaba mucho esta música. Quizás reconcliándome con esa parte de mi vida. 'The gift' es una canción que siempre me llamó la atención y me produjo muchas cosas. Creo que va bien con el pequeño e insignificante post, que no tiene mucho más que decir.
Porque desde hace días o semanas vengo escuchando esta canción, cantándola y recordando la época en que escuchaba mucho esta música. Quizás reconcliándome con esa parte de mi vida. 'The gift' es una canción que siempre me llamó la atención y me produjo muchas cosas. Creo que va bien con el pequeño e insignificante post, que no tiene mucho más que decir.
martes, 24 de marzo de 2009
Count your fingers
- Tenés los brazos tan, tan blancos.
- Convengamos que no he tomado tanto sol, nena.
-¡Pero tan blancos! - decía con una voz de ensoñación que propiciaba el calor, el aire del ventilador de techo amasijando el ambiente.
Eran a medias, tumbados sobre la cama, cabeza con cabeza, en sentidos opuestos. Todavía quedaban resabios de ternura, restos de conversaciones acerca de manías varias, frases por la mitad, interrupciones a medida.
Lo que fuera que tuvieran los encontraba así cada tanto, conversando acerca de la blancura de alguna parte del cuerpo, la canas prematuras o nuevos lunares. La calma era aquello, la seguridad de arena era aquello, cinco o seis minutos, o toda la tarde, o una mañana después de quién sabe cuántas cosas.
Las palabras se arrastraban con sonrisas y la poca trascendencia de las conversaciones era una dulzura que flotaba en el aire enclaustrado del cuarto, como un perfume relajante, como una tregua con el tedio del día que acababa de pincharles los ojos.
Así quedaban, así eran, jugando a contarse los dedos de las manos en cada silencio, mirándose cada tanto y deseando secretamente un beso. Hasta que alguno hablaba de las canas, los lunares o qué tan blanca tenía alguna parte del cuerpo.
- Convengamos que no he tomado tanto sol, nena.
-¡Pero tan blancos! - decía con una voz de ensoñación que propiciaba el calor, el aire del ventilador de techo amasijando el ambiente.
Eran a medias, tumbados sobre la cama, cabeza con cabeza, en sentidos opuestos. Todavía quedaban resabios de ternura, restos de conversaciones acerca de manías varias, frases por la mitad, interrupciones a medida.
Lo que fuera que tuvieran los encontraba así cada tanto, conversando acerca de la blancura de alguna parte del cuerpo, la canas prematuras o nuevos lunares. La calma era aquello, la seguridad de arena era aquello, cinco o seis minutos, o toda la tarde, o una mañana después de quién sabe cuántas cosas.
Las palabras se arrastraban con sonrisas y la poca trascendencia de las conversaciones era una dulzura que flotaba en el aire enclaustrado del cuarto, como un perfume relajante, como una tregua con el tedio del día que acababa de pincharles los ojos.
Así quedaban, así eran, jugando a contarse los dedos de las manos en cada silencio, mirándose cada tanto y deseando secretamente un beso. Hasta que alguno hablaba de las canas, los lunares o qué tan blanca tenía alguna parte del cuerpo.
sábado, 21 de marzo de 2009
Alergia
Las náuseas a la mañana, la saliva rota que recuerda cierta música y ciertas ganas de bailar lo imbailable. Las náuseas a la mañana con un gusto a oportunidades de decir que se pierden. Náuseas, las noches se revuelven en el estómago de un día a estrenar.
La pantomima del viernes abre un hueco entre una gama de frasecitas armadas. Respuestas rápidas, los "sí" y "no", los planes y las pocas ganas de estar tan expuesta, pero aún así...
Y acaso se pregunta, con su vocecita frágil, con su pijama a cuadros, con todo el cuerpo, qué será de las futuras nostalgias, de las futuras náuseas, de todos y todos los viernes que vendrán a pedirle permiso para quedarse en su almohada.
Las náuseas a la mañana, como luz roja avisando del peligro que quizás implique equivocarse de manos, de voz, de par de ojos.
Y esas ganas de acariciar algo que duerme, siendo tan alérgica a los gatos.
La pantomima del viernes abre un hueco entre una gama de frasecitas armadas. Respuestas rápidas, los "sí" y "no", los planes y las pocas ganas de estar tan expuesta, pero aún así...
Y acaso se pregunta, con su vocecita frágil, con su pijama a cuadros, con todo el cuerpo, qué será de las futuras nostalgias, de las futuras náuseas, de todos y todos los viernes que vendrán a pedirle permiso para quedarse en su almohada.
Las náuseas a la mañana, como luz roja avisando del peligro que quizás implique equivocarse de manos, de voz, de par de ojos.
Y esas ganas de acariciar algo que duerme, siendo tan alérgica a los gatos.
lunes, 16 de marzo de 2009
And isn't it ironic... don't you think
An old man turned ninety-eight
He won the lottery and died the next day
It's a black fly in your Chardonnay
It's a death row pardon two minutes too late
Isn't it ironic ... don't you think
Hay noches donde las casualidades giran en todas direcciones esparciendo esa suerte de rayos luminosos que abarcan todo cuanto hay por el camino. Quizás noches que se repiten en el tiempo aunque en definitiva sucedan en lugares distintos y con personas diferentes, pero en el fondo, es la misma noche.
