miércoles, 24 de octubre de 2007

He vuelto

Buenos Aires nos recibe entrecerrando los ojos, uniéndose a un bostezo colectivo. Desde la terraza del barco diviso su luna como una de las tantas marquesinas que la pintan tan enorme a mis ojos.
La estación de Retiro se derrumba al aparecer frente a nosotros, nos trae recuerdos de desilusión, perros sin dueño, olores imposibles de identificar. Y la espera, esa cantidad de pares de ojos escrutándose mutuamente, tímidos en las risas o en las fotos, tímidos para poblar el aire con expresiones de cansancio, tímidos para rugir de hambre o hasta para cerrarse en una ocasional siesta que adormezca también la espera.
La timidez se confunde en el agua de Mar del Plata, se va haciendo humo con la jornada que aguarda, con los cientos de cosas que se deben guardar en nuestras mentes, aunque, en mi caso, es más en el corazón.
Vacía de poesía, comienzo un letargo extraño de deformación profesional, una vigilia interminable que me lleva a lugares desconocidos y a la vez me sumerge en un mar de deja vus... y el tiempo que corre.
El estadio, las enormes letras que empiezan la frenética expectativa, las charlas que desilusionan, las que nos dan vuelta, los objetos extraños, los afiches, los deslumbramientos colectivos, las ausencias, más desilusiones y más "salados" que nos tapan los ojos con gárgaras de novedad.
El sueño también avanza, pero el descanso se deja para otros días. La aturdidora madrugada me sorprende sin ojos que manchar, sin ataduras, sin espejos que llenar. Y así me deslizo, me dejo escurrir entre la música, entre desconocidos, entre las decisiones de otros que pesan como brújulas sin norte sobre mi cabeza.
Más días que pasan a toda velocidad, más cansancio, más ganas de completar los itinerarios y de documentar y de vivir y de llevar llevar llevar...
Buenos Aires nos recibe nuevamente en una mañana plástica. No puedo evitar el creer escuchar esa canción que me la retrata dulcemente y que sigo en mi recorrido... La calle Corrientes y sus teatros, Florida y el tajo en la misma falda, mientras el tango me hace pensar también en mi tierra. La canción suena y sigue sonando mientras me pierdo en los intereses ajenos, mientras me distraigo sacando fotos que solo yo comprenderé luego, distante de propósitos distintos a revivir la ciudad en poesía.
Tengo miedo. Volver es siempre caer en la cuenta de muchas cosas. El abrazo de la otra orilla me hace pensar en tanta gente...
Duele la ambigüedad en las ganas de quedarme por siempre y volver con mi gente y dormir en mi cama. Duelen las veinticuatro y tantas más horas sin dormir, duelen los kilómetros caminados, los malhumores, los presagios de una nueva soledad.
Al menos este vacío tiene el sabor al subte y la 9 de Julio que me hacen sentir venida del medio del campo y dudar de si esto me alegra o no.

domingo, 14 de octubre de 2007

Encuentros

Creo que ya fui esa capa de polvo en los cajones. Hoy me siento tan anciana.
Anciana y solitaria, como una proyección de mis siguientes días.
Leo en los gestos de personas desconocidas los lenguajes del invierno que se agota, la porfía de las mañanas que no escuchan el despertador, los hombres sin rostro que entrechocan sus hombros.
Tengo un funeral en la garganta, una lluvia sin reservas para una nueva noche. Tengo esas historias que renovamos cada tanto dentro de las mangas. Efectivamente, vengo de un encuentro apenas planeado que hace cosquillas en mis talones porque recuerda viejos tiempos.
Nada como una nostalgia amputada. El olor a sinceridad me embriaga y no puedo más que escupir las mismas novedades de siempre, enmudeciendo de a ratos, tejiendo silenciosamente los planes para la próxima semana.
Hoy me siento tan anciana. Tengo esas arrugas invisibles de la memoria y esa certeza del tiempo que se traga mis hábitos y mis sonrisas.

viernes, 5 de octubre de 2007

cuaderno de anotaciones

cuando te canses
de mirar
hacia la orilla-cielo
de enfrente,
moveré todos los
músculos de mi cuello
para verte
y el dulce ardor
de otros ojos en mi cuerpo
(no) esperará a mañana

martes, 2 de octubre de 2007

Las pestes de la primavera


La gente
acarrea sus costumbres
como quien tira la ropa sucia
a un canasto.
Montevideo atardece todos los martes,
desde muy temprano,
abre esa esquina
donde apoya la cabeza un bar quejumbroso
y me empuja hacia arriba,
hacia las nubes de baldosas.

