Estoy oscura y pensativa. Amontonada tras las sucias lágrimas de otros. El viento moldea los silencios que me recorren, las baladas que le cantan sombras derretidas a otras mujeres, a esos nombres famosos que nunca serán los míos, a pesar de figurar en uno o dos versos ajenos.
Estoy en otoño y en las esquinas del sueño. Estoy adornando calificaciones, sonriendo en fotos de currículums, autobiografiándome sin ganas.
Pero por qué las voces de montañas no cortan los estrechos para verme, no lo sé. Hay ecos podridos por todos lados, susurros bien aguditos que me nervan, que hacen que me coma mis uñas vírgenes, que recorra pelo por pelo los sonidos de la infancia. Y los olores, también los olores que tienen palabras guardadas tras sus nombres, que tienen recuerdos con qué extorsionarme.
Debo cuidarme, no sucumbir al resfrío, no marearme cuando bebo, no enlentecer mis palabras ni trabar mi lengua, no declarármele al mundo, no desnudarme el alma frente a todos. Debo cuidarme de las prisas de siempre, de las calles borrachas, de las mujeres con garras y los hombres sin dientes.
Arrinconada como estoy entre el ojo y el destierro, me sacudo el polvo de los pies y te muestro mi ombligo. Ahora, querida noche, viérteme tu líquido amargo y estornuda dentro de mis cavidades, así las estrellas iluminarán al menos por un rato este rencor de saberme tan perdida, tan dividida y sin miedos que compartir.
jueves, 28 de junio de 2007
domingo, 24 de junio de 2007
Four Eyed Monsters
Este increíble video, esta buenísima película, surgió como iniciativa de los protagonistas Susan y Arin (guionistas, directores, productores y actores) para contar su propia historia.
Es una película que combina diferentes técnicas con la filmación, como animación e imágenes estáticas y está muy bien realizada. El nombre, además ( y me encanta cómo lo explican... ya van a ver) me pareció original y ocurrente.
Una historia digna de contarse, extraña, muy particular y con unos protagonistas (en todos los sentidos) muy talentosos (en todos los sentidos también). Me ha dejado colgada bastante rato.
Además de verla, se puede colaborar con ellos, ya que la película fue financiada a través de tarjetas de crédito y ahora necesitan terminar de pagar todas las tarjetas. Hay más información en su página y también se pueden ver (hasta ahora ocho) episodios de cómo fue que surgió todo, cómo se fue haciendo y qué sucedió luego. Muy interesante.
Así que buena suerte a Susan y Arin!
Juntacadáveres
Próximamente... el nuevo hogar de El baile de Los Ahorcados, otrora gente que se reunía en torno a La Poesía que Guarda el Infierno. Hoy, al ser "echados" (si, los subversivos volvemos a la carga) del grupo de MSN, abrimos este lugarcito que espero con todas las ganas que funcione, que sea nuevo hogar para la poesía, los palos y las caricias, para el encuentro entre gente de diversos lugares.Y ya viene siendo hora de que me ponga a escribir seriamente acá. Pero no he tenido mucho tiempo, ni ganas, lo admito.
Ya volveré.
De última, quién me extraña?
sábado, 12 de mayo de 2007
Pietari Posti



Recojo de Sección Áurea el link al portfolio de Pietari Posti. Un ilustrador que me ha dejado boba. Cómo me encanta esa estética... es de esas cosas que a una la inspiran... veremos qué sale.
Y he puesto tres imágenes porque no sé con qué quedarme...
(ahhhh... yo quiero una tapa así para mi futurísimo libro)
miércoles, 9 de mayo de 2007
otros ojos
"Lento en mi sombra, con la mano exploro / mis invisibles rasgos. Un destello / me alcanza. He vislumbrado tu cabello / que es de ceniza o es aún de oro."
J.L.Borges - "Un ciego"
J.L.Borges - "Un ciego"
No sé si la niebla de otros ojos, pero la eternidad de no ver se me hace recurrente en estos días. Aqueja cada uno de mis pensamientos, por más lejanos de la verdadera ceguera que se encuentren. Es así que escribo algo y me lo sugieren en prosa. Porfiada en mis formas, lo modifico y también lo escribo de esa forma. La esencia se mantiene.