Una canción suena en la radio. Siempre es mejor escuchar ESA canción en la radio, así nos sea de fácil acceso a través de una pila de discos o la lista de reproducción de la computadora.
It's like rain on your wedding day
It's a free ride when you've already paid
It's the good advice that you just didn't take
Who would've thought ... it figures
Suenan los primeros acordes, suena la música y las imágenes de un video muy divertido se me vienen a la cabeza. Un video on the road, con toda la frescura de esa rara cantante de boca enorme. Suena la música y las primeras palabras se deslizan por mis labios a la vez que son escuchadas desde los parlantes. Alguien sube el volumen. Las mujeres de la casa, todas ellas, aprueban con algún sonidito o el tarareo de la música.
Mr. Play It Safe was afraid to fly
He packed his suitcase and kissed his kids good-bye
He waited his whole damn life to take that flight
And as the plane crashed down he thought
'Well isn't this nice...'
And isn't it ironic ... don't you think
Y de pronto sonrío... una sonrisa muy amplia, al empezar a dibujarse ciertas imágenes en mi cabeza. Los perfiles se van aclarando, de un momento a otro esa canción sólo significa una cosa para mí y sólo hay una persona que podría entenderlo.
Well life has a funny way of sneaking up on you
When you think everything's okay and everything's going right
And life has a funny way of helping you out when
You think everything's gone wrong and everything blows up
In your face
Decido ponerla a prueba, le cuento qué canción suena en la radio. No tarda ni dos segundos en responder, detallando el mismo momento que se dibuja en mi cabeza desde hace un rato.
Una pequeña mesa cuadrada, el nombre vegetal del bar, la noche, lo estrecho del lugar. Un auto, una espera, unas cervezas. El pequeño escenario y aquella chica de gestos humildes que pone música en algún aparato y se sube a hacer temas de la canadiense.
It's a traffic jam when you're already late
It's a no-smoking sign on your cigarette break
It's like ten thousand spoons when all you need is a knife
It's meeting the man of my dreams
And then meeting his beautiful wife
And isn't it ironic... don't you think
A little too ironic... and yeah I really do think...
Y en algún momento, Ironic. Enloquecemos un poco. Todavía no hay mucha gente y somos tres personas que de principio a fin animan la fiesta de aquel recinto. Un hombre que en algún momento tuvo nombre y luego se lo quitamos. Un par de ojos que se entrecierran, seis manos que golpean la mesa al ritmo de la canción. Tres personas que cantan casi a los gritos y entre risas. And yeah, I really do think the whole night was so ironic. Laughing at our faces with that silly walk on the bridge, on that pretty sweet foreign city.
It's like rain on your wedding day
It's a free ride when you've already paid
It's the good advice that you just didn't take
Who would've thought ... it figures
La noche vuelve a su lugar, con los protagonistas separados por cientos de kilómetros y la magia, el milagro de que ambas pensemos que esa canción solo tiene que ver con esa noche y con cada detalle que cada una percibió a su modo, sin haber mencionado nunca la relación explícita entre la canción y el momento.
Isn't it ironic? se puede recordar lo mismo por separado.
Life has a funny way of sneaking up on you
Life has a funny, funny way of helping you out
Helping you out
He won the lottery and died the next day
It's a black fly in your Chardonnay
It's a death row pardon two minutes too late
Isn't it ironic ... don't you think
Hay noches donde las casualidades giran en todas direcciones esparciendo esa suerte de rayos luminosos que abarcan todo cuanto hay por el camino. Quizás noches que se repiten en el tiempo aunque en definitiva sucedan en lugares distintos y con personas diferentes, pero en el fondo, es la misma noche.
Una canción suena en la radio. Siempre es mejor escuchar ESA canción en la radio, así nos sea de fácil acceso a través de una pila de discos o la lista de reproducción de la computadora.
It's like rain on your wedding day
It's a free ride when you've already paid
It's the good advice that you just didn't take
Who would've thought ... it figures
Suenan los primeros acordes, suena la música y las imágenes de un video muy divertido se me vienen a la cabeza. Un video on the road, con toda la frescura de esa rara cantante de boca enorme. Suena la música y las primeras palabras se deslizan por mis labios a la vez que son escuchadas desde los parlantes. Alguien sube el volumen. Las mujeres de la casa, todas ellas, aprueban con algún sonidito o el tarareo de la música.
Mr. Play It Safe was afraid to fly
He packed his suitcase and kissed his kids good-bye
He waited his whole damn life to take that flight
And as the plane crashed down he thought
'Well isn't this nice...'
And isn't it ironic ... don't you think
Y de pronto sonrío... una sonrisa muy amplia, al empezar a dibujarse ciertas imágenes en mi cabeza. Los perfiles se van aclarando, de un momento a otro esa canción sólo significa una cosa para mí y sólo hay una persona que podría entenderlo.