Un cielo prestado
es todo lo que me queda en los bolsillos.

La gente cambia la ropa de canasto
pero no sus costumbres.

Hoy preferiría
que fuera un martes de aquellos
en que te enseño palabras desde lejos,
en que me muero sin ganas
de decidir
o de decir
que muero.

Setiembre, 2007

viernes, 28 de septiembre de 2007

necesidad de identidad para los uruguayos

Hace pocos días se dio la noticia de un documento encontrado por un historiador uruguayo que podría cambiar la historia.
"
En 1820, Artigas daba sus últimas batallas antes de exiliarse en Paraguay, donde falleció hace hoy 157 años. El general Fructuoso Rivera se había incorporado a las fuerzas de los portugueses y escribió al gobernador de Entre Ríos ofreciéndose para ir a "ultimar al tirano". La carta fue descalificada en sendos trabajos históricos de 1937 y 1944. Nunca fue incorporada al Archivo Artigas de la Biblioteca Nacional. Intereses políticos y conveniencias históricas llevaron a que el episodio no se incluyera en la historia oficial." (La República, 23 de septiembre, 2007 - AÑO 8 - Nº2677)

Autoridades estatales, de la educación y figuras políticas actuales plantean que a partir de este hallazgo (antes citado en varios trabajos históricos pero descalificado) podría plantearse un revisionismo histórico, especialmente por el tratamiento que se daría la figura de Rivera, el primer mandatario constitucional de nuestro país.

Por supuesto que las ofensas, los desengaños, vinieron a causa de las palabras de este personaje, pero en ningún momento se ha cuestionado si lo que dice acerca de nuestro prócer es verdad o no. Eso ya no importa, el uruguayo se siente golpeado ante la noticia de las barbaridades del primer presidente en su historia como nación, pero no cuestiona los actos de su prócer. Eso nunca.

Ya se sabían de algunas otras atrocidades menores de Rivera, de su característico "ir para donde sopla el viento", pero sin duda esto es inadmisible. Acaso se admiten nuevas corrupciones, verdades latentes sobre personajes políticos actuales, pero se reciben con dolor, con el dolor de una traición, la de aquellos que, lejanos en el tiempo, representan no sé qué cosa de heroico (no sé qué tendrá de heroico ser el primer presidente o acomodarse en distintos bandos según los intereses de turno)

La figura de nuestro prócer se mantiene intachable. Tanto es así que se atribuyen la afinidad a sus ideales los partidos tradicionales uruguayos (no lo comprendo, unas ideas federales con las constituidas dentro de la república), siendo, incluso, que estos nacieron como tales mucho después de que el prócer se retirara al Paraguay.

Otra cuestión es el hecho de este bendito estado tapón, con límites a la fuerza, que se identifica en su origen mucho más con las provincias de Corrientes y Entre Ríos (hoy territorio argentino) que entre el norte y sur de lo que terminó siendo nuestro paisito por aquel entonces. Artigas debería, en todo caso, ser también el prócer de Tucumán, Corrientes, Entre Ríos y otras provincias hoy vecinas que conformaron, en su tiempo, la Liga Federal.

Pero el tema que me ocupa hoy (disculpando la tan extensa introducción) es esa necesidad de identidad que tiene el uruguayo y que no es capaz de conseguirse a sí misma. Siempre estamos comparándonos con otros, acaso buscando ser mejores en algo insignificante. Necesitamos ser representados por cosas: el termo y el mate bajo el brazo, las tortas fritas, el asado y Artigas; un manojo de íconos que, de alguna forma, demuestran que somos uruguayos.
Esta necesidad de identidad (no esta búsqueda de una identidad auténtica) es lo que demuestra nuestra debilidad como nación, nuestra falta de integración y de una verdadera identidad, que no necesite una lista recetaria de elementos para que se nos identifique con algo. Muestra de esto es también ese revanchismo constante frente al argentino, que llega a la disputa feroz por elementos o personajes tradicionales.

