viernes, 4 de mayo de 2007

seducción de la palabra

"Te administraré las dosis necesarias,
de paso haré recuento de los días.
Las dosis necesarias
serán las cenizas.
Las dosis de los días.
Las cenizas necesarias."

Es curioso haberme desdoblado el otro día en una charla. Haberme desdoblado y luego advertir que todo fue una retórica para irme descubriendo, o más bien, redescubriendo desde mi rol en la palabra.
Hay algo de poesía que seduce. Hay algo de eso que me es menester que silencia bestias y apacigua infiernos, hay algo. Me da cierto pudor que me digan que tengo el don, que me rescaten que tramo y destramo y enamoro y desengaño. Quizás vergüenza.
Al fin, ya no es intención explícita, no es esa voluntad la que me lleva a escribir. Pero muy en el fondo descubro, en esa misma retórica que hoy se ordena un poco más, que la palabra en la poesía cumple esa función también; la de seducir, la de "enganchar", la de prendar al lector y acunarlo en sus brazos traicioneros. Por más dulce o pura que sea, la poesía siempre tendrá para mí eso de perversa y traicionera, eso de embaucadora. Es simplemente un juego, un desafío mutuo que se juega en el silencioso tablero de ese instante entre el poeta y el lector, entre el poema y aquello que lo trasciende. Nada termina de explicarse ni de entenderse. Nada termina de saberse. El poeta ya no es más lo que escribe, ya no es ese alguien.
A mi reflexión hoy se le suma aquello de la legitimación. Ya bastante estamos traumándonos los alumnos de Seminario de las Estéticas I con todo este tema de la legitimación del arte y otras cosas que tienen puntos en común con esto de que hablo. No voy a meterme en el tema, pero no descarto mi búsqueda constante de esos parámetros, no por encontrar uno al que asirme y por el cual guiarme febrilmente, sino por aprender, introducirme, empaparme de todos esos discursos, aún no encuentre las respuestas que busco. Y todo esto me parece tan irónico. Me causa risa.
Si, me da risa. Pero una risa sincera y abierta, de esas carcajadas simples que pocas veces he escuchado pero a cuyos dueños admiro. Así también, manifestaba yo en aquella charla, la risa por lo absurdo de esa seducción de las palabras que siento no me pertenece. Lo acepto, lo aceptaré, no voy a pecar de falsa modestia aunque no lo reconozca. Pero sinceramente me da gracia; y he aquí nuevamente esta sensación de desdoblamiento, de verme a mí misma como parte independiente, conquistando quién sabe qué almas por ahí, escalando quién sabe qué sentimientos ajenos. Y luego yo aquí, terrenal y vacía, resumida y simple.
Es cierto, la palabra puede seducir, la poesía seduce. Aún me queda camino por andar y muchas profundidades que despertar. Seguiré buceando las cosas que no quiero ver, trataré de no escapar de lo que me dicen. Igualmente, creo que tengo un poco de miedo de aceptarlo y darme cuenta de golpe y descubrir que esa inocencia era la que hacía al don, al misterio.
Entonces será tarde.

2 comentarios:

Juan dijo...

Mañana tengo un parcial y el estres q acumuloe s terrible, e sel ultimo de 5 y decidi relajarme. Dado q hace un buen tiempo q no visitaba tu pagina aqui me ves! Siguiendote, no tan constantemente como antes, pero haciendo lo q se puede... Si hara tiempo q no visito la pagina q las ultimas publicaciones, a pesar de tener tu clasico toque bastante reconocible, el cual me hace imaginar q me lo estas diciendo, por su toque eprsonal, me sorprenden por sus tematicas. No me disgustan ni mucho menos, me gustan por donde las llevas, el enfoque q les das, osea, me hace lamentar no haber entrado todo este tiempo. Haciendo referencia con tu ultima publicacion, ya q estamos, tus textos tienen en mi ese efecto atrapante q mencionas. Disfruto mucho leyendolos... Sin mas q mandarte un enorme beso, me despido. Espero verte pronto...

Roselio Camacho dijo...

Hola amiga saluditos
abrazos.