Well life has a funny way of sneaking up on you
When you think everything's okay and everything's going right
And life has a funny way of helping you out when
You think everything's gone wrong and everything blows up
In your face
Decido ponerla a prueba, le cuento qué canción suena en la radio. No tarda ni dos segundos en responder, detallando el mismo momento que se dibuja en mi cabeza desde hace un rato.
Una pequeña mesa cuadrada, el nombre vegetal del bar, la noche, lo estrecho del lugar. Un auto, una espera, unas cervezas. El pequeño escenario y aquella chica de gestos humildes que pone música en algún aparato y se sube a hacer temas de la canadiense.
It's a traffic jam when you're already late
It's a no-smoking sign on your cigarette break
It's like ten thousand spoons when all you need is a knife
It's meeting the man of my dreams
And then meeting his beautiful wife
And isn't it ironic... don't you think
A little too ironic... and yeah I really do think...
Y en algún momento, Ironic. Enloquecemos un poco. Todavía no hay mucha gente y somos tres personas que de principio a fin animan la fiesta de aquel recinto. Un hombre que en algún momento tuvo nombre y luego se lo quitamos. Un par de ojos que se entrecierran, seis manos que golpean la mesa al ritmo de la canción. Tres personas que cantan casi a los gritos y entre risas. And yeah, I really do think the whole night was so ironic. Laughing at our faces with that silly walk on the bridge, on that pretty sweet foreign city.
It's like rain on your wedding day
It's a free ride when you've already paid
It's the good advice that you just didn't take
Who would've thought ... it figures
La noche vuelve a su lugar, con los protagonistas separados por cientos de kilómetros y la magia, el milagro de que ambas pensemos que esa canción solo tiene que ver con esa noche y con cada detalle que cada una percibió a su modo, sin haber mencionado nunca la relación explícita entre la canción y el momento.
Isn't it ironic? se puede recordar lo mismo por separado.
Life has a funny way of sneaking up on you
Life has a funny, funny way of helping you out
Helping you out
domingo, 8 de marzo de 2009
Es hora
La tarde pidió algunos vasos a la miseria del olvido. Porque decir no y que sea un sí, es cotidiano, parece.
Indecisión en las puertas del infierno que vengo presintiendo. Indecisión y más frases que escapan de mi recetario.
No hace frío, un pequeño viento como el susurro de un árbol corre afuera y es bienvenido.
Adentro, más adentro de este juego están los saludos de siempre y más palabras que tragamos en los vasos del olvido.
Es hora. Es tiempo límite, cosas que salen de mi boca y no sé si llamarles palabras, o sonidos, o ruegos silenciosos camuflados de "chau, hasta luego".
Torcer un no, hacer que el sí me invite la última vuelta del baile que jamás pensé bailaría. Ahora queda esperar por una claridad, que entre la bruma de estos días parece no alcanzar nunca su destino de luz.
Ahora queda esperar por el final del juego, que no necesariamente será un desenlace. Quizás gane la razón algún día. Quizás nos demos cuenta de la incompetencia del corazón mientras hace que pulsa dentro del pecho.
Indecisión en las puertas del infierno que vengo presintiendo. Indecisión y más frases que escapan de mi recetario.
No hace frío, un pequeño viento como el susurro de un árbol corre afuera y es bienvenido.
Adentro, más adentro de este juego están los saludos de siempre y más palabras que tragamos en los vasos del olvido.
Es hora. Es tiempo límite, cosas que salen de mi boca y no sé si llamarles palabras, o sonidos, o ruegos silenciosos camuflados de "chau, hasta luego".
Torcer un no, hacer que el sí me invite la última vuelta del baile que jamás pensé bailaría. Ahora queda esperar por una claridad, que entre la bruma de estos días parece no alcanzar nunca su destino de luz.
Ahora queda esperar por el final del juego, que no necesariamente será un desenlace. Quizás gane la razón algún día. Quizás nos demos cuenta de la incompetencia del corazón mientras hace que pulsa dentro del pecho.
sábado, 28 de febrero de 2009
Agorafobia
A todos les gusta el mar y yo
nomás
prefiero ver
las olas
rompiendo sus flemas
en alguna orilla
y no meter
ni un pie.
Pero todos
todos ellos
aman el mar
el mar abierto.
Y yo cambiaría mi seguridad de arena
por una agorafobia continua
si pudiera tenerlos.
nomás
prefiero ver
las olas
rompiendo sus flemas
en alguna orilla
y no meter
ni un pie.
Pero todos
todos ellos
aman el mar
el mar abierto.
Y yo cambiaría mi seguridad de arena
por una agorafobia continua
si pudiera tenerlos.
miércoles, 18 de febrero de 2009
Outside the wall
All alone, or in two's,
The ones who really love you
Walk up and down outside the wall.
Some hand in hand
And some gathered together in bands.
The bleeding hearts and artists
Make their stand.