El hecho de ensalzar a nuestro prócer (y no intento hacer una desacreditación del mismo) también refleja esa necesidad absurda de aferrarnos a algo para que nos reconozcan. En vez del revisonismo constante o el aceptar ciertos hechos pero cuestionando su inmutabilidad, preferimos armarnos un mundillo artificial donde buscamos ser nosotros mismos. ¿Lo conseguimos?

Creo que es posible que cada nación necesite de una identidad, porque todos necesitamos sentirnos parte de algo. Pero considerando nuestra realidad histórica, vivimos marcados por ese estado impuesto por una convención (e incluso, para colmo de barbaridades, no festejamos nuestra independencia, como lo que es el estado actual, en el día en que verdaderamente lo fue, 4 de Octubre de 1828) y llevamos como una carga, que transmitimos de generación en generación, los íconos sin los cuales, definitivamente, no somos uruguayos. ¿Por qué?

Ahora, esto del revisonismo histórico... ¿qué identidad vamos a tener si damos piedra libre a quienes escriben la historia oficial? ¿acaso somos lo que se deja cuenta en los libros? ¡Dios me libre! Espero triunfar en la Literatura y aparecer en otros libros.

Para leer sobre este hecho:
http://www.larepublica.com.uy/lr3/larepublica/2007/09/23/politica/276139/rivera-quiso-matar-a-artigas-a-quien-tildo-de-monstruo-despota-anarquista-y-tirano/
http://www.larepublica.com.uy/lr3/larepublica/2007/09/25/comunidad/276399/se-debe-hacer-un-revisionismo-historico-sobre-la-figura-de-fructuoso-rivera/
http://www.espectador.com/nota.php?idNota=105082

sábado, 15 de septiembre de 2007

Poemas eslavos y celebración de la lectura.


Me pasa que al terminar de leer un libro, es decir, al llegar hasta el fin mismo de su final, al acabar de leer hasta su más íntima parte, necesito unos minutos para pensar. No debe ser cosa extraña, a muchos les sucederá lo mismo, pero en mí es casi que una ceremonia de la lectura. Con algunos libros me sucede más que con otros, así no sean de esos con historias super complejas o así, como en este caso, no me hayan atrapado increíblemente.
Hoy terminé de leer "Tipografía, poemas y polacos", de Maca (Gustavo Wojciechowski). Resulta que este señor es profesor en mi universidad y aunque no he tenido trato con él, sino que lo conozco simplemente de vista, me ha parecido siempre un personaje curioso. Hace tiempo que vengo postergando la lectura de este libro, pero al fin la semana pasada lo saqué de la biblioteca y ¡manos a la obra!
Lo primero que me llamaba la atención de la propuesta era esa idea de mezclar poesía, plástica y tipografía. ¡Caramba! grata coincidencia de interés con quien escribe. Pero ahondando en el material, se me han generado muchos sentimientos (o percepciones?) bastante ambiguas. Debo reconocer que el libro en ciertas partes me ha aburrido un poco. Visualmente me parece fantástico (les dejo algunas imágenes al final) y me pregunto si ese habrá sido el principal motivo o pretensión del autor... Si es así, pues, lo ha cumplido.
Sin embargo, esta poesía con la que recorre de manera caótica la historia de la tipografía, su propia historia, sus placeres y displaceres, me parece cargada de situaciones de las que un lector de mi talla no llega a ser cómplice. Me refiero a que sentí que iba dirigido a otros ojos, a quienes pudieran haber compartido cosas con el autor y así poder entender ciertas frases, ciertas alusiones a momentos que la mayoría desconoce. Me pareció una obra muy personal, familiar, no sé cómo llamarle, una especie de cuaderno de anotaciones.
Y me cuestiono también acerca de esa forma experimental de poesía, me cuestiono si debo jactarme de tener la mente abierta propia de una persona joven como soy. Aunque después pienso que, mente abierta o no, uno puede decidir si algo le gusta o no le gusta, más allá de que acepte nuevas formas de poesía ¿cierto?
Sí, yo creo que así es.
Pero en esa celebración de la lectura, en ese instante privado y único en el que lo leído se descifra de manera distinta, en ese momento en el que tomo ciertas decisiones, en el que creo castillitos de arena que me van haciendo espacio para esas ideas en las que me sustento como artista o modesta "pensadora", puedo evaluar este libro como una grata experiencia.
Como ya había dicho, es visualmente fantástico, disfrutable. Confieso que me saltée un par de poemas y solo miré esas páginas cargadas de guiños de ojos a gente para mí desconocida y pude contemplar cierta belleza estética (relativa a su discurso, claro está).
Me encontré como una extraña vagando por callejones confusos, en una patria que no es la mía, con personajes a los que ahora, quizás, mire distinto.

