No es amor. Es el recuerdo de un amor viejo y usado el que lo hace llorar frente a las páginas anchas del libro casi autobiográfico.
Ahora sí tiene amor, tiene su vida prolijamente organizada, con algún sobresalto o preocupación, pero unos brazos delicados y pacientes que lo esperan cada tarde al volver, un corazón al que dar todo ese amor estancado en años de no correspondencia.
Ese amor viejo, que ya no siente pero que recuerda como épocas de ambigua felicidad, de su corazón destrozado y a la vez hermosamente teñido de su presencia, ese amor que había olvidado y que no cambia su vida actual en lo más mínimo es el que regresa en cascadas de lágrimas al leer esas palabras.
Frases completas que se sabe de memoria, pensamientos discutidos en noches de cigarrillos y bebidas calientes, hechos pasados y citas y autores e historias y actos de amor destinados a otros.
Todo está en esas páginas.
El recuerdo de cómo amó lo atormenta impunemente. Tiene ganas de gritarlo, de llorarse la noche por completo, tragarla entera, destrozar el libro que ahora cuelga de su mano izquierda.
Sin embargo lo coloca piadosamente en el estante más especial, atesora una vez más ese amor antiguo que tantas veces les sirvió de combustible.
Se mete en la cama y abraza con todo el amor que es posible dar a ese cuerpo tibio que lo recibe sonriente.
sábado, 29 de octubre de 2011
Combustible
explicado por
Eclipse
a las
9:44 p.m.
y tiene connotación de
diálogos con un hombre de metal,
ficciones,
prosa
domingo, 16 de octubre de 2011
Nóminas porfiadas
Manos, dedos, pies, pieles que se enredan como partes de una colección sin título, Zahires temibles.
Luego, la culpa engendrará hijos a los que no hemos de asignar nombre. Porque la esperanza de vida, porque hasta los dos años, porque el cariño sin sentido.
El nombre, sutil diferencia entre ganado y mascota, entre zoológico y casa.
Así vamos cargándonos de nóminas inservibles, sintiendo en cada pie que rozamos por accidente, en cada línea dibujada en la piel por una mano ajena, el peso de los nombres arañándonos con fuerza.
Así van esas colecciones llenas de pasados, llenas de hormonas desordenadas y de escrúpulos sofocados, ocupando poco a poco nuestra peculiar percepción del universo.
Por qué, perchè, pourquoi, dice alguien. Y cual índice telefónico acomodamos todo en su sitio, bajo etiquetas.
Luego, la culpa engendrará hijos a los que no hemos de asignar nombre. Porque la esperanza de vida, porque hasta los dos años, porque el cariño sin sentido.
El nombre, sutil diferencia entre ganado y mascota, entre zoológico y casa.
Así vamos cargándonos de nóminas inservibles, sintiendo en cada pie que rozamos por accidente, en cada línea dibujada en la piel por una mano ajena, el peso de los nombres arañándonos con fuerza.
Así van esas colecciones llenas de pasados, llenas de hormonas desordenadas y de escrúpulos sofocados, ocupando poco a poco nuestra peculiar percepción del universo.
Por qué, perchè, pourquoi, dice alguien. Y cual índice telefónico acomodamos todo en su sitio, bajo etiquetas.
viernes, 23 de septiembre de 2011
Falencias
Y un cielo limpio no basta. Ni las estrellas trazándonos mapas de ensueño. No basta tener la facultad (ahora inalcanzable, casi sublime) de escribir poemas para jactarse de tener voz.
No basta tener un pañuelo blanco con que saludar al ver partir el tren.
No bastan los amortiguadores, la cuenta regresiva que cada tanto imponen las resacas.
A veces la ventanilla del ómnibus tiene pegada la postal de ese lugar al que siempre prometiste que irías, esos viajes nunca hechos sobre los que alguna vez escribimos.
Y no basta el recuerdo de esos días de promesas al viento.
En este tiempo de primavera recién estrenada, de la ola de frío que se avecina pese a que las pelusas de los árboles comienzan con la amenaza de cada año, en este tiempo de hormonas viajeras, no basta con hacerse a la idea de futuros comienzos.