- Outside the wall - Pink Floyd
tanto silencio después de tantas palabras. tanta vereda angosta en la sutilidad de mis fracasos. tanta noche, madrugada a las cuatro, tanta promesa desterrada de su caliente selva de reprobaciones.
puse sobre la mesa mis conjeturas, mi perfil en el espejo, mis palabras se acomodaron en tus dudas, las tomaste, te acariciaste con ellas, te hicieron bien y pasé a ser solo eso.
tanto silencio después de tantas palabras. por ahí me acostumbro y dejo que la noche muda me revuelque de buena manera entre sus piernas de estrellas. mis piernas blancas se enrollan para que duerma mejor.
there's nobody outside the wall for me. all alone, not in two's, gotta say goodbye to this lonely you.
(años sin estar tan bilingüe)
(y baaaaasta de lamentaciones; ya volveré a aburrirlos con poesía)
The ones who really love you
Walk up and down outside the wall.
Some hand in hand
And some gathered together in bands.
The bleeding hearts and artists
Make their stand.
- Outside the wall - Pink Floyd
tanto silencio después de tantas palabras. tanta vereda angosta en la sutilidad de mis fracasos. tanta noche, madrugada a las cuatro, tanta promesa desterrada de su caliente selva de reprobaciones.
puse sobre la mesa mis conjeturas, mi perfil en el espejo, mis palabras se acomodaron en tus dudas, las tomaste, te acariciaste con ellas, te hicieron bien y pasé a ser solo eso.
tanto silencio después de tantas palabras. por ahí me acostumbro y dejo que la noche muda me revuelque de buena manera entre sus piernas de estrellas. mis piernas blancas se enrollan para que duerma mejor.
there's nobody outside the wall for me. all alone, not in two's, gotta say goodbye to this lonely you.
(años sin estar tan bilingüe)
(y baaaaasta de lamentaciones; ya volveré a aburrirlos con poesía)
lunes, 16 de febrero de 2009
El tipo que canta II

la noche terminó muy temprano. todavía estoy linda, no sé para qué. miedo de la calle oscura y el poco frío, miedo, correr las cuadras peligrosamente agazapadas, alejándome el portón. la noche demasiado temprano y todavía estoy linda, con mi escogido outfit de ocasión, sencillo y personal.
los teléfonos me hacen zancadillas, la timidez me acorta la noche, me deja con palabras en la punta de la lengua y me aleja las posibilidades.
girar y girar con la pollera liviana blanca de noche, ser una luna así grandota a causa de la revolución sobre el eje de mi cuerpo.
y el tipo que canta, el cuello que canta, agota lo suave en dos o tres notas. él tímido también. ojos cerrados también, sostiene la música mientras toma algo, agradece como disculpándose, sonríe tímidamente, pocas palabras, manos ágiles, voz sencilla. el tipo que canta no me canta, pero me encanta.
demasiada poca noche. aunque la soledad se entibia con dos estrellas que se suman a la danza nocturna. se ríe, la noche se ríe.
yo no quería reir hoy, no podía, pero las estrellas...
brindo por un tacho de basura (mis estrellas de hoy)
por si alguien se lo pregunta... El tipo que canta I, es una entrada del 24 de julio de 2008, pueden buscarla ahí. este es otro "tipo que canta", distinto del mencionado aquella vez (si acaso fueran reales)
explicado por
Eclipse
a las
12:44 a.m.
y tiene connotación de
ciudad,
el tipo que canta,
música,
prosa
lunes, 9 de febrero de 2009
Sala de espera
Me espera, ancha y tibia, para que espere, entre en el trance de quienes están paso pero se estacionan en un pedacito de vida.
Otros respiran conmigo, dormidos en el calor indeciso de la noche, amarrados a una esperanza, interrogados de cerca por la oscuridad leve del recinto.
Muevo, me muevo, no puedo estar quieta. La sala de espera es tanto silencio entrecortado por comentarios profesionales y conversaciones cotidianas, es tanto silencio de abrir ascensor, de escuchar chusmeríos parciales, es mirar las lucecitas oscilando entre el SS y el 5, de arriba a abajo, toda la noche, las páginas del libro de toda la noche en ascensor, el libro leer, levantar la vista, el ascensor, la noche.
El mobiliario no puede ser movido, ordenan prolijísimos carteles que no huelen a hospital. El mobiliario es cómodo e inapropiado, es de color, es suficiente y un poco cómodo. La sala es una habitación, ni grande, ni chica, la vista la abraza cansinamente, la estudia como una actividad más después del desgano para leer o escuchar música. A simple vista es un lugar, pero si los ojos miran hacia arriba, se posan en la franja vacía previa al techo, en el techo mismo, ese rectángulo blanco y limpio... es espacio. Arriba espacio, espacio contra lugar, lo definido por el mobiliario, los bultos que respiran en la penumbra, las sombras, la luz del escensor, la música tenue que viene de algún sitio, las voces hechas susurro. Todo lugar. Arriba, espacio, blanco, donde el aire puede dar piruetas a su antojo, puede moverse libre entre blanco, techo, pared, al límite de los primeros carteles y los marcos superiores de las puertas.
Y afuera, también esperando, el árbol parece un ser animado más, la copa desde arriba, una masa verde, músculos recubiertos de piel verde, articulaciones, algo que respira bajo la luz de sodio. Espera en la calle, acompaña el silencio de la sala, respira como los bultos, que son personas que duermen. Respira como respiro, confundida, pensando, pensando sin poder dormir, pensando demasiado, pensando distraidamente, por vicio, por necesidad, por complicación, por manía.