Otros ojos: prosa
Apenas suspiran las yemas de los dedos en la ociosa tarde: el laberinto de la ceguera es a veces predecible. Esconde una rosa en su amalgama oscura y esgrime la espada del invierno. Afronta las caídas de pelo en el otoño y los vientres fértiles del mañana. Pero las yemas de los dedos se escurren tras la vida, una piel, una espera.
Otros ojos: poesía
Suspiran las puntas de los dedos
en la ociosa tarde: el laberinto
de la ceguera es a veces predecible.
Esconde una rosa en su amalgama oscura
y esgrime la espada del miedo.
Alimenta las caidas de pelo en otoño
y algunos gestos de ternura.
Las yemas de los dedos se escurren
tras la vida
y una piel.
Una continua espera.
viernes, 4 de mayo de 2007
seducción de la palabra
"Te administraré las dosis necesarias,
de paso haré recuento de los días.
Las dosis necesarias
serán las cenizas.
Las dosis de los días.
Las cenizas necesarias."
de paso haré recuento de los días.
Las dosis necesarias
serán las cenizas.
Las dosis de los días.
Las cenizas necesarias."
Es curioso haberme desdoblado el otro día en una charla. Haberme desdoblado y luego advertir que todo fue una retórica para irme descubriendo, o más bien, redescubriendo desde mi rol en la palabra.
Hay algo de poesía que seduce. Hay algo de eso que me es menester que silencia bestias y apacigua infiernos, hay algo. Me da cierto pudor que me digan que tengo el don, que me rescaten que tramo y destramo y enamoro y desengaño. Quizás vergüenza.
Al fin, ya no es intención explícita, no es esa voluntad la que me lleva a escribir. Pero muy en el fondo descubro, en esa misma retórica que hoy se ordena un poco más, que la palabra en la poesía cumple esa función también; la de seducir, la de "enganchar", la de prendar al lector y acunarlo en sus brazos traicioneros. Por más dulce o pura que sea, la poesía siempre tendrá para mí eso de perversa y traicionera, eso de embaucadora. Es simplemente un juego, un desafío mutuo que se juega en el silencioso tablero de ese instante entre el poeta y el lector, entre el poema y aquello que lo trasciende. Nada termina de explicarse ni de entenderse. Nada termina de saberse. El poeta ya no es más lo que escribe, ya no es ese alguien.
A mi reflexión hoy se le suma aquello de la legitimación. Ya bastante estamos traumándonos los alumnos de Seminario de las Estéticas I con todo este tema de la legitimación del arte y otras cosas que tienen puntos en común con esto de que hablo. No voy a meterme en el tema, pero no descarto mi búsqueda constante de esos parámetros, no por encontrar uno al que asirme y por el cual guiarme febrilmente, sino por aprender, introducirme, empaparme de todos esos discursos, aún no encuentre las respuestas que busco. Y todo esto me parece tan irónico. Me causa risa.
Si, me da risa. Pero una risa sincera y abierta, de esas carcajadas simples que pocas veces he escuchado pero a cuyos dueños admiro. Así también, manifestaba yo en aquella charla, la risa por lo absurdo de esa seducción de las palabras que siento no me pertenece. Lo acepto, lo aceptaré, no voy a pecar de falsa modestia aunque no lo reconozca. Pero sinceramente me da gracia; y he aquí nuevamente esta sensación de desdoblamiento, de verme a mí misma como parte independiente, conquistando quién sabe qué almas por ahí, escalando quién sabe qué sentimientos ajenos. Y luego yo aquí, terrenal y vacía, resumida y simple.
Es cierto, la palabra puede seducir, la poesía seduce. Aún me queda camino por andar y muchas profundidades que despertar. Seguiré buceando las cosas que no quiero ver, trataré de no escapar de lo que me dicen. Igualmente, creo que tengo un poco de miedo de aceptarlo y darme cuenta de golpe y descubrir que esa inocencia era la que hacía al don, al misterio.
Entonces será tarde.
Hay algo de poesía que seduce. Hay algo de eso que me es menester que silencia bestias y apacigua infiernos, hay algo. Me da cierto pudor que me digan que tengo el don, que me rescaten que tramo y destramo y enamoro y desengaño. Quizás vergüenza.