Hay un no sé qué de encanto perdido en la ciudad que me compartió siempre con otros destinos. Están las fotos que se caen de revistas cuando uno menos quiere encontrarse con ellas, están los mensajes encriptados de la culpa, las cartas sin remitente de esos ayeres que se acobardan cada tanto en la memoria.
Una golondrina no hace verano. Y un día de sol no hace la primavera, tampoco.
No basta el cuento antes de dormir para garantizar un sueño apacible.
Pero tampoco se encuentra por ahí en una volqueta lo que falta, como encontramos cada tanto pedacitos de otros para recrear nuestro propio universo de colores.
No basta tener un pañuelo blanco con que saludar al ver partir el tren.
No bastan los amortiguadores, la cuenta regresiva que cada tanto imponen las resacas.
A veces la ventanilla del ómnibus tiene pegada la postal de ese lugar al que siempre prometiste que irías, esos viajes nunca hechos sobre los que alguna vez escribimos.
Y no basta el recuerdo de esos días de promesas al viento.
En este tiempo de primavera recién estrenada, de la ola de frío que se avecina pese a que las pelusas de los árboles comienzan con la amenaza de cada año, en este tiempo de hormonas viajeras, no basta con hacerse a la idea de futuros comienzos.
Hay un no sé qué de encanto perdido en la ciudad que me compartió siempre con otros destinos. Están las fotos que se caen de revistas cuando uno menos quiere encontrarse con ellas, están los mensajes encriptados de la culpa, las cartas sin remitente de esos ayeres que se acobardan cada tanto en la memoria.
Una golondrina no hace verano. Y un día de sol no hace la primavera, tampoco.
No basta el cuento antes de dormir para garantizar un sueño apacible.
Pero tampoco se encuentra por ahí en una volqueta lo que falta, como encontramos cada tanto pedacitos de otros para recrear nuestro propio universo de colores.
viernes, 16 de septiembre de 2011
Ascender
Subió al ascensor y miró hacia el techo. En la pared del fondo, el espejo le devolvía una sonrisa más grande que su cara.
Lo habia besado con el alma, como hacía tiempo no besaba a nadie. Y fue en el alma donde recibió también ese beso que se le devolvía frágil y a la vez seguro sobre los labios.
Tuvo una certeza extraña, a siempre y a nunca al mismo tiempo. Contó días sin saber por qué, esperó un temblor de cielo mientras el ascensor seguía su camino.
Llegó y la habitación estaba lista para la breve muerte nocturna. Amanecería con un almuerzo compartido y ese rincón del alma extrañando el beso de despedida, que inauguraba un solsticio de veranos interminables en el corazón.
(y hoy me levanté con tantas ganas de escuchar a Lisa)
Lo habia besado con el alma, como hacía tiempo no besaba a nadie. Y fue en el alma donde recibió también ese beso que se le devolvía frágil y a la vez seguro sobre los labios.
Tuvo una certeza extraña, a siempre y a nunca al mismo tiempo. Contó días sin saber por qué, esperó un temblor de cielo mientras el ascensor seguía su camino.
Llegó y la habitación estaba lista para la breve muerte nocturna. Amanecería con un almuerzo compartido y ese rincón del alma extrañando el beso de despedida, que inauguraba un solsticio de veranos interminables en el corazón.
(y hoy me levanté con tantas ganas de escuchar a Lisa)
lunes, 12 de septiembre de 2011
Bienvenida-despedida
Los tambores suenan como el latido de un corazón. El corazón de Montevideo que me recibe de nuevo en su regazo de hermafrodita en pena. A otros los despide y les desea buen viaje, y es por eso que estamos caminando-bailando en esta calle con tanta historia de música, al compás de los tambores que no pueden significar otra cosa que el sonido de estar en casa.
Andrew baila y me invita a seguirlo. Casi sin darme cuenta estoy sobre los hombros de Andrew abarcando con mis ojos de noche prestada ese mar de gente que nos rodea. Más adelante la comparsa ensayando, a todos los costados la gente que disfruta los primeros signos primaverales en una noche de corazón latiendo y barrio en erupción.
Marcos sonríe y saca fotos. Sonrío también admirando su valentía de última noche en esta ciudad de tambores y lunfardo entrañable, que ha sabido mezclar, como cóctel marca registrada, con su idioma.
Allá arriba, sobre los hombros de un Andrew alegre y bailarín, la nostalgia se hace inservible y nomás puedo acompasar mis movimientos con ese cuerpo que me sacude sobre las cabezas de otros.