Espero. Parece que siempre estuviera esperando el relevo.
Otros respiran conmigo, dormidos en el calor indeciso de la noche, amarrados a una esperanza, interrogados de cerca por la oscuridad leve del recinto.
Muevo, me muevo, no puedo estar quieta. La sala de espera es tanto silencio entrecortado por comentarios profesionales y conversaciones cotidianas, es tanto silencio de abrir ascensor, de escuchar chusmeríos parciales, es mirar las lucecitas oscilando entre el SS y el 5, de arriba a abajo, toda la noche, las páginas del libro de toda la noche en ascensor, el libro leer, levantar la vista, el ascensor, la noche.
El mobiliario no puede ser movido, ordenan prolijísimos carteles que no huelen a hospital. El mobiliario es cómodo e inapropiado, es de color, es suficiente y un poco cómodo. La sala es una habitación, ni grande, ni chica, la vista la abraza cansinamente, la estudia como una actividad más después del desgano para leer o escuchar música. A simple vista es un lugar, pero si los ojos miran hacia arriba, se posan en la franja vacía previa al techo, en el techo mismo, ese rectángulo blanco y limpio... es espacio. Arriba espacio, espacio contra lugar, lo definido por el mobiliario, los bultos que respiran en la penumbra, las sombras, la luz del escensor, la música tenue que viene de algún sitio, las voces hechas susurro. Todo lugar. Arriba, espacio, blanco, donde el aire puede dar piruetas a su antojo, puede moverse libre entre blanco, techo, pared, al límite de los primeros carteles y los marcos superiores de las puertas.
Y afuera, también esperando, el árbol parece un ser animado más, la copa desde arriba, una masa verde, músculos recubiertos de piel verde, articulaciones, algo que respira bajo la luz de sodio. Espera en la calle, acompaña el silencio de la sala, respira como los bultos, que son personas que duermen. Respira como respiro, confundida, pensando, pensando sin poder dormir, pensando demasiado, pensando distraidamente, por vicio, por necesidad, por complicación, por manía.
Espero. Parece que siempre estuviera esperando el relevo.
sábado, 31 de enero de 2009
de West Virginia a la Patagonia...
...pero yo llego de acá nomás
Una bolsita hermética encierra unos poemas. Recortados, diminutos, fragmentados y unidos, mezclados, sin orden, en una bolsita hermética de nylon. No es a propósito, pero ahora se me hace un gesto solidario, casi condescendiente de preservación, un mimo material a esos serios y usados pedazos de una misma; transportables, atreviéndose poco a poco a ser públicos, como nunca.
La bolsita reposa en un bolsillo de la mochila, se acomoda pese al calor y los sacudones, acompaña silenciosamente un éxodo premeditado, siendo parte, sin saberlo, de un todo de pertenencias inexactas y casi prescindibles desde el punto objetivo del asunto, pero ínfimamente necesarias por esas vueltas de la sinrazón humana.
Es confuso sentirse demasiado normal, con el presentimiento del anonimato golpeando a cada instante las puertas camufladas del futuro inmediato y del lejano.
Ambos se ríen un poquito de su ingenuidad suicida, le tocan (¿le besan?) la frente blanca por las noches, donde el sueño apenas perturba su claridad de mujer simple, su apariencia de parapeto infranqueable. Dormida, nomás parece una muchacha frágil y compleja, como toda esa red de venas y arterias que graciosamente tornasolan distintas partes de su cuerpo.
Despierta, se endereza con una calma insospechada. Se mira las uñas de los pies, recuerda el ocio de esa tarde en que casi jugando, se las pintó de marrón oscuro. Anónima, todavía anónimamente clara y dulce, sin saberlo.
Cada tanto anota algo o presiente lo que vendrá luego del descanso después del "volver", aunque esa palabra siempre le haya parecido extraña y tan cambiante de sentido (irse para regresar, decía, tener un lugar al que regresar, inventaba que él decía). Volver era algo de antes, cuando se rendía a las consecuencias de volver a empezar. Volver ahora era un lastre que de alguna manera le impedía, justamente, planear nuevos comienzos.
Pero empecemos por algo, dice en un rincón, con kilómetros de papel en la falda, con los pies descalzamente infantiles (las uñas de marrón oscuro), los brazos tapizados de venitas azules, la cara algo indecisa a jugar el juego. Empecemos por burlar la geografía (burlar la geografía, repite para adentro), por ejemplo. Y señala puntos aleatorios en un mapa: West Virginia, lee en voz alta, como si a alguien le importara. Georgia (y el azar le trae ese lugar donde alguien alguna vez quiso esperarla, blondas amistades de antaño), Colorado, dice hacia adentro, con la pronunciación que emplean sus habitantes y no la original (y ríe al darse cuenta), mientras sigue con el dedo en el mapa y abandona el azar para repetir, ahora en voz alta y solemnemente: Michigan, señalarlo, mirar arriba, abajo, intentar ubicar ciudades, aeropuertos y carreteras, mientras se le cuelan las palabras del poema reciente y ese verso que tanto le gusta: "Glittering dreams over the horizon". Un poema bilingüe bastante malo pero cargado de inside-jokes (blondas amistades de antaño).