Al fin, ya no es intención explícita, no es esa voluntad la que me lleva a escribir. Pero muy en el fondo descubro, en esa misma retórica que hoy se ordena un poco más, que la palabra en la poesía cumple esa función también; la de seducir, la de "enganchar", la de prendar al lector y acunarlo en sus brazos traicioneros. Por más dulce o pura que sea, la poesía siempre tendrá para mí eso de perversa y traicionera, eso de embaucadora. Es simplemente un juego, un desafío mutuo que se juega en el silencioso tablero de ese instante entre el poeta y el lector, entre el poema y aquello que lo trasciende. Nada termina de explicarse ni de entenderse. Nada termina de saberse. El poeta ya no es más lo que escribe, ya no es ese alguien.
A mi reflexión hoy se le suma aquello de la legitimación. Ya bastante estamos traumándonos los alumnos de Seminario de las Estéticas I con todo este tema de la legitimación del arte y otras cosas que tienen puntos en común con esto de que hablo. No voy a meterme en el tema, pero no descarto mi búsqueda constante de esos parámetros, no por encontrar uno al que asirme y por el cual guiarme febrilmente, sino por aprender, introducirme, empaparme de todos esos discursos, aún no encuentre las respuestas que busco. Y todo esto me parece tan irónico. Me causa risa.
Si, me da risa. Pero una risa sincera y abierta, de esas carcajadas simples que pocas veces he escuchado pero a cuyos dueños admiro. Así también, manifestaba yo en aquella charla, la risa por lo absurdo de esa seducción de las palabras que siento no me pertenece. Lo acepto, lo aceptaré, no voy a pecar de falsa modestia aunque no lo reconozca. Pero sinceramente me da gracia; y he aquí nuevamente esta sensación de desdoblamiento, de verme a mí misma como parte independiente, conquistando quién sabe qué almas por ahí, escalando quién sabe qué sentimientos ajenos. Y luego yo aquí, terrenal y vacía, resumida y simple.
Es cierto, la palabra puede seducir, la poesía seduce. Aún me queda camino por andar y muchas profundidades que despertar. Seguiré buceando las cosas que no quiero ver, trataré de no escapar de lo que me dicen. Igualmente, creo que tengo un poco de miedo de aceptarlo y darme cuenta de golpe y descubrir que esa inocencia era la que hacía al don, al misterio.
Entonces será tarde.
lunes, 23 de abril de 2007
declaración de domicilio
Vivo en el lado lento de la vida.
Amo lo que se gesta en el silencio
"Declaración de domicilio" - Eduardo Meana
He madurado mis formas, o al menos eso creo. Ya no surgen esas febriles declaraciones de frío, de angustia por el acaecer de los días, por la lluvia muda o los días grises. Hoy puedo contar con los dedos muchas cosas. Puedo contar los amigos, puedo contar esas personas que me hacen verdaderamente feliz. Puedo enumerar sin esfuerzo a quienes me quieren de verdad, puedo nombrar las cosas que me gustan.
Hoy puedo saber que las tormentas pasan, incluso a pesar de las frases hechas, incluso a pesar de a veces creer lo contrario. Y sin embargo no puedo dejar atrás las madrugadas apasionadas en que desnudo mis sueños, en que pongo toda mi humanidad, mi fragilidad frente a un espejo que no me devuelve mi cara.
En todo este tiempo, intento vislumbrar qué es lo que me devuelve, qué oculta gracia me regala ese cristal impenetrable.
Mientras, escucho todas esas palabras que una vez me hicieron fuerte y luego pequeña, para seguir creciendo. Pero este crecer también es desde las dificultades nuevas, desde la incertidumbre que me aprieta las muñecas y la garganta, que sube por mis pies helados hasta sumergirme en una oscuridad confusa.
A la vez que consigo aferrarme a nuevas certezas, mis zapatos cruzan aceras nuevas, siembran sus suelas por tierras desconocidas, se aventuran en empresas imposibles. Pero así también muerden el polvo de las desilusiones. Los viejos amigos a veces comienzan a dejar de ser lo que eran, nuestra casa deja de ser nuestra casa, esa casa gigante que uno tiene en el mundo, a donde sabe que siempre puede volver, donde nada le es rechazado.
Es ahora cuando comienzo a necesitar hacer nuevas declaraciones de domicilio. El silencio en su belleza más honda me llama a que le busque y le sea fiel. Lo he adorado por años sin saberlo, pero ahora reconstruyo este culto como lo sagrado de palabras no dichas que dignifican aquellas que salen de nuestros labios. El miedo ya no es miedo, es una sonrisa que me nubla el rostro, es un suspiro de ambigüedad que busca aferrarse a algo, por más que mi cara no logre verse en el espejo.