Me siento de regreso al sur y bienvenida, asistiendo a deshora a una despedida encaprichada con el regreso. Luego, abajo, las promesas, los deseos de banderas entremezclados con el abrazo último.
El barrio que sigue latiendo con su corazón de lonja. La calle que me pierde entre humo y el sabor amargo de una cerveza.
domingo, 11 de septiembre de 2011
Llantos sin instrucciones
Se llora con las manos en la espalda, a veces. Silenciándonos esta forma maniática de hablar acompasando la voz con movimientos manuales.
Se lloran lágrimas de todo y de nada, esa impotencia veloz pero cobarde que nos inunda cada vez que el día regala una pausa.
Un libro que no leímos nunca, una persona que dijo lo que quisimos decir alguna vez y nunca nos salió, el hombre de tu vida que llega diez años después de que dejó de ser el hombre de tu vida, los amigos que dejaron de ser amigos y tienen nuevos amigos, el beso de dos enamorados en una plaza y la forma que él tiene de tomarle la cara, tan parecida a esa otra forma de...
Y todo es un llanto con las manos en la espalda. Las manos atadas con el hilo invisible del silencio, de no poder decir que hoy cada cosa te hace llorar como bebé.
El llanto de los sinsentidos, de esos paraísos perdidos que son paraísos sólo frente a tus ojos.
El día acaba y también tiene su motivo de llanto.
La almohada entrecierra los ojos y en vez de lágrimas canta una canción de cuna para que duermas desconosoladamente en paz esta noche.
Se llora con una sonrisa hacia adentro, a veces. Y entonces ya Julio no nos hace falta porque es un llanto carente de instrucciones.
Incluso, a veces, uno no se da cuenta que existe.
(gracias, Adele)
Se lloran lágrimas de todo y de nada, esa impotencia veloz pero cobarde que nos inunda cada vez que el día regala una pausa.
Un libro que no leímos nunca, una persona que dijo lo que quisimos decir alguna vez y nunca nos salió, el hombre de tu vida que llega diez años después de que dejó de ser el hombre de tu vida, los amigos que dejaron de ser amigos y tienen nuevos amigos, el beso de dos enamorados en una plaza y la forma que él tiene de tomarle la cara, tan parecida a esa otra forma de...
Y todo es un llanto con las manos en la espalda. Las manos atadas con el hilo invisible del silencio, de no poder decir que hoy cada cosa te hace llorar como bebé.
El llanto de los sinsentidos, de esos paraísos perdidos que son paraísos sólo frente a tus ojos.
El día acaba y también tiene su motivo de llanto.
La almohada entrecierra los ojos y en vez de lágrimas canta una canción de cuna para que duermas desconosoladamente en paz esta noche.
Se llora con una sonrisa hacia adentro, a veces. Y entonces ya Julio no nos hace falta porque es un llanto carente de instrucciones.
Incluso, a veces, uno no se da cuenta que existe.
(gracias, Adele)
viernes, 9 de septiembre de 2011
Lucecita
éramos dos figuras en la noche
envasados en el auto sin luces
a un costado,
fantasmas,
irremediablemente perdidos.
una luz distante nos dio esperanzas
minúsculas, como su tamaño en la lejanía.
también nos llevó a la discusión
de si se alejaba
o se estaba acercando.
así nos dormimos
en un vaivén de esperanza y desasosiego.
por la mañana, supimos,
sin siquiera hablarnos
que ambos estábamos pensando
en el tercer canto de la Divina Comedia
aunque sin avispas o bichos
que nos picaran.
Setiembre 2010
domingo, 28 de agosto de 2011
Idas y vueltas
Hubo una euforia similar algún diciembre lejano. Efímeros días cargados de canciones, aroma a té y suspiros. Pero entonces no amaba los erizos. Para entonces no había conocido mi parte más oscura ni había luchado contra ella, para entonces me faltaba demasiado por ver.
Agosto está lleno de planes. Un perfume a cosas nuevas se desenvuelve del cielo, cuelga entre los puentes invisibles que unen puertos de ciudades extrañas y los viajes dejan de ser fotografías para ser planes con fecha de ida y vuelta.
