viernes, 25 de noviembre de 2011

Transilencios

«El silencio es como espuma fría en la playa, M.
Y decido empezar así la carta porque tengo la garganta llena de esa espuma, peor que si me tocara los pies desnudos en una orilla sin nombre.
Y es raro que el agua que dejamos correr bajo el puente se haya estancado, huela mal de a ratos y ahora se haya purificado tan milagrosamente. Quizás, después de todo, hasta celebre el silencio.
El agua que nos encuentra de nuevo en el andamio de tu insomnio y mis matinales obligaciones, el café de por medio, ese amargo gusto que quizás ambos creamos que saboreamos en simultáneo y compartiendo el paladar.
Por qué las noches, M. Por qué las noches como resaca de este océano me traen cual pergaminos en botellas esas palabras trasnochadas.
Debe ser que quiere invocar ese nombre nunca pronunciado y ese rostro y esas manos desconocidas en las mañanas más frías del invierno en este hemisferio, para que una oficina no se vuelva tan tediosa, para que aún tus desgarros y palabras dolorosas sean mi desayuno perfecto.
El silencio es esa niebla espesa que me envuelve al salir de casa camino al trabajo. Cuando menos lo esperaba, tu voz imaginada rompió su hilo sutil pero firme y de nuevo fuiste esa inicial que me trae las mayores alegrías.
La espuma deja un rato la orilla, me calzo, empiezo una caminata de regreso.
Que descanses, zigzag de trazos.»

Miranda no tiene sueño y escribe cartas

3 comentarios:

Nicolás Nunca dijo...

Que bueno que en tu historia
haya siempre un ida y vuelta.
yo ando triste,
porque en mí solo hay ida.


Abrazous.

eMiLiA dijo...

Mis pies siempre eligen el mar... sin importar bien adónde terminen llevándome.

Abrazo.

·Geo·ligne· dijo...

*

Georgina no tiene sueño, pero no usa tan bien su insomnio.

Abrazo C. Nos estamos viendo ;)

(Seguí escribiendo, porfavor, peque!)