Me retiro de los lugares donde he nacido tantas veces. Me retiro en ese silencio sanador y abstracto. Me mudo hacia una tierra donde me gobierna el olor a novedad y nostalgia, donde me hace el desayuno la alegría. Tal vez deje de ser yo, "prefiero vulnerable, pero vivo..."
Hoy puedo saber que las tormentas pasan, incluso a pesar de las frases hechas, incluso a pesar de a veces creer lo contrario. Y sin embargo no puedo dejar atrás las madrugadas apasionadas en que desnudo mis sueños, en que pongo toda mi humanidad, mi fragilidad frente a un espejo que no me devuelve mi cara.
En todo este tiempo, intento vislumbrar qué es lo que me devuelve, qué oculta gracia me regala ese cristal impenetrable.
Mientras, escucho todas esas palabras que una vez me hicieron fuerte y luego pequeña, para seguir creciendo. Pero este crecer también es desde las dificultades nuevas, desde la incertidumbre que me aprieta las muñecas y la garganta, que sube por mis pies helados hasta sumergirme en una oscuridad confusa.
A la vez que consigo aferrarme a nuevas certezas, mis zapatos cruzan aceras nuevas, siembran sus suelas por tierras desconocidas, se aventuran en empresas imposibles. Pero así también muerden el polvo de las desilusiones. Los viejos amigos a veces comienzan a dejar de ser lo que eran, nuestra casa deja de ser nuestra casa, esa casa gigante que uno tiene en el mundo, a donde sabe que siempre puede volver, donde nada le es rechazado.
Es ahora cuando comienzo a necesitar hacer nuevas declaraciones de domicilio. El silencio en su belleza más honda me llama a que le busque y le sea fiel. Lo he adorado por años sin saberlo, pero ahora reconstruyo este culto como lo sagrado de palabras no dichas que dignifican aquellas que salen de nuestros labios. El miedo ya no es miedo, es una sonrisa que me nubla el rostro, es un suspiro de ambigüedad que busca aferrarse a algo, por más que mi cara no logre verse en el espejo.
Me retiro de los lugares donde he nacido tantas veces. Me retiro en ese silencio sanador y abstracto. Me mudo hacia una tierra donde me gobierna el olor a novedad y nostalgia, donde me hace el desayuno la alegría. Tal vez deje de ser yo, "prefiero vulnerable, pero vivo..."
jueves, 12 de abril de 2007
Saul Bass

Me encuentro en Blogdecine con este tipo, Saul Bass, que ha hecho esos conocidísimos openings de películas... Muy disfrutable. Particularmente, me gusta el de "La vuelta al mundo en 80 días".
viernes, 30 de marzo de 2007
Mi calle
Lo prometido... es una deuda peligrosa.
Acá va el poema
Mi calle
Mi calle huele a guerra
no declarada
y a penas rancias,
a versos nunca dichos.
Mi calle huele a miedo
y fiebre por las mañanas,
huele a niños descalzos y a sueños grises.
Yo cruzo avenidas y le traigo edificios de regalo
y le lloro canciones que no conozco.
Yo le grito a su cielo que le dé más sol
y camino sobre su frente dormida por las tardes.
Mi calle huele a pasado
y el futuro pasa por la otra esquina.
Acá va el poema
Mi calle
Mi calle huele a guerra
no declarada
y a penas rancias,
a versos nunca dichos.
Mi calle huele a miedo
y fiebre por las mañanas,
huele a niños descalzos y a sueños grises.
Yo cruzo avenidas y le traigo edificios de regalo
y le lloro canciones que no conozco.
Yo le grito a su cielo que le dé más sol
y camino sobre su frente dormida por las tardes.
Mi calle huele a pasado
y el futuro pasa por la otra esquina.
De todo un poco... de lo que no sé
Hace tiempo Omar Prego nos dijo en una pequeña reunión en mi queido TdlP, "uno tiene que escribir sobre lo que sabe" y a partir de ese comentario, la frase siempre anda dando vueltas en mi cabeza, buscando acomodarse a algo, luchando contra todos esos pensamientos contradictorios que suelo tener.
