viernes, 7 de diciembre de 2007

asombros cotidianos

- ¡Sabrina, dejá de jugar con el agua! ¿Terminaste de lavarte los dientes?- se oyen protestas desde el otro lado de la casa y alguien me dice:
-¿Podés ir a cerrarle la canilla?
Camino resignada, esperando algún grito en respuesta de mi futuro límite, aparte de los que ya estaban argumentando su demora en la tarea del aseo. Cierro la canilla con firmeza, sin siquiera mirarla, esperando lo peor.
- Gracias, hermana.
La vida nos sorprende. Me dejó una sonrisa imborrable y las ganas de escribir para contar una de esas pequeñas cosas que vuelven nuestros días si no más interesantes, al menos más recordables. Agradezco conservar esta capacidad del asombro. Quizás se tendría que haber ganado un buen beso de mi parte, así lo rechazara con sus manos pequeñitas.

2 comentarios:

Quijo dijo...

Son las pequeñas historias cotidianas las que nos dan pie a seguir y a sonreir...:)

Juan dijo...

Eso es lo bueno de los hermanos chicos, tiene esa sorpresa esporadica apra ti, despues crecen y se vuelven pesados.. jajaja... Hace rato q no contabas nada de sabrina, si bien creo nunca lo hiciste aqui, era divertido escucharte siempre contando esas historias q terminaban: "ella es re inteligente, es una luz!"
Q se repitan, al menos mientras duren, besos