Un día habrá una sola almohada y no habrá boleto de vuelta.
martes, 16 de agosto de 2011
Canción del cielo por pies
algo en las puntas del pie
en las plantas
el suelo más duro que la última vez.
pies de pan de peso ligero
pies de santísimo sábado.
apoya la punta del pie
pie de tan lejos que viene hasta acá
algo que no es y deja de ser
mientras va volando
en la suela del pie
algo, todo, sí, lo cambia
pie de erratas
pie de fantasmas.
pie del caminante que no va a llegar
pie del peregrino que no mira hacia atrás.
hoy, ayer, a veces, nunca
pies de cansancio
los pies de niké.
algo trepa muros, salta, enjuaga
la risa del cielo, volar con los pies.
y así se va, se viene,
voz con voz cantando,
pies de tanto vuelo
que acechan a Dios.
en las plantas
el suelo más duro que la última vez.
pies de pan de peso ligero
pies de santísimo sábado.
apoya la punta del pie
pie de tan lejos que viene hasta acá
algo que no es y deja de ser
mientras va volando
en la suela del pie
algo, todo, sí, lo cambia
pie de erratas
pie de fantasmas.
pie del caminante que no va a llegar
pie del peregrino que no mira hacia atrás.
hoy, ayer, a veces, nunca
pies de cansancio
los pies de niké.
algo trepa muros, salta, enjuaga
la risa del cielo, volar con los pies.
y así se va, se viene,
voz con voz cantando,
pies de tanto vuelo
que acechan a Dios.
lunes, 8 de agosto de 2011
Esto, nada más
Un muro blanco. La soledad apretada de algunos días en la contemplación del muro.
Blanco: pensar en nada y en todo a la vez.
Y parecer gigantes en esta inmensidad de pequeñeces.
la noche suena un poquito así...
jueves, 4 de agosto de 2011
Postpremoniciones
"De pronto, a la mañana, el cigarrillo en ayunas y un humo temerario nadando en el aire. Entonces el asco. Tanto asco que la idea de cualquier cuerpo le es insoportable. Tanto asco que no sabe dónde poner las manos y, mucho peor, no sabe qué hacer con su cara"
De textos perdidos por ahí
Se asoma desde la terraza y los lentes de sol se desprenden de su cabeza, resbalan entre el pelo aún sin desatar y amenazan con caer dos pisos más abajo. El reflejo y la mano que los atrapa a media caída, la respiración contenida por segundos que se suelta de golpe.
Es de noche y hace luna. Luna llena. También calor.
Mira hacia arriba y luego vuelve la vista sobre la gente que se amontona en el boliche de la esquina. Se siente protegida allí arriba, aunque su cuerpo sólo vista una sábana enroscada y haya estado a punto de perder los lentes.
Se suelta el pelo, cae en bucles marrones que, al contrario de lo que sucede en las publicidades de shampoo, no brilla ante la fuerte luz de la luna. Y sí que es fuerte.
El verano y la escapada por unos días la llevaron a esa terraza lejana, desde donde contempla el casco viejo de una ciudad casi tan anónima como ella esa noche.
Luego volverá al cuarto minúsculo donde alguien la ensaya sobre una hoja de papel desde hace rato. Ella subió a tomar aire, respiró la luna, se sonrió al pensar que podría haberle dado un nombre falso en lugar de su verdadera y pasajera identidad por esos lados. Las líneas indecisas del lápiz surcan el blanco tomando la forma de su cuerpo envuelto en sábanas, recreando una situación ficticia, como si, de pronto, ella se asomara desde la terraza hacia la calle y algo se estuviera precipitando al vacío.
viernes, 22 de julio de 2011
Juegos
Patea la pelota naranja a lo largo de la vereda. A veces su contricante es él mismo, a veces el viento, de a ratos algún ser imaginado.
La pelota que se esconde entre macetas, tras los muritos de los edificios, en los canteros.
Patea la pelota y juega el juego silencioso de inventar el juego a cada segundo.
Así como el murmullo creativo, va inaugurando la experiencia en cada patada, en cada contrincante, en cada recorrido naranja trazado por la pelota.
Y va acariciando sueños, siendo diferentes personas, construyendo otro juego. Cuando acabe con la pelota y retorne al juego de la vida, habrá más murmullos que contener, más decisiones inmediatas en ese juego de libertad.
Amén por el niño.