No sé escribir sobre lo que sé, o más bien, no sé qué es lo que sé. A veces pienso que no hay nada en lo que realmente sea buena por completo, que realmente conozca a fondo y esto suele deprimirme, porque se junta con todas esas ideas sobre la ambición de la sabiduría y conocimiento... Pero por más que trato de analizar qué es lo que sé, no logro encontrarlo. Mis relatos no pasan de reflexiones sencillas y son sólo parte de lo que necesito expresar, nunca logro decirlo todo. Tal vez por eso me siento mejor en la poesía. Escribir bien no es lo mismo que redactar bien, lo último solo se logra con práctica y esfuerzo; creo firmemente que al primero se le debe agregar una dosis de talento, las fórmulas no son suficientes.
Pero volviendo al escribir sobre lo que uno sabe, suelo creer que no tengo nada realmente interesante que contar, nada más que las cosas que sueño vivir o que desconozco y quisiera conocer. El mecanismo en mí se da al revés. Sucede que escribo sin saber de qué hablo, sucede que la ficción no pasa solamente por el hecho concreto sino por la situación, el contexto, las emociones que me son desconocidas y dudo que eso pueda derivar en algo convincente o medianamente bueno.
¿Y será que abarco mucho y poco aprieto? Suelo utilizar este dicho muy a menudo, pero no pensaba para aplicarlo a mí misma... Mi variedad, multiplicidad y complejidad de intereses a veces me traen dolores de cabeza. ¿Cómo conjugar todo de manera positiva para mi vida personal y profesional?
En la devolución de un trabajo para la universidad se me señaló este punto. Suelo salirme de los objetivos de mi carrera como comunicadora visual y mezclarme en otros terrenos que tal vez no le aporten lo que deberían. Pero no puedo con mi condición... y suena tristemente gracioso.
Bueno, parece que he escrito sobre algo que sé, pero no es para nada interesante. Y pensar que este post se iba a tratar de algo totalmente distinto. El que haya llegado hasta esta lína, mis felicitaciones, es un post totalmente descartable, cuando llegue la inspiración y logre decir lo que quiero postearé de nuevo. Lo mismo me he propuesto con la poesía, no escribiré más hasta que se me salgan los versos por los poros, hasta que no pueda con la necesidad. Lo último que he hecho es despreciable. Tal vez cuelgue algo nomás para compartir la vergüenza. Sí, de seguro ese será mi próximo post.
[a propósito de esto, encontré este post... qué cómico]
No sé escribir sobre lo que sé, o más bien, no sé qué es lo que sé. A veces pienso que no hay nada en lo que realmente sea buena por completo, que realmente conozca a fondo y esto suele deprimirme, porque se junta con todas esas ideas sobre la ambición de la sabiduría y conocimiento... Pero por más que trato de analizar qué es lo que sé, no logro encontrarlo. Mis relatos no pasan de reflexiones sencillas y son sólo parte de lo que necesito expresar, nunca logro decirlo todo. Tal vez por eso me siento mejor en la poesía. Escribir bien no es lo mismo que redactar bien, lo último solo se logra con práctica y esfuerzo; creo firmemente que al primero se le debe agregar una dosis de talento, las fórmulas no son suficientes.
Pero volviendo al escribir sobre lo que uno sabe, suelo creer que no tengo nada realmente interesante que contar, nada más que las cosas que sueño vivir o que desconozco y quisiera conocer. El mecanismo en mí se da al revés. Sucede que escribo sin saber de qué hablo, sucede que la ficción no pasa solamente por el hecho concreto sino por la situación, el contexto, las emociones que me son desconocidas y dudo que eso pueda derivar en algo convincente o medianamente bueno.
¿Y será que abarco mucho y poco aprieto? Suelo utilizar este dicho muy a menudo, pero no pensaba para aplicarlo a mí misma... Mi variedad, multiplicidad y complejidad de intereses a veces me traen dolores de cabeza. ¿Cómo conjugar todo de manera positiva para mi vida personal y profesional?
En la devolución de un trabajo para la universidad se me señaló este punto. Suelo salirme de los objetivos de mi carrera como comunicadora visual y mezclarme en otros terrenos que tal vez no le aporten lo que deberían. Pero no puedo con mi condición... y suena tristemente gracioso.