Esto ya se ha hecho largo. Creo que es el primer post tan largo y no quiero aburrir. En fin, hace días que vengo con esto de la celebración de la lectura y me quedan unos cuantos libros por celebrar. Una cosa más: ¿Hay algo tan lindo como que alguien nos regale un libro que quiere mucho? Un libro que ha sido leído y releído y luego regalado pensando en esa persona (en mí, en este caso). Me han reglado la recopilación poética de Antonio Machado "Soledades. Galerías. Otros poemas", con páginas que huelen a tabaco y notas en lápiz junto a algunos poemas. Y creo que esta celebración será diaria.


Más imágenes...




















domingo, 9 de septiembre de 2007

Preguntas existenciales

Siempre, desde muy chica, una de mis hermanas ha presentado sus dilemas existenciales en forma de preguntas curiosas y acertadas, cosa que usualmente implicaba que su respuesta no fuera una cosa fácil de encontrar, por más que el tema pareciera de lo más banal. Por otra parte, su curiosidad era (lo es, aún) bastante difícil de saciar, por lo que frente a cualquier respuesta se generaban nuevas preguntas iguales o peores en cuanto a complejidad.
En estos días he pensado en algunas "preguntas existenciales", que me hacen recordar esa hermosa inocencia de la cual nacen las más interesantes cuestiones y que me enternece. En esa aparente sencillez, en esas fórmulas casi infantiles, se ocultaba una complejidad increíble para el mundo adulto, cosa que en casi todos los casos les impedía responder con la misma sencillez y dejar contento a ese espíritu inquieto.
Y, como decía, en esta semana se me han ocurrido dos preguntas inocentes y similares (una hasta en temática) con las cuales crecí y hasta tuve que lidiar. Dignas, quizá, del título de algún libro, película o CD de música.
A continuación las escribo. Tal vez alguien quiera satisfacer mi curiosidad o proponer respuestas inverosímiles dignas de otra alma inocente y pura. Y el que se atreva (eso lo agradeceré infinitamente) que formule nuevos e interesantes dilemas existenciales, no del corte chistoso que abunda por internet, sino que surjan de su vida personal y que tengan la suficiente sencillez e inocencia para ser complejas (valga el oximoron)

"¿Dónde se esconden las moscas en el invierno?"

"¿En qué piensan las estatuas vivientes?"



Nota: no vale el Google.

martes, 4 de septiembre de 2007

Dos poemas a cambio del pasado!

Y en cada verso hallamos
un setiembre que comienza
una huida de pianos rojos
un soliloquio que escapa.
En cada efímero sábado una sustancia
parecida a la nostalgia
y un par de manos
en abandono de espaldas
diminutas.
En el bostezo de la noche
se asoma tu locura
paciente
y cansada de memoria
se deja ver
un espeso matorral
que te ciega
apuntándote a la frente.
Y en cada canción que tejen tus dedos
encontramos
el año anterior
y el siguiente.


Las páginas de un libro
que no tiene letras
sino augurios emparentados
con tu aliento;
el teorema que cierra
las posibilidades
y una esquina banal
de palabras
nos juntan por los ojos.
Y ese libro en que he hincado mis dientes
trescientas sesenta y cuatro noches
atrás
se abre en la misma página
para escuchar mi atardecer en esta niebla
que cuelga de mis hombros.
Abro las tardes cifradas
los martes
te obligan a ciertos halagos
que acepto con recelo.
Caerán más libros de ese abismo imposible
para golpear tu cabeza
desquiciada.