Retoma el azar, ve puntos en un mapa siniestro y de nuevo burlar la geografía, se dice, se predica, se autocompadece señalando abiertamente Córdoba, Varsovia, Bucarest, la Patagonia... y casi queriendo cruzar, como si dar un saltito y estar Antártidamente fría... y al mismísimo fin del mundo y qué lindo llegar.
De West Virginia a la Patagonia, piensa, raros destinos, azar, inhóspito azar, serían otros "sueños brillantes sobre el horizonte" y de nuevo anónima, pero de nuevo blanca la frente y de nuevo bilingüe y de nuevo las ganas de burlar la geografía y de nuevo las ganas...
Bajamos, Rivadavia, recordando la mitad del nombre del bar que podría salvarnos la noche. Las mesas nos ofrecen excusa de distracción, leyendas, fechas y marcas vetustas, históricas. Sorteamos la tentación de acariciar las mesas, de ofrecerles la visión inversa de nuestros escotes y aceptamos otras cervezas. Una vez más burlando la geografía, una vez más dejo ganar al azar la posesión de un recuerdo.
De West Virginia a la Patagonia. Recorta las palabritas del mapa. La bolsa hermética de nylon. Junto a los otros papeles. Parece el preámbulo de un sorteo. Pero no. Espera secretamente que los destinos al azar le digan algo. Los revuelve con ojos de niña. Pero callan.
Una bolsita hermética encierra unos poemas. Recortados, diminutos, fragmentados y unidos, mezclados, sin orden, en una bolsita hermética de nylon. No es a propósito, pero ahora se me hace un gesto solidario, casi condescendiente de preservación, un mimo material a esos serios y usados pedazos de una misma; transportables, atreviéndose poco a poco a ser públicos, como nunca.
La bolsita reposa en un bolsillo de la mochila, se acomoda pese al calor y los sacudones, acompaña silenciosamente un éxodo premeditado, siendo parte, sin saberlo, de un todo de pertenencias inexactas y casi prescindibles desde el punto objetivo del asunto, pero ínfimamente necesarias por esas vueltas de la sinrazón humana.
Es confuso sentirse demasiado normal, con el presentimiento del anonimato golpeando a cada instante las puertas camufladas del futuro inmediato y del lejano.
Ambos se ríen un poquito de su ingenuidad suicida, le tocan (¿le besan?) la frente blanca por las noches, donde el sueño apenas perturba su claridad de mujer simple, su apariencia de parapeto infranqueable. Dormida, nomás parece una muchacha frágil y compleja, como toda esa red de venas y arterias que graciosamente tornasolan distintas partes de su cuerpo.
Despierta, se endereza con una calma insospechada. Se mira las uñas de los pies, recuerda el ocio de esa tarde en que casi jugando, se las pintó de marrón oscuro. Anónima, todavía anónimamente clara y dulce, sin saberlo.
Cada tanto anota algo o presiente lo que vendrá luego del descanso después del "volver", aunque esa palabra siempre le haya parecido extraña y tan cambiante de sentido (irse para regresar, decía, tener un lugar al que regresar, inventaba que él decía). Volver era algo de antes, cuando se rendía a las consecuencias de volver a empezar. Volver ahora era un lastre que de alguna manera le impedía, justamente, planear nuevos comienzos.
Pero empecemos por algo, dice en un rincón, con kilómetros de papel en la falda, con los pies descalzamente infantiles (las uñas de marrón oscuro), los brazos tapizados de venitas azules, la cara algo indecisa a jugar el juego. Empecemos por burlar la geografía (burlar la geografía, repite para adentro), por ejemplo. Y señala puntos aleatorios en un mapa: West Virginia, lee en voz alta, como si a alguien le importara. Georgia (y el azar le trae ese lugar donde alguien alguna vez quiso esperarla, blondas amistades de antaño), Colorado, dice hacia adentro, con la pronunciación que emplean sus habitantes y no la original (y ríe al darse cuenta), mientras sigue con el dedo en el mapa y abandona el azar para repetir, ahora en voz alta y solemnemente: Michigan, señalarlo, mirar arriba, abajo, intentar ubicar ciudades, aeropuertos y carreteras, mientras se le cuelan las palabras del poema reciente y ese verso que tanto le gusta: "Glittering dreams over the horizon". Un poema bilingüe bastante malo pero cargado de inside-jokes (blondas amistades de antaño).
Retoma el azar, ve puntos en un mapa siniestro y de nuevo burlar la geografía, se dice, se predica, se autocompadece señalando abiertamente Córdoba, Varsovia, Bucarest, la Patagonia... y casi queriendo cruzar, como si dar un saltito y estar Antártidamente fría... y al mismísimo fin del mundo y qué lindo llegar.
