jueves, 14 de octubre de 2010

Mariposas y cometas

El domingo hubo sol. Hubo mariposas en algún lugar en que no estuve y también cometas que no vi.
Aún así, todo eso se intuía.
Caminaba adjunta a las condiciones atmosféricas, los últimos momentos de una feria que me hace descubrir un libro hermoso y regordete, "se lo dejo en 160", pagar y seguir, mirar, ejercer el ritual del almuerzo comprado en el mismo lugar cada vez que una anda por allí.
El domingo hubo sol adentro de los arrolladitos primavera, de los cereales dulces, de las pocas palabras relojeadas entre las hojas, en la plaza de los 33...
Otro lugar lleno de libros me hace levantar la cabeza y lo veo. Sonrío. Un enorme libro reposa en la estantería más alta de un puesto que engaña diciendo que todo son ofertas.
Freud. No el psicoanalista, el otro.
La gente interrumpe el paso, apenas una puede preguntar el precio, pero la masa también ofrece abrigo, hace pasar desapercibidos los ojos que amenazan con anegarse, taladrados por recuerdos en cascadas.
Freud. El otro. La misma época, la primavera de otro año visita ese instante y se llena de una mezcla de nostalgia y paz, una recuerda el encantamiento por ese pintor que alguien supo darle a conocer, en una primavera en que todo era detalle, mimo y canción.
La calle principal, en domingo, me hace respirar hondo. No es la avenida alienante de los días de semana.
Bajo al subte, miro fotos y siento escaparse la primavera allá arriba. Salgo encandilada por un sol que me susurra al oído que aún queda día por delante y algo, sin saber por qué, me recuerda el sabor a los muffins de Great Harvest que llevan (y suspiro al sacar la cuenta) siete años sin visitar mi boca.
El día se puebla de largas caminatas. Freud, el otro, sigue en mi cabeza. No es el mismo libro que vi por fotos, con una recomendación emocionada, en aquella otra primavera. Maldigo no haberlo ojeado.
Recuerdo las cosas que me gustan de él, las perspectivas forzadas, el realismo combinado con una antinaturalidad casi caprichosa, los rostros y cuerpos hechos de pinceladas, los retratos inquietantes. Las cosas que me gustan de él, de Freud, el otro Freud. Y también, despacio y con serenidad, se cuelan las cosas que supieron gustarme de él, del otro.
Sonrío... es como las mariposas y las cometas que no veo, pero intuyo.



9 comentarios:

Jorgelina dijo...

Me encantó la entrada.

Jorgelina dijo...

Me encantó la entrada.

Scarlett DuBois dijo...

Hermoso. Me emociono de veras. Qué lindo cuando el recuerdo trae sonrisas. Ansío ese momento.

eMiLiA dijo...

"Qué manera más curiosa de recordar tiene uno.
Qué manera más curiosas, hoy recuerdo mariposas..." ♪

Te leo y Silvio canta.

Qué maneras más curiosas tiene el recuerdo para inmiscuirse en lo cotidiano.

Hermosa entrada. Como siempre.

:D

Un abrazo!

eMiLiA dijo...

Ups, no pude escuchar el audio pero lo busqué.

Gran descubrimiento!

Gracias por eso.

:)

·Geo·ligne· dijo...

Precioso recorrido, sensaciones, recuerdos, nostalgias.
(casi me trajo imagenes de otros tiempos en los que una suerte mejor me conoció)

¿Qué decirle, niña eclipse?

Le dejo un abrazo.
Siga escribiendo tan bonito.

(ristinota dijo...

preciosa entrada y precioso blog; me encanto el diseño.

un abrazo!

(ristinota dijo...

muchas gracias! me hace muy feliz que te guste mi trabajo ;)

un besico!

(ristinota dijo...

bonita!!!
mil gracias por aquel enlace, me encanto el trabajo de tu amigo y me inspiró muchisimo!!
un abrazo enorme!