viernes, 7 de agosto de 2009

El tipo que canta VI


De a poco voy desarrollando características del cariño para con los tipos que cantan. Traerlos hasta acá, como llevar a un hombre a la intimidad, se asemeja a un juego de sábanas en el que pretendo esa bilateralidad que no existe.
Pero como de unilateralidades estoy cansada, me pienso la realidad a mi manera: con cada tipo que canta, repetido o no en estas crónicas, se entabla una relación que es aquí y es ahora, a sus espaldas pero tan de frente como quiera, con el nombre impronunciado pero al alcance de la mano, en fechas, guiños, o incluso en respuestas si quieren saber. Pero siempre el misterio. Acá los tipos que cantan tienen eso de misterio y eso de inalcanzable que probablemente ahí afuera no tengan. No es una inocente bulla, una retribución de groupie, sino una forma de divertirnos, en esa bilateralidad imaginada, en ese juego de sábanas que no existe, porque así soy, porque así hay algo ulterior que me hace ser con quienes sin tocarme con las manos me saben abrazar. Así, con eufemismos y con dudas, y con estas palabras de noche (siempre de noche) que si quieren son suyas, las regalo, las ofrezco, las cambio por baratijas.

Otra noche llena de corridas, de apuratequestarde, de correr y reir y llegar cantando a la alegría que promete la noche. Todo es conocido. El olor a muchos se nos mezcla entre el pelo y las ganas, entre el sudor de fiesta y las costumbres de saltos. El dolor, el miedo a los golpes son mantenidos a raya por el espíritu festivo, por la alegría del reencuentro, por las voces que salen de una garganta que ya no parece ser mía.
Cada lado de los lentes hacen las veces de pantallas para ver más música, más gritos, más saltos, más adrenalina donde todo tiene ese gusto picante y sanador del jolgorio. Lado A y Lado B se cruzan miradas cómplices, frases que no necesitan ser puestas en palabras, las gracias de tener de amigos a los hermanos y de hermanos a los amigos.

Afuera el abrazo polar de la calle nos devora con aires libidinosos. Un bar, la fiesta que se continúa en retratos hablados, en breves saciedades con el tono amarillo grasiento de esos lugares de mostrador y mozos con anacrónicas moñas.

Después solo queda saber qué nos depara la noche, de la mano de Babilonia, hasta el fin de la avenida con Babilonia, hasta el fin de la noche con Babilonia sin encontrar jamás a Sèvres.

nota: el tipo que canta VI = el tipo que canta IV

9 comentarios:

Jor Arribillaga dijo...

Los tipos que cantan siempre nos salvan... Y nos dan la ilusión pasajera de que esa noche no se termina más.

Ya sabés ;)

Dolores Eidán dijo...

Tenemos esa ilusión con los tipos que cantan, de perpetuarlos en textos, de traerlos hasta nosotros, de conservarlos en la retina.

Somos así. Son así. Casi eternos, como los momentos que pasamos escuchándolos.

Abrazo, Eclipse!

¡Jotapé! dijo...

¡Cómo rinde la guitarrita y el chingui-chingui!

Beterraba y Remolacha dijo...

Eclipse

ahora que le puedo poner tu rostro y hasta tu tono de voz a lo que escribís, todo cambia. los tipos que cantan se hacen más humanos, los bares más montevideanos, las risas que contás con palabras, más contagiosas...
ya no me pregunto cuando voy en ómnibus si esa muchachita que acaba de subirse serás tú. ahora sólo me pregunto si te estarás por subir.

besos

maca (remolacha :-)

green. dijo...

''porque así hay algo ulterior que me hace ser con quienes sin tocarme con las manos me saben abrazar.''
EXCELENTE.

siguiendo tu estructura de comentario, risas por:
''mozos con anacrónicas moñas.''
son patéticas, deprimentes.

Sèvres juega a la escondida, una vez le hice la pica, pero ahora no sé dónde es que se esconde.

Xaj dijo...

Las tablas y las violas dan el poder del dios profano, ese que se sube por encima de los ojos y lo observa todo desde arriba. Al fin y al cabo, es otorgar la lìbido en bandejita de cartòn. Pero si, yo serìa el mejor groupie de Gwen Stefani.

Abrazo rubì.

annie dijo...

Que buen blog acabo de encontrar. La aleatoriedad de google en ocasiones hace milagros. Husmearé.

Florencia dijo...

Los tipos que cantan son los únicos que me dan ese misterio y la sensación que no me importa nada más que esa noche.
Me encantó y en particular esta parte: 'se asemeja a un juego de sábanas en el que pretendo esa bilateralidad que no existe.' Casi hice mías tus palabras.
Un beso, suerte con ellos!

despojada dijo...

me encanta esa idea de la bilateralidad como juego de sábanas... nunca tan bien dicho
cariños