Bueno, parece que he escrito sobre algo que sé, pero no es para nada interesante. Y pensar que este post se iba a tratar de algo totalmente distinto. El que haya llegado hasta esta lína, mis felicitaciones, es un post totalmente descartable, cuando llegue la inspiración y logre decir lo que quiero postearé de nuevo. Lo mismo me he propuesto con la poesía, no escribiré más hasta que se me salgan los versos por los poros, hasta que no pueda con la necesidad. Lo último que he hecho es despreciable. Tal vez cuelgue algo nomás para compartir la vergüenza. Sí, de seguro ese será mi próximo post.
[a propósito de esto, encontré este post... qué cómico]
domingo, 25 de marzo de 2007
viernes, 23 de marzo de 2007
25 mejores posters de películas



En Blogdecine me encuentro con este link a la revista Premiere, donde publican los, a su entender, 25 mejores posters de películas. Sin dudas hay muchos buenos, aunque no coincido con todos y hay unos cuantos afuera...
jueves, 22 de marzo de 2007
"Venid a ver el cuarto del poeta" V
Salid a ver el cuarto del poeta.
Desde mi corazón
hasta los otros
hay cincuenta peldaños de paciencia.
¡Voladlos, compañeros!
(si no me halláis
entonces
preguntadme
dónde estoy encendiendo las hogueras)"
"Venid a ver el cuarto del poeta" IV
océanos y océanos de arena,
preguntadle
por todos
preguntadle
y llegaréis al cuarto del poeta:
Una silla, una lámpara,
un tintero de sangre, otro de ausencia,
las arañas tejiendo sordos ruidos
empolvados de lágrimas ajenas
y un papel donde el tiempo
reclina tenazmente la cabeza."
"Venid a ver el cuarto del poeta" III
contemplando morir la primavera,
preguntadle
por mi alma
y también por el cuarto del poeta."
"venid a ver el cuarto del poeta" II
cosiendo su ternura a mi tristeza,
preguntadle
por el amado cuarto del poeta."
martes, 20 de marzo de 2007
"Venid a ver el cuarto del poeta" I
Mañana es mi entrega de fotografía. Realmente quedé bastante satisfecha con los resultados, especialmente porque pude hacer algo que venía queriendo hacer desde hacía mucho y sólo había quedado en ideas frustradas: la interpretación de un texto a través de fotografías.
Todavía recuerdo aquellas tardes en la plaza, en los alrededores de Palacio Legislativo, mis árboles malditos, la rosa negra, la puerta cerrada, el cassette de la memoria, los escombros, las pisadas fantasmas, todas esas cosas que para un par de personas, al menos, dicen algo.
Esto no llega a ser lo que soñamos entonces, pero siento realizada una tarea pendiente conmigo misma. La próxima vez se tratará de una texto de creación mía. Me lo prometo.
[pondré una foto por cada post, acompañada de la parte del poema que la sugiere - y que recordarán de posts anteriores]

"Venid a ver el cuarto del poeta.
Desde la calle
hasta mi corazón
hay cincuenta peldaños de pobreza.
Subidlos.
A la izquierda."
de paso
Vamos tragando sueños, lo que nombro y lo que callo, la fiebre del invierno, los vicios del pasado. La memoria se cansa de darnos tregua, el aparecido no aparece, el desventurado se lanza a la aventura.
El suelo que moja nuestros pies me envenena, me ciega hasta la muerte.
Vamos tragando sueños, en cada relámpago, en cada cable, en cada hoguera.
Vamos tragando el mañana, sorbiendo el tiempo que parece invencible.
Ahora que el miedo es nada más que una promesa de nuestros enemigos, que todos nos han traicionado, ahora el dolor se percibe dulce.
Vamos tragando insomnios, palabras que se lleva el viento.
El suelo que moja nuestros pies me envenena, me ciega hasta la muerte.
Vamos tragando sueños, en cada relámpago, en cada cable, en cada hoguera.
Vamos tragando el mañana, sorbiendo el tiempo que parece invencible.
Ahora que el miedo es nada más que una promesa de nuestros enemigos, que todos nos han traicionado, ahora el dolor se percibe dulce.
Vamos tragando insomnios, palabras que se lleva el viento.
jueves, 22 de febrero de 2007
palabras latentes
Detrás del nombre hay lo que no se nombra.
J.L.B.