Y yo afuera.
La pelota que se esconde entre macetas, tras los muritos de los edificios, en los canteros.
Patea la pelota y juega el juego silencioso de inventar el juego a cada segundo.
Así como el murmullo creativo, va inaugurando la experiencia en cada patada, en cada contrincante, en cada recorrido naranja trazado por la pelota.
Y va acariciando sueños, siendo diferentes personas, construyendo otro juego. Cuando acabe con la pelota y retorne al juego de la vida, habrá más murmullos que contener, más decisiones inmediatas en ese juego de libertad.
Amén por el niño.
Y yo afuera.
domingo, 17 de julio de 2011
Después
La verdadera rubia, la que debe estar en su casa a algunos kilómetros, ignora que es observada a través de la pantalla, mientras protagoniza un momento feliz de la vida de alguien.
Ya pasó demasiado tiempo. El video se volvió aburrido. Sin embargo él sigue mirando y cada tanto sonríe. Hay en su mirada un noséqué de nostalgia, se deja llevar, casi contra su voluntad, a aquella tardecita de sol en el sur, rodeado de gente querida.
Ya no es la rubia con nombre pseudo francés quien le mueve el piso. Pero tampoco esa otra rubia que tiene a su lado y desde la oscuridad observa su cara transformarse al recordar viejos tiempos frente a la pantalla. Ella lo observa y sabe que las cosas no serán lo mismo, que los ojos no mienten, que algo se le quedó atracado en el alma al rescatar el viejo video de los archivos llenos de polvo que quizás prometió dejar congelados.
Esperan a que termine y el aire se carga de silencio.
Ya no se ríen ante el miedo absurdo de encontrársela en el barco, de retorno a casa para él, de vuelta a la aventura para ella.
La tarde se adivina borrosa y el calor puede más. Más tarde habrán despedidas y promesas.
La certeza llegará tarde. Cuando recuerde la nostalgia en los ojos al ver pasar el video de la felicidad perdida, ya se habrá desatado la tormenta.
Para entonces, sin saberlo, ella leerá una novela de quinientas páginas y esperará más tormentas, hasta que el sol la encandile y se prohíba revivir imágenes que anidan en el polvo de sus archivos virtuales.
explicado por
Eclipse
a las
10:38 p.m.
y tiene connotación de
ciudad,
diarios de viaje,
música,
prosa
viernes, 15 de julio de 2011
¿Vamos?
Tengo ganas de llorar, ¿vamos al parque?
Mejor quedémonos contando gotas de lluvia en la ventana. O matémonos de amor en un tren con destino lejano.
Tengo ganas de poblar habitaciones, ¿vamos al parque?
Para que la tarde sea más larga, vamos. Para que la almohada sea más blanda.
Y si aún con el café, con los cumpleaños, con el baile ese que quiero bailar, con las guitarras de otros, con la euforia en cada "hola", con el despertador que no miente, si aún con todo eso tengo ganas de llorar, ¿venís conmigo al parque?
Tengo ganas de entretiempos llenos de sueño y que la cinta de moëbius me desarme de nuevo en el más íntimo grito, en un loop eterno...
Cuánto caracol callado ensucia con su rastro los días de este mes larguísimo. Un rastro de sol por todo el sol que entró por la ventana, un rastro de luz por toda la luz que tuve, pequeñita, guardada en mi puño.
Vamos al parque. Es hora de doblar la esquina y recibirme adentro.
Tengo ganas de llorar. Afuera, a la intemperie, contigo.
explicado por
Eclipse
a las
12:37 a.m.
y tiene connotación de
ains,
ciudad,
diarios de viaje,
fotografía,
música,
personal
miércoles, 6 de julio de 2011
Estonoibaaserasí
Entonces no se trata de ser original, sino de ser legítimos. Y nos miramos a los ojos comprendiendo que ya estábamos del otro lado. Una se va con el corazón seguro, confiando en la legitimidad de sus búsquedas, confiando en el esfuerzo colectivo y viéndose como en un espejo en las miradas de los otros.
Desprecio notablemente a los sofistas, a los que aman la retórica al punto de copular con ella sobre las barras de los bares, sintiéndo que su cara, como la del reflejo de Narciso en el agua, está en el de su interlocutor.
Te quiero porque no querés convencerme de nada. Te quiero porque me convencés de tanto, si querer...