Han salido estas cosas producto de encuentros que se repiten a través del tiempo. Amiga, cuando me leas contené las lágrimas, aunque no creo que ya afloren tus ojos. Por lomenos hacé recuento de los martes de meriendas y huidas.

domingo, 2 de septiembre de 2007

de días festivos sin ánimos de celebrar y personajes que perturban

A un año de aquella revelación, a un año de ese día ilógico, extraño, excéntrico, quizás mágico... Y a un año casi de no verle la cara al Loco, a un personaje de esta historia que es la vida, relatada quién sabe por qué desquiciada presencia híbrida.
Los sentimientos de la víspera son ambiguos, no hubiera podido esperar otra cosa. Un rencor terrible conmigo misma por desesperar frente a un encuentro inminente, frente a la posibilidad de que se desestructure todo lo que daba por sentado. El miedo aterciopelado de encontrarme no con algo distinto, sino con lo mismo de siempre a pesar del tiempo, es lo que me ahoga.
Y siempre es martes y a las cuatro. Siempre, hoy de nuevo. Sin música pero con el mismo tono en las conversaciones, con las mismas sensaciones de cercanía, con los mismos halagos, con esa memoria inmejorablemente selectiva que hace que resucite mi cariño. Y que me odie por ello.
A un año del concierto que me heló los huesos, vuelven las charlas sobre la música de Yann Tiersen, el humor absurdo siguiendo los pasos olvidados de Dolina y alguna que otra pequeña cuestión filosófica. Todo como antes.
Vuelven los chistes con viejos amigos, vuelven hasta los mismos postres que saboreo entre deja vùs y sonrisas, vuelve la casa llena de recovecos, vuelve el amor-odio hacia la gente. Todo vuelve, como si dejásemos un libro por varios días y lo retomáramos en la misma página que fue dejado. Tal como si las últimas palabras intercambiadas hubieran sido ayer.
Y vuelve, como tantas veces, esa sensación de ser nada, de tener las almas inasibles de tanta gente que determinó un período crucial en nuestras vidas. Vuelve la misma caprichosa sensación de estar sometidas a ese personaje extraño y desgarbado, de aún tenerle cariño, de no poder evitarle a pesar de la ausencia, de la indiferencia.
Ayer sucedió algo extraño. Abrí el libro de mi vida, que dejé de leer hace un año atrás, en la misma página.

viernes, 31 de agosto de 2007

Handwriting

jueves, 30 de agosto de 2007

Domicilio


Vivo subterránea y difícil,
con el pie izquierdo
atado a mi sombra.
Vivo en las llagas del invierno,
en los pasos que huyen
de mis brazos
y en la solemnidad estúpida de un nombre.
Y en los juegos
que me señalan y que tienen
por regla la cordura.
No ves cómo se cierran las promesas
de barras y de bancos
de madera;
no ves cómo me deja la sonrisa,
cómo se amontonan los días en silencio,
cómo me sacuden las veredas, los peldaños,
el aroma a espejos rotos,
lo imbatible.
Vivo en las curvas, en las tazas
de café con leche,
en el hálito que un ciego
desposa bajo la blanca noche.
Vivo en los ríos
que se secaron
y en las tardecitas lilas
en que la lluvia se toma un tren.

Agosto, 2007

martes, 28 de agosto de 2007

Collage

Inspirada en Edipo Rey... Sí, sí, algunos dirán que traumada, pero no, ins·pi·ra·da. Hice este collage basada en esa tragedia de la que estamos hablando en la escuela.

Principio


Empezando por el final
igual comienzo.
El resto de mis días
y la hora de mi muerte,
la soledad en alguna pieza oscura,
tantos ojos que no me hablan.
Las plazas amarillas, los niños
que no habitaron mi vientre,
las primeras veces de todo,
algunos pequeños olvidos.
Y este círculo
apaleado,
sucio, blindado.
Algunos años de poesía,
versos que agonizan en los cajones
y en las manos mudas
impotencia.
Y luego ciudad
ciudad
ciudad
Montevideo.
Días ahorcados,
paredes que asfixian
y el secreto de la felicidad: la infancia.
Por el final
igual comienzo
y me acabo
en el grito que me concibe.