El silencio guarda en lo más íntimo las frases más elocuentes, las sentencias aceptadas. El silencio tras cada nombre grita constantemente. La identidad que otorga un nombre pasa también por los silencios que implica, por las palabras latentes. (Acaso alas más justas).
Producto de un TdlP
Imagen tomada de SXC
domingo, 4 de febrero de 2007
Evento
Descolgó el teléfono y supo inmediatamente que lo postergado comenzaría poco a poco a resolverse. Era de la florería. Tras una breve conversación con su interlocutor, la tía Sara encargó sus flores favoritas y especificó bien el día y la hora, repitió dos veces la dirección del lugar y finalizó con un innecesario "no se olviden, por favor".
La tarde amenazaba con una tormenta, pero la tía sara prefería eso al sofocante calor que las últimas semanas había afectado su baja presión y la había hecho sumirse en un casi continuo sopor, debilitándola más de lo que estaba e impidiéndole realizar todos los planes que hubiera querido.
Ahora refrescaba, todo volvía a recomponerse y ya se sentía mejor, con más fuerzas para proseguir con los llamados y acuerdos. Hacía un par de días atrás, pese al calor y a su estado físico, había puesto patas para arriba la mitad de su casa en busca de papeles y cuadernos con todas las direcciones o números telefónicos que necesitaba. Había hablado con el muchachito de la otra cuadra, el que finalmente llevaría a cabo la reunión, pero claro, sin darle muchos detalles más que una hora y una fecha concreta.
En sus respectivos hogares, cada quien luchando de la manera que podían contra el calor, los pocos parientes cercanos y todos aquellos que apenas recordaban su rostro o tenían una foto suya sobre la cómoda, se preguntaban sobre las extrañas invitaciones de la anciana.
La tía Sara, con la mayor de sus calmas, sonrió durante largas semanas a cada dependiente, a cada vendedor, a cada eslabón de la cadena que tejía para que su evento saliera a la perfección. No faltaría la comida, de eso se había encargado casi al principio, cuando muchas otras cosas no eran sino vagas ideas en su mente; tampoco algo de música. Las flores, un punto especial y clave para su reunión, se habían concretado esa misma tarde.
El resto del día, como desde hacía unas tres o catro semanas, la pasaría sola, como casi siempre. Margarita no vendría a limpiar. Le telefoneó por la mañana y le pidió que no fuera, que se sentía bastante bien y había cosas que quería acomodar, que quería revolver cosas guardadas desde hacía mucho y prefería estar sola. Insistió en que no se preocupara, en que todo iría bien, ante la voz de desconfianza de su ocasional empleada.
La tía Sara no quería molestar, quería que todos prosiguieran con sus habituales vidas, pero que recordaran la fecha y la hora que había mandado imprimir en las tarjetitas color azul que se había encargado de personalizar y enviar a cada uno de sus parientes.
Todo estaba mucho más organizado ahora, podía tomarse unos minutos para el té de la tarde, podía también, si al levantarse no se mareaba, ir hasta la esquina y jugar a la quiniela. Quizá tuviera suerte, después de todo.
La tía Sara no consultó el reloj. Casi nunca lo hacía. Caminó despacio, con sus cansinos pasos de mujer ya entrada en años. Casi todos en su familia conocían cuentos sobre esta lejana tía casi reclutada en su hogar, un poco lejos de la ciudad. Sus años de juventud poblaban las bocas de los que habían sido sus más cercanos amigos, o parientes, de entrañables anécdotas, por eso siempre se sucedía un entornar los ojos y recordar un rostro sonriente y difuso al nombrar a la tía Sara.
Tía Sara cambió de opinión. No faltaba tanto para su especial evento, así que descansar un poco tal vez fuera lo mejor. No tendría interrupciones y podría comenzarlo por la mañana, cuando se le diera la gana, aún tenía unas cuantas horas por delante. Melanie no llamaría hasta bien entrado enero y para entonces, ya todo habría terminado. Pensar en la única sobrina que se acordaba fielmente de ella y la visitaba cada mes, la hizo sonreír y emocionarse.
La tía Sara se percató entonces de que estaba cansada, aunque no esperaba esa sensación sino para dentro de un tiempo.
Al fin reposaría en paz cuando todos pudieran finalmente recordar su rostro en el programado encuentro. ¡Cómo no iba a estar cansada! Planear un perfecto funeral no era nada fácil.