De West Virginia a la Patagonia, piensa, raros destinos, azar, inhóspito azar, serían otros "sueños brillantes sobre el horizonte" y de nuevo anónima, pero de nuevo blanca la frente y de nuevo bilingüe y de nuevo las ganas de burlar la geografía y de nuevo las ganas...
Bajamos, Rivadavia, recordando la mitad del nombre del bar que podría salvarnos la noche. Las mesas nos ofrecen excusa de distracción, leyendas, fechas y marcas vetustas, históricas. Sorteamos la tentación de acariciar las mesas, de ofrecerles la visión inversa de nuestros escotes y aceptamos otras cervezas. Una vez más burlando la geografía, una vez más dejo ganar al azar la posesión de un recuerdo.
De West Virginia a la Patagonia. Recorta las palabritas del mapa. La bolsa hermética de nylon. Junto a los otros papeles. Parece el preámbulo de un sorteo. Pero no. Espera secretamente que los destinos al azar le digan algo. Los revuelve con ojos de niña. Pero callan.
viernes, 16 de enero de 2009
Conveniencia
Hay una gotera sobre el techo de confortable soledad. No puedo dejar que vengas y dejarte entrar y dejarte endulzarme con gestitos ubicuos, tiernos, masticables, aparentemente inofensivos, dignos de una decisión impetuosa por atravesar el mundo... y que nada más sea una chispa momentánea de cariño exaltado.
La tela ardiente en la playa salta montoncitos negos de preocupaciones, ata los cables de alta tensión que amontonás bajo la cama, pierde la confianza del reloj de arena, abraza cardos de forma esperanzadora.
Harta de histeriqueos comprados en los chinos, busca el renglón donde pifió la mala suerte, hunde el cuchillo en una noche cualquiera, mientras la luna se suicida de golpe y porrazo entre las piernas de una vecina perversa.
Abre el pecho, flores color piel se mojan en la lluvia con pasaporte vencido. Pegás la vuelta, niño, pero te refugiás como un perro perdido en la primera falda que te mira con ojos compasivos. Ya basta de cuentos en noches de calor. Tus dientes de perro desafilado, de perro con collar de plata, rascan los huesos de la pobre dueña que se cree la sinceridad del mover la cola. Finalmente, te parecés más a un gato, con casa pero sin dueño, volviendo siempre a los mismos ratones, a las mismas esquinas de barrios linderos, pero al final del día, amontonás tus bolas de pelo en la playa hospitalaria de una ama rota.
La tela ardiente en la playa salta montoncitos negos de preocupaciones, ata los cables de alta tensión que amontonás bajo la cama, pierde la confianza del reloj de arena, abraza cardos de forma esperanzadora.
Harta de histeriqueos comprados en los chinos, busca el renglón donde pifió la mala suerte, hunde el cuchillo en una noche cualquiera, mientras la luna se suicida de golpe y porrazo entre las piernas de una vecina perversa.
Abre el pecho, flores color piel se mojan en la lluvia con pasaporte vencido. Pegás la vuelta, niño, pero te refugiás como un perro perdido en la primera falda que te mira con ojos compasivos. Ya basta de cuentos en noches de calor. Tus dientes de perro desafilado, de perro con collar de plata, rascan los huesos de la pobre dueña que se cree la sinceridad del mover la cola. Finalmente, te parecés más a un gato, con casa pero sin dueño, volviendo siempre a los mismos ratones, a las mismas esquinas de barrios linderos, pero al final del día, amontonás tus bolas de pelo en la playa hospitalaria de una ama rota.
sábado, 3 de enero de 2009
Yo, tú, ella, él ¿quiénes?
Ella escribe sobre ella misma. Supongo. Intuyo. Sospecho. Ella, la mujer, la otra, escribe, se describe, o quizás escribe sobre una desconocida que conoció y que es un poco ella. Dolores, búsquedas, escribe. Y esta otra piensa que la mujer, la otra, escribe sobre ella misma, porque no puede llenarse.
Y es todo tan raro, se dice, ella, leyendo a la mujer, a la otra, él leyéndola en una charla aparentemente normal, pero a su vez leyendo a la mujer, comprendiéndola y queriéndola. Callándola.
El cuarto tibio. Un cuarto tibio cualquiera, replegándose en la memoria de un invierno nevado. El cuarto tibio, piensa, sopesa entre las dudas y las rarezas del paralelismo que lee. Descubre que puede recordar sensaciones. No sólo las imágenes de un pasado lejano sino olores, temperaturas. La cama ancha, inabarcable. Fría e inabarcable. La cama para ella sola. Y el levantarse, cruzar al baño, la casa tibia. El cuarto tibio.
Lee: "el cuarto tibio" en alguna parte espera por una inmensidad que no es la suya. Espera, y relee, y lo lee a él, casi flotando, casi deseando que las palabras sean manos.
Las manos.
Las estaciones se repiten en ramitos de geranios y jazmines. Lo lee, quiere decirle tantas cosas. Él lee a la otra, la abraza con halagos y la comparte, la ofrece, deliciosamente la saborea en los ojos de otros, aunque secretamente es suya, la otra, no ella.