Agosto, 2007

Creer

Y uno cree en lo que le da la gana, salva cada tarde a su princesa de las llamas del dragón, se esconde del olvido o muere en una zanja. Cada uno busca en sus ropajes las ligaduras que lo aprisionan y decide si cortarlas o no. Porque cada uno cree en lo que quiere, en lo que le da la gana.
Los niños, los viejos, los hombres de negocios, los adolescentes rebeldes, las amas de casa, los borrachos, las putas, los indigentes, las estudiantes, los presos, los religiosos, los hombres, las mujeres, cada uno con su verdad a cuestas, con el miedo bajo las mangas, con la luz en algún sitio.
Los cielos y los infiernos, las estrellas, las casas embrujadas, todas pequeñas piezas de ese universo personal que moldeamos a nuestra medida, como se nos da la gana.
Ganar o perder es relativo, el fin de la calle es relativo y las esquinas y el sueño y las plazas o las oficinas, todo tiembla sobre un suelo imagnario.
Cada uno cree en lo que se le da la gana. Yo creo en la soledad de los ojos, en la agonía de un invierno que se repite cada año. Yo creeré en el hombre que me robe suspiros, creo en las canciones que huelen a revolución, en mis flores favoritas, creo en el silencio. Y también creo en los niños, en sus historias, en sus juegos.
Yo creo en esta ciudad que me habita, en las hogueras extintas, en la poesía. Creo en mi infancia.

lunes, 27 de agosto de 2007

CASANDRA (Ismael Serrano)

En fin... se hace esperar pero pronto llega, el 11 de Setiembre, con "Sueños de un hombre despierto", mi queridísimo Ismael Serrano. Mientras, el video de la canción "Casandra" que bien vale la pena

Nostalgia

Algunas nostalgias no nos esperan. Son esas que te atacan momentos antes de dormirte, te clavan sus puñales silenciosamente y hacen que recurran a tus sueños fantasmas indeseables. Las nostalgias de esos tiempos pasados que han sido buenos duelen como verdaderas cortadas. Aunque creamos que las hemos superado.
Sucede que ya no creo que extrañe tanto los lugares que frecuento como aquella casa que me alojó por la mitad del día durante tres años. Aquellos rostros que se me hicieron familiares, compañeros, amigos, enemigos, indesables, de todos los colores y que dejaron las más diversas sensaciones. Esa nostalgia hacia determinados rincones, hacia determinadas frases en ciertos pasillos, a días soleados recostados contra algún banco, a miradas anónimas, a besos ausentes. Todo tiene un olor a nostalgia.
Cuando se apagan las luces, cuando el sueño intenta vencerme, cuando evoco los pequeños momentos que quedan prendidos en mi memoria de lo que ha sido el día, salen a la carga los retazos de buenos tiempos, de buena gente, si es que la hay, que conocí en aquel lugar.
Y entonces la palabra nostalgia se me hace tan inabarcable, tan enorme. Acaso me asaltan otros recuerdos, en dosis intravenosas, de nieve y ojos claros, de amigos remotos, de tiempos en los que supe ser feliz.
Hoy no me quejo. Pero me queda la nostalgia.

lunes, 20 de agosto de 2007

Frente a una puerta

Hay un abismo descarrilado frente a tu puerta. Apenas si me atrevo a verlo, a regalarle a mis ojos tal espectáculo de silencios y café barato.
Hay también una sombra pesada que agita los brazos, que intenta decirte algo, aunque no mueve la boca. Pasarán más otoños antes de que me dé cuenta de mis arrugas, de la picazón en mis cejas, de las montañas de ciudad que se escurren de mis libros.
Aún espero la noche. Sentada en el portal con que sueñan a veces almas como la mía, deshojando poemas fuera de servicio, apuñalando canciones, bebiendo por costumbre. Hay una rosa que le teme a sus propias espinas, un verano en la playa estacionado en un lugar prohibido.
Y hay tantos y tantos años escondidos tras una esquina sucia. Si fumara encendería un cirgarrillo, le daría el humo a la luna, descosería la noche en toses y gusto a tabaco; pero busco y rebusco y no hay nada en mis bolsillos, los hilos del fondo me cortan los dedos y sangran dudas.
Hay unas piernas abiertas frente a tu puerta. Torneadas e imposibles se entran en el abismo. Y calla la sombra.

miércoles, 8 de agosto de 2007

Identidad

Prefiero búfalo
sin cuernos
con escarcha
en los ojos redondos.
Ser total y taciturna
hemorragia
viento
perchas de alambre
huidas secas
soledades baratas.
Ser raíz y mordeduras
en las uñas
ser nada más que
horas
así bien incorpóreas.
Prefiero águila
sin ojos
y que otro se coma
mi testamento.

sábado, 28 de julio de 2007

La semana

De perfil
y contra la gente sin gente
en los bolsillos.
Sin nada que haga de excusa
sin sed
sin esas adicciones que nos acosan
cada tanto.