(y esto comenzó tratándose de la satisfacción del trabajo cumplido antes de un viaje...)
jueves, 30 de junio de 2011
Mirá hacia arriba
El pájaro doméstico enarbola su vuelo.
El árbol de la calle hace volar sus hojas.
Árbol-vuelo, ramas-jaula, enramada doméstica en la calle sin nombre.
Aprender a volar con todas las letras. Vos que siempre te soñaste tan piloto. Yo que me soñé tan azafata. Y ellos que siempre han sido pasajeros.
Pájaro: planeador con plumas.
Árbol: arterias aéreas.
Pero que valga la pena el vuelo.
El árbol de la calle hace volar sus hojas.
Árbol-vuelo, ramas-jaula, enramada doméstica en la calle sin nombre.
Aprender a volar con todas las letras. Vos que siempre te soñaste tan piloto. Yo que me soñé tan azafata. Y ellos que siempre han sido pasajeros.
Pájaro: planeador con plumas.
Árbol: arterias aéreas.
Pero que valga la pena el vuelo.
"hago pájaros de barro y los echo a volar"
lunes, 27 de junio de 2011
Se me escapa
Dije que nunca y la ternura se me escapa.Algo se abre en el mes.Algo se abre entre la ola de frío polar y entre los ojos que despiertan brillando de sueños.Hay promesas fáciles de romper, sin culpa, hasta con una satisfacción inconfesable.
martes, 21 de junio de 2011
Por eso
Alguien llora. Debe ser el frío. Una mujer tose en la calle bajo las frazadas raídas. El ómnibus no pasa. No queremos que pase. De a poco la madrugada. Nos animamos a la risa. Nos arrimamos a una última espera.
Alguien calla. Ahora es tiempo y siempre fue tiempo. Pero el tiempo parece agua entre las manos.
Un motor se enciende. El corazón tiembla. Hay palabras que se dicen con los ojos.
Alguien llora. El amor se parece a secar las lágrimas en silencio.
Alguien calla. Ahora es tiempo y siempre fue tiempo. Pero el tiempo parece agua entre las manos.
Un motor se enciende. El corazón tiembla. Hay palabras que se dicen con los ojos.
Alguien llora. El amor se parece a secar las lágrimas en silencio.
"avisame que yo quiero, si pensás venir..."
lunes, 13 de junio de 2011
Blowing light
Motas de polvo que mutan en luz.
Apareciste. Entonces las motas de polvo fueron luz, lucecitas de colores.
Luciérnagas.
Bichitos diminutos que se esparcen y saben alumbrar, recreo visual, fascinante universo de los niños.
Pequeña luciérnaga envuelta en una orilla distinta. Perla de luz, brillante inmensidad de lo minúsculo.
Relámpagos.
Pero en su estallido demasiado color y lo fugaz.
Yo quiero que te quedes, relámpago, que habites mis días y mis noches.
Extraña partícula solar que entibia. Me entibia.
Motas de polvo que se vuelan, despejan mis ojos y mutan en luz.
martes, 7 de junio de 2011
Globos de colores
Me cuesta muy poco enamorarme de las cosas, pero estaba completamente ciega para esta ciudad. De pronto las tardes empezaron a enfríarse y voces de recónditas partes comenzaron a cantar maravillas acerca de este lugar. Entonces caí en la cuenta, en la gracia, en la certeza de poder y querer amar esta ciudad, de caminar por cualquier calle sintiéndola mía, de que cada día fuera una celebración de su existencia.
Las noches ponen más sonrisas en mi cara y de pronto encontrarnos porque sí, en cualquier esquina, intercambiar humos, bebidas, risas, palabras en diferentes idiomas, se vuelve un elixir entrañable.
Y reconocerme en esa naturalidad que otros admiran, poder jugar toda la noche a evitar dejar caer un globo, bailar cualquier música, soportar el frío en pos de los amigos, tener esas ganas locas de gritar que la quiero.
Empiezo a amar esta ciudad como hace tiempo supe amar otras. Quizás sea el desayuno a la inglesa en esa casa fría y el balcón con mates y música, poder guardar un silencio muy cómodo con personas apenas conocidas, querer que llegue la tercera semana de julio y abrigar mis pies en otros pies.
Quién sabe.
Qué importa.
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