La otra escribe sobre ella misma en un libro desordenado, la divierte y se palpa la cara, deja el libro reposando en su pecho, pensando. La otra, la mujer, la hace pensar en él que se arrima, pero que siempre lejos. Pero que siempre arde en la piel sin ser tocado. Y ella, con sus manos, con su nada incandescente, sonríe con palabras.
Las estaciones se repiten. Ya sabés la historia. Ella, la otra, te la contó. Y más, sabés qué fue ficción y qué no de aquella historia, sabés por qué hay un libro dentro de otro.
Y yo pienso en la nieve. En los recuerdos tan ajenos a la nieve que me trae la nieve. Es raro. Tan raro como que yo piense en ella, y ella piense que la otra, la mujer, escribe sobre sí misma, para que al fin piense yo en él. O ella, que piense en él que no le entrega las palabras que necesita oír, pero que sigue, en su parapeto blindado, regalando soles.
Las manos.
Y la nieve.
Y tener que partir (sólo, a veces, para tener que regresar)
Es así, le dice ella. A veces lo que importa es el regreso y uno parte, con todo lo que implica, para hacer algo con el viaje. Y luego la celebración o la culpa o la nostalgia del regreso. Me pone incómoda que importe más el regreso. El viaje a veces solo importa si hay lugar a dónde regresar, le dice él. En realidad no le dice nada, ella se imagina. Sería una buena respuesta, probablemente él la daría.
La nieve.
Las manos.
El viaje.
Y se olvida del piano en que le enseñaron unos pocos compases, se olvida, pero ahora recuerda. Y recuerda que le dijeron que a veces no es cuestión de la cantidad de tiempo, sino de la intensidad con que se viven los momentos. Y piensa en ella, en la otra, la mujer, de alguna forma siempre la hará pensar en él de esa forma. Debe buscar otra. Saber que la mujer escribe sobre sí misma (o intuirlo, o sospecharlo) y que él lee en vivo a la mujer, la lee a ella y nada más espera.
¿Y a quién espera?
Y es todo tan raro, se dice, ella, leyendo a la mujer, a la otra, él leyéndola en una charla aparentemente normal, pero a su vez leyendo a la mujer, comprendiéndola y queriéndola. Callándola.
El cuarto tibio. Un cuarto tibio cualquiera, replegándose en la memoria de un invierno nevado. El cuarto tibio, piensa, sopesa entre las dudas y las rarezas del paralelismo que lee. Descubre que puede recordar sensaciones. No sólo las imágenes de un pasado lejano sino olores, temperaturas. La cama ancha, inabarcable. Fría e inabarcable. La cama para ella sola. Y el levantarse, cruzar al baño, la casa tibia. El cuarto tibio.
Lee: "el cuarto tibio" en alguna parte espera por una inmensidad que no es la suya. Espera, y relee, y lo lee a él, casi flotando, casi deseando que las palabras sean manos.
Las manos.
Las estaciones se repiten en ramitos de geranios y jazmines. Lo lee, quiere decirle tantas cosas. Él lee a la otra, la abraza con halagos y la comparte, la ofrece, deliciosamente la saborea en los ojos de otros, aunque secretamente es suya, la otra, no ella.
La otra escribe sobre ella misma en un libro desordenado, la divierte y se palpa la cara, deja el libro reposando en su pecho, pensando. La otra, la mujer, la hace pensar en él que se arrima, pero que siempre lejos. Pero que siempre arde en la piel sin ser tocado. Y ella, con sus manos, con su nada incandescente, sonríe con palabras.
Las estaciones se repiten. Ya sabés la historia. Ella, la otra, te la contó. Y más, sabés qué fue ficción y qué no de aquella historia, sabés por qué hay un libro dentro de otro.
Y yo pienso en la nieve. En los recuerdos tan ajenos a la nieve que me trae la nieve. Es raro. Tan raro como que yo piense en ella, y ella piense que la otra, la mujer, escribe sobre sí misma, para que al fin piense yo en él. O ella, que piense en él que no le entrega las palabras que necesita oír, pero que sigue, en su parapeto blindado, regalando soles.
Las manos.
Y la nieve.
Y tener que partir (sólo, a veces, para tener que regresar)
Es así, le dice ella. A veces lo que importa es el regreso y uno parte, con todo lo que implica, para hacer algo con el viaje. Y luego la celebración o la culpa o la nostalgia del regreso. Me pone incómoda que importe más el regreso. El viaje a veces solo importa si hay lugar a dónde regresar, le dice él. En realidad no le dice nada, ella se imagina. Sería una buena respuesta, probablemente él la daría.
La nieve.
Las manos.
El viaje.
Y se olvida del piano en que le enseñaron unos pocos compases, se olvida, pero ahora recuerda. Y recuerda que le dijeron que a veces no es cuestión de la cantidad de tiempo, sino de la intensidad con que se viven los momentos. Y piensa en ella, en la otra, la mujer, de alguna forma siempre la hará pensar en él de esa forma. Debe buscar otra. Saber que la mujer escribe sobre sí misma (o intuirlo, o sospecharlo) y que él lee en vivo a la mujer, la lee a ella y nada más espera.
¿Y a quién espera?
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