Hay un hombre esperando en una esquina por mis huecos. Hay alguien caminando sigilosamente hacia el vacío, hacia la nada, como hace tanto tiempo yo buscaba ese rincón ni oscuro ni claro, ni bueno ni malo, solo ambiguo, que es la nada.
Hay un hombre que tiene el rostro petrificado de hace dos años. La misma sonrisa indiferente, las mismas cosquillas en las cejas, los mismos silencios y las mismas escasas palabras. Hay un hombre congelado que me asalta en sueños. Hay un alma que me encierra en el pasado, que encadena mis ojos a aquellas imágenes que nunca quise perder y que hoy son solo recuerdos.
Hay un hombre que espera por mí en alguna esquina.
Hay un personaje salido de esta historia que voy escribiendo con mis pasos que nada sabe ya de calendarios ni de octubres gastados.

Sufro
en el escondite de mis huesos
las manos buscan un recuerdo
al que aferrarse
una playa
para encallar
alguien que nos robe este misterio
de estar vivos
y nos rescate.

Ahora los rincones están poblados de silencios. Ya ni siquiera anidan las arañas, ya no hay tierra que me recuerde algo a lo que aferrarme. Hay ausencia. Eso cubre cada minúscula parte de este silencio. Hay ecos de miedo en cada agujero, pestañas que se queman con el aire, ojos que no logran sellar los sueños. Más silencio.

Enseñame las claves
los misterios
que se alojan
en tus uñas
y esas cosas
que nunca nos dijimos.
A veces la ventana es un ojo ausente,
a veces una lágrima
me encierra

Y otras veces, cuántas veces, me encierran esos días de sequía total, de páramos heridos, de años ajados, de grietas y costumbres absurdas. Este peso en mis zapatos, esta porfiada desdicha que se aloja en mis tobillos, este saco de polvo que me cubre de pies a cabeza, esta árida presencia de una muerte me acongoja. Pero todavía la sequía, todavía la extraña manía del tiempo de repetirme los días, los segundos, las infinitas horas en que habito este universo.

miércoles, 25 de julio de 2007

Tres arcoiris


Repasemos.
Solo recuerdo tres arcoiris.
Uno en casa de mis primos hace muchísimos años, otro hace poco en la playa y el último hace una semana, mientras íbamos en el auto.
La vida quizá debería medirse por la cantidad de arcoiris que vemos.
He tenido una semana que se resume en las coincidencias de muchas frases que me han llevado a pensar en las cosas especiales de la vida.
Ayer viendo la televisión y hoy releyendo El Principito, me ha dado vueltas la idea de la belleza de lo simple y lo que es único. El poder de las personas que se domestican, el valor que esas cosas adquieren para nosotros. La rosa o el zorro ya no serán uno más sino que serán especiales por haberse domesticado.
Alguien me pregunta por qué me hago llamar Eclipse. Hace mucho tiempo escogí este nombre, no recuerdo el motivo exacto, pero sé que era porque me parecía algo hermoso y especial, además de que me cautiva el sonido de la palabra (sí, los que conocen bastante a fondo mis rarezas saben que tengo palabras preferidas y que tengo mucho en cuenta su sonoridad). Ayer se me confirmó esta elección.
"Once in a lifetime". Un eclipse es algo especial, que se ve una sola vez en la vida. Y he aquí que no se puede mirar directamente o podríamos quedar ciegos.
Y El Principito me dice que "lo esencial es invisible a los ojos", la tan trillada (aunque no deja de ser hermosa) frase, que prefiero traducir en otra que también aparece en el libro: "Lo bello del desierto es que esconde un pozo en alguna parte".
Y entonces todo se va uniendo. Mi porfía en lo mágico del silencio, de las cosas no dichas, de lo latente. El sentido de que estas cosas existan para hacer más valiosos los momentos, las personas.
La vida debería medirse en la cantidad de arcoiris que vemos (en realidad, que recordamos).
Los míos han sido tres.
¿Los tuyos?