sábado, 2 de abril de 2011

Datos inútiles

Uno de los tantos juegos tácitos que tenía de niña con mi papá era el de coleccionar datos inútiles. El juego incluía diferentes categorías, desde inventos casuales hasta los segundos en lograr una hazaña, a quienes nadie recuerda, obnubilados por los primeros.
El gusto por coleccionar datos inútiles o que no cambian demasiado la percepción de sucesos o cosas, me ha perseguido siempre. Es así que en diversos tours improvisados por la ciudad, suelo contarle a los extranjeros cosas que sé sobre detalles ínfimos de calles, edificios o sitios.
Creo que en un tiempo debería hacer una especie de antología de datos inútiles que he coleccionado durante años.
Con todo esto iba a que el otro día pensé en mi día como una serie de sucesos que tenía ganas de contar pero que no representan nada especial o de interés para nadie. Simplezas que después de acabado el día aparecieron en mi mente como fotos nítidas de el día concluido. Pensé en mi juego y mi interés y tuve la esperanza de que exista más gente coleccionando por ahí datos inútiles.
Fue así que me decidí a contar que me fui temprano de la tarde a la playa, abrigada y de zapatos, a caminar mientras escuchaba la banda sonora del día, observando a las señoras de Pocitos pasear sus perros y mirando el mar para olvidar que allá atrás corrían los autos.
Pensé en qué tan lejos estaremos de crear algo que aporte, sentí el temor y a su vez el desafío de que todo pueda ya estar inventado.
Escribí dos mails que debía haber mandado hace siglos y aún tengo uno pendiente, a alguien que debe creer que soy una incumplidora irresponsable y no que he estado ocupada lejos de la computadora desde hace tiempo.
Me reencontré con gente que hacía mucho tiempo no veía. Disfruté de dos o tres casualidades. Caminé en la noche por ese barrio que hacía tiempo no pisaba, pensé en quedarme en suspenso mientras volvía a casa.
Me levanté temprano, me dormí en el ómnibus, pensé más de tres veces en la misma persona, leí sobre Gadamer, Lygia Clark y pensé en varios proyectos a futuro.
Tuve pereza y frío, sueño, hambre, miedo.
Me sentí insignificante y a la vez digna de un libro.

2 comentarios:

Anna O. dijo...

datos inútiles que te hacen única. de hecho , antes mientras me contabas tus historias , no sé qué dijiste y pensé en que siempre relatas esos pequeños detalles que no tienen nada que ver con la historia , pero que no serías vos si no contaras esas cosas , además es como si quisieras que el otro viera con tus ojos , me gusta eso , lumi.

y de golpe , así , me dieron ganas de ir por la noche contigo a bailar beatles por ahí y que eso sea todo.



Fd. dijo...

Habrá que escribirlo, pues.