______________________________________________________
Aún necesita correcciones, pero resucitan personajes de "La Pared". Para los que lo leyeron: "Apenas se acordaba de la tía Sara en los cartelitos de los martes pegados en la heladera. " y anda Mel por ahí mencionada también... ^^ (ninguna tuvo mucha suerte en mis manos, como ven...)
La tarde amenazaba con una tormenta, pero la tía sara prefería eso al sofocante calor que las últimas semanas había afectado su baja presión y la había hecho sumirse en un casi continuo sopor, debilitándola más de lo que estaba e impidiéndole realizar todos los planes que hubiera querido.
Ahora refrescaba, todo volvía a recomponerse y ya se sentía mejor, con más fuerzas para proseguir con los llamados y acuerdos. Hacía un par de días atrás, pese al calor y a su estado físico, había puesto patas para arriba la mitad de su casa en busca de papeles y cuadernos con todas las direcciones o números telefónicos que necesitaba. Había hablado con el muchachito de la otra cuadra, el que finalmente llevaría a cabo la reunión, pero claro, sin darle muchos detalles más que una hora y una fecha concreta.
En sus respectivos hogares, cada quien luchando de la manera que podían contra el calor, los pocos parientes cercanos y todos aquellos que apenas recordaban su rostro o tenían una foto suya sobre la cómoda, se preguntaban sobre las extrañas invitaciones de la anciana.
La tía Sara, con la mayor de sus calmas, sonrió durante largas semanas a cada dependiente, a cada vendedor, a cada eslabón de la cadena que tejía para que su evento saliera a la perfección. No faltaría la comida, de eso se había encargado casi al principio, cuando muchas otras cosas no eran sino vagas ideas en su mente; tampoco algo de música. Las flores, un punto especial y clave para su reunión, se habían concretado esa misma tarde.
El resto del día, como desde hacía unas tres o catro semanas, la pasaría sola, como casi siempre. Margarita no vendría a limpiar. Le telefoneó por la mañana y le pidió que no fuera, que se sentía bastante bien y había cosas que quería acomodar, que quería revolver cosas guardadas desde hacía mucho y prefería estar sola. Insistió en que no se preocupara, en que todo iría bien, ante la voz de desconfianza de su ocasional empleada.
La tía Sara no quería molestar, quería que todos prosiguieran con sus habituales vidas, pero que recordaran la fecha y la hora que había mandado imprimir en las tarjetitas color azul que se había encargado de personalizar y enviar a cada uno de sus parientes.
Todo estaba mucho más organizado ahora, podía tomarse unos minutos para el té de la tarde, podía también, si al levantarse no se mareaba, ir hasta la esquina y jugar a la quiniela. Quizá tuviera suerte, después de todo.
La tía Sara no consultó el reloj. Casi nunca lo hacía. Caminó despacio, con sus cansinos pasos de mujer ya entrada en años. Casi todos en su familia conocían cuentos sobre esta lejana tía casi reclutada en su hogar, un poco lejos de la ciudad. Sus años de juventud poblaban las bocas de los que habían sido sus más cercanos amigos, o parientes, de entrañables anécdotas, por eso siempre se sucedía un entornar los ojos y recordar un rostro sonriente y difuso al nombrar a la tía Sara.
Tía Sara cambió de opinión. No faltaba tanto para su especial evento, así que descansar un poco tal vez fuera lo mejor. No tendría interrupciones y podría comenzarlo por la mañana, cuando se le diera la gana, aún tenía unas cuantas horas por delante. Melanie no llamaría hasta bien entrado enero y para entonces, ya todo habría terminado. Pensar en la única sobrina que se acordaba fielmente de ella y la visitaba cada mes, la hizo sonreír y emocionarse.
La tía Sara se percató entonces de que estaba cansada, aunque no esperaba esa sensación sino para dentro de un tiempo.
Al fin reposaría en paz cuando todos pudieran finalmente recordar su rostro en el programado encuentro. ¡Cómo no iba a estar cansada! Planear un perfecto funeral no era nada fácil.
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Aún necesita correcciones, pero resucitan personajes de "La Pared". Para los que lo leyeron: "Apenas se acordaba de la tía Sara en los cartelitos de los martes pegados en la heladera. " y anda Mel por ahí mencionada también... ^^ (ninguna tuvo mucha suerte en mis manos, como ven...)
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