"Hoy tocan Jazz en aquel bar
donde no pude soportar
la quemadura que en mi boca hizo una verdad"
- La primera vez que lo vi sonreír, me pareció que tenía la sonrisa de un tipo difícil, sabés a lo que me refiero, de esos tipos complicados con los que después tenés más dolores de cabeza que navidades. Pero bueno, aún así la sonrisa era divina, cautivadora, ya sabés cuánto me atrajeron siempre los complicados.
La otra la mira sobre el borde del vaso, lo apoya sobre la mesa y se acomoda en la silla sin decir palabra, esperando el resto del relato que prometía ser, como siempre en esos casos, una descripción minuciosa y enérgica.
- Y esa voz... cantaba, canta, tan bien, lástima no pude quedarme después para decirle algo... aunque no hubiera sabido qué decirle. Esa manía de imitar los vientos con la voz... ah, me enloquecía, y los movimientos compulsos cuando sigue el ritmo de la música. No miraba nunca un lugar fijo, ni siquiera a alguna persona de las que allí estaban; cada tanto algún comentario a algún conocido, un guiño de ojo a la banda, pero nada más, pura concentración de ojos cerrados. Unos ojos casi sin pestañas, que abiertos eran dos puntitos negros brillando bajo la luz tenue del sótano. Cerrados, las pestañas cortitas dibujaban una línea casi recta al final de los párpados, que en varias canciones se mantenían cerrados por largo rato.
- Pero no me digas que todo esto lo sacaste de verlo el otro día en el toque...
- ¡Claro! ¿cuándo más? No te voy a decir que me enamoré pero...
- Pero sí, conociéndote...
Sin ánimos de retrucar tal afirmación, toma un sorbo de su bebida y continúa lo que parece ser un interminable relato de todas sus observaciones.
- Y esa barba de algunos días... en principio parecía nomás una suciedad en la cara, pero a contraluz... ¡ay! a contraluz era más un detalle sexy, cautivador, que invitaba a una caricia a pesar de las alergias y las cosquillas.
Su amiga pone los ojos en blanco y sonríe, resignada al hecho de que su interlocutora seguirá con las descripciones febriles.
- Qué más decirte, que esa pequeña porción de noche en este sótano fue solo eso, yo mirando al tipo que canta, imaginándolo en cualquier otro lado menos rodeado de paredes de piedra y minitas cool.
- Pero ¿era de esa onda...?
- No. Incluso creo que está casado, al menos luce sin vergüenza un anillo, por lo que pude ver...
- Como si el resto fuera poco...
Callan. El sótano esa noche espera música tranqui y ellas están nomás de paso para tomar algo.
- Yo no sé por qué me seguís dando pelota y esuchando estas cosas.
- Porque soy tu amiga, capaz.
- Sí, pero no lo hacés como una obligación, es como si lo disfrutaras a pesar de que siempre es lo mismo.
La otra la mira con algo de vergüenza, como si hubiera sido descubierta.
- Capaz porque está bueno lo que contás, no sé, historias que nunca son pero que vos vivís como lo más carnal y apasionado del mundo.
- No me queda otra...
- Tenés un amor en cada bar.
- Y vos uno en cada puerto, no